Las imágenes nos hablan
27.04.07 @ 21:20:16. Archivado en Presentación

Me he puesto delante de esta imagen, he cerrado los ojos y con la imaginación he vuelto hacia atrás en mi vida. He parado en el preciso momento en el cual tuve que tomar decisiones y optar por algo concreto, dejando a un lado otras alternativas también válidas en mi vida pero que en aquel momento creí menos importantes.
Al inicio de nuestros primeros pasos como mujeres adultas se nos presentan distintos caminos; se nos hace preciso el reflexionar seriamente y decidir por cual de ellos optar. Para ello, las mujeres solemos seguir la inclinación del corazón; a veces sale bien, y otras no, aunque creo sinceramente que la intuición femenina se equivoca poco.
En mi caso, la opción de mi vida (mi camino) la tomé muy joven, casi en plena adolescencia, pero con la seguridad de que estaba haciendo algo que aunque no lo tuviera muy seguro, era lo que tenía que hacer. Tenía certezas suficientes como para arriesgar mi vida, dejando atrás muchas de las cosas que me gustaban, amistades que me querían, familia, trabajo, etc. Ví mi vida como un largo camino que tenía que andar. En ese camino sabía que me encontraría tramos llanos, subidas, bajadas, y alguna que otra piedra que tendría que saltar. Con el paso del tiempo he ido afianzándome y dando respuestas a esas incógnitas que han ido surgiendo en mi camino.
Pienso que aún después de escoger el camino que creemos es el verdadero, siempre nos quedan pequeñas dudas e interrogantes, pero ese es un riesgo que hay que correr. Lo importante es sentirse bien en donde una está y luchar por lo que creemos nos identifica como mujeres.
¿Por qué cuento esto? porque mi opción de vida como monja contemplativa no es una tontería, no es algo que se hace cuando no tienes "otra cosa mejor", es una elección muy seria que compromete muchas cosas, pero que se hace con mucho gusto cuando consideras que merece la pena entregar tu vida por una causa superior. Nuestro estilo de vida, además de realizarnos como mujeres enriquece muchísimo nuestro interior, y aunque parezca una paradoja también nuestras relaciones personales. Y ¿cómo, si estamos encerradas? La vida de una monja se enriquece, con la comunicación continúa que tiene cuando se encuentra consigo misma, cuando se da cuenta que está habitada por alguien más (ese MAS, que nosotras llamamos DIOS, JESUCRISTO, TRINIDAD ...) Esa presencia amorosa que invade, rodea, y sumerge todo nuestro ser. Es una experiencia que merece la pena probar.
Yo invito a tod@s los que desconocen esta vida que aunque sea por simple curiosidad se informen de lo que implica "ser monja hoy"; mucha gente critica con total desconocimiento a las monjas, bien por películas que han visto hechas con mala intención y que distorsionan la realidad, bien por comentarios que han oído por alguna mala experiencia vivida con alguna monja -sobre todo en colegios-. Repito, os invito a que antes de ser portadoras de una mala información, conozcáis la verdad, pero la verdad actual, es decir, no hablo de cómo eran las monjas "antes", sino de cómo somos ahora, (que no tiene nada que ver). Y deciros que no se puede generalizar, que si os topáis con una monja "con mala uva" -que las hay- no todas somos así. La condición humana no la dejamos en la puerta del convento, entramos con ella, con nuestros caracteres, más o menos raros, con nuestras costumbres, y con toda la carga social que cada generación lleva consigo. Lo importante al entrar en el convento, es el proceso de cambio y conversión que tenemos que ir haciendo para construir verdaderas comunidades donde se vida el amor, la amistad, la comprensión, y un sinfín de actitudes positivas que enriquecen la convivencia diaria.
Seguiré escribiendo y dando a conocer aspectos de la vida de las monjas (de mi vida), que la hagan más cercana y -si es posible- más querida a la sociedad actual.
Comentarios:
Un saludo y ánimo
Antonio
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Máriam Mudarra
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