Purgas Teológicas

¿Sólo basta la foto con Francisco?

12.07.18 | 18:44. Archivado en Francisco

El adagio popular reza que todos los caminos conducen a Roma y bastantes personas creen que en la ciudad eterna todo católico confirma su fe ante el sucesor de Pedro. Sin embargo, no siempre las cosas resultan tan simples. Aunque el juego de palabras no nombre con exactitud lo que acontece, parecería que un número no pequeño de creyentes desearían certificar sus creencias “ante” Ratzinger y no “con” Francisco. Pues bien, presento sumariamente algunas conclusiones de una corta investigación que hemos realizado junto con Pablo Rodríguez e Isidro Bravo, dos compañeros de estudio, con una población de 50 sacerdotes diocesanos latinoamericanos que estudian en Roma. El tema, sus reacciones al pontificado de Francisco.

Una información altamente mediatizada. Al inicio de la investigación suponíamos la cercanía con Francisco como un dato evidente por sí mismo, sin embargo, constatamos que el 90% de los entrevistados, a pesar de vivir en Roma y de estar conectados con los acontecimientos más importantes del Vaticano, no tienen contacto permanente con el magisterio ordinario del papa: “Vivo en Roma, pero eso no significa que escuche y vea al papa todos los días”, afirma un sacerdote, y otro añade, “No siempre nuestros estudios dan la oportunidad de leer todo lo que el papa dice”. De otra parte, aquello que muchos sacerdotes saben del papa lo obtienen de lo que observan en las redes sociales, preferentemente de Facebook y a través de los canales de información de sus países, no de los canales oficiales del Vaticano (su sitio de internet y L'Osservatore Romano) ni de los medios italianos. Incluso, algunos mencionan los nombres de portales y blogs conservadores. Como se puede ver, la información proviene de fuentes altamente mediatizadas, lo que permite tener un conocimiento general y vago aquello que el papa dice y hace. En ciertas ocasiones se trata de información manipulada, como el caso de las frases recortadas o puestas fuera de contexto. Muy pocos confrontan esta información con los discursos oficiales completos y fuentes fidedignas. ¿Hará falta en la formación sacerdotal además de la teología, una alfabetización básica sobre comunicación e internet?

A excepción de unos pocos que por motivos de sus estudios han tenido que investigar sobre la vida y obra de Bergoglio, cuarenta y dos sacerdotes manifiestan no conocer sus escritos ni tampoco los autores que se han dedicado a su pensamiento y formación. Esto contrasta con las obras de Wojtyła y Ratzinger con las cuales se cruzaron desde el tiempo de seminario.

Varias expresiones muestran que el mensaje de Francisco generalmente es reemplazado por un elemento de su personalidad: “es austero”, “es carismático”, “parece no gustarle tratar con los sacerdotes”, “siempre nos regaña”. En cuanto a los temas que provocan mayor interés están: el sacerdocio, el puesto de la mujer en la iglesia, la familia, la curia vaticana, la liturgia, los homosexuales. Los entrevistados expresan estar satisfechos con aquello que el papa hace y dice con referencia a la paz, la corrupción y el medio ambiente, sin embargo, cuando son interrogados sobre los temas anteriores se percibe en la mayoría un cierto nerviosismo. “No sé a qué se refiere el papa cuando habla de privilegios, es demasiado fuerte”, “Hoy ya no tenemos privilegios, no sé por qué el papa hace referencia a eso, además todos hacemos renuncias… mmm… no sé qué privilegios”, “la mujer tiene su puesto en la Iglesia, ya está”, “la ley natural es la ley natural, Bergoglio no está por encima de ella”. Cuarenta y dos sacerdotes fueron unánimes en afirmar que una situación que frecuénteme les incomoda es la dureza con la que el papa se refiere a los sacerdotes y los términos que utiliza, “Siempre dice que tenemos un virus, que estamos enfermos”, otro afirma: “debemos oler a oveja, qué significa eso, todavía no lo he comprendido… Creo que le hace falta saber cómo se deben decir las cosas”.

Un intento de clasificación. Sintetizando todas las respuestas, hemos establecido la siguiente tipología: 1) Rechazo, 38 sacerdotes reportaron no estar de acuerdo con el Papa, “El que tiene privilegios es él”, “tenemos una dignidad sacerdotal a la que no podemos renunciar”, “El Papa habla demasiado rápido, parece no querer a los sacerdotes, en este tema no se nota la misericordia”, “Sus errores proceden de su escasa formación teológica”. 2) Aceptación, 10 sacerdotes están de acuerdo con sus discursos, aunque precisan que “las formas utilizadas podrían ser otras”. 3) Indiferencia, 2 de ellos afirman que todos los papas dicen lo mismo de diversas maneras, esa es su obligación: “Ya pasará, siempre alguien nuevo llega queriendo arreglarlo todo, mmm, pero usted sabe, eso es imposible”.

Algunas explicaciones. La cantidad de sacerdotes seleccionados no presenta una gran variedad de orígenes sociales. La mayor parte de ellos vienen de familias pobres, procedentes de zonas rurales y ambientes tradicionales, en dónde la madre es ama de casa y el padre es quién trabaja. Sólo un 10 % afirma proceder de familias de clase media, con padres asalariados y residentes en un perímetro urbano. Esta realidad nos recuerda el trabajo de Pierre Bourdieu sobre los obispos franceses. Él categoriza a los obispos en herederos y oblatos, los primeros pertenecientes a altas clases sociales y con una mentalidad crítica y liberal, los oblatos en cambio tienen sus orígenes en ambientes rurales y obreros y expresan actitudes tradicionalistas y sumisas. Siguiendo el consejo de Bourdieu, de no sustancializar estas clasificaciones, podemos ver que quienes provienen de los sectores rurales y tradicionales se muestran críticos del actual pontífice, mientras los segundos muestran una mayor receptividad. El origen social sigue siendo importante porque da cuenta del tipo de educación y del capital social adquirido. Este factor sigue siendo el “principio determinante de otras propiedades” y tipologías.

Por otra parte, los cargos ocupados así como los años de ministerio no muestran diferencias significativas. Desde aquellos que han trabajado en ambientes rurales hasta los vinculados en seminarios y en la curia mantienen su posición de rechazo. La diferencia de acentos la dan en algunos casos los países o las diócesis de procedencia. Por ejemplo, Costa Rica, Colombia y Chile entre los más críticos; Guatemala, Brasil y Paraguay entre los más conciliadores. Obviamente, un registro pormenorizado de cada país podría mostrar detalles más relevantes.

Un elemento que podría explicar esta orientación es que las últimas generaciones de sacerdotes están profundamente influenciadas por las directrices y estilos formativos impuestos por Juan Pablo II y Benedicto XVI particularmente en los seminarios. Un modelo de iglesia restauracionista, es decir, una línea que busca la renovación de la vida eclesial afirmando la tradición. Es previsible que un paradigma diverso entre en pugna con la estructura asimilada durante los años de formación. Además, es sintomático que sólo entre los brasileños se escuchen los calificativos positivos de la teología de la liberación, el resto la ven con sorpresa y sospecha. Así, se expresa uno de los más adultos de esta población: “Los anteriores papas trabajaron tanto en la conservación de la doctrina de la Iglesia y la identidad sacerdotal, que escuchar a Fran cisco puede sonar a herejía…(risas), obviamente, el Papa no es un hereje, somos nosotros los que no soportamos que nuestras ideas se caigan”.

El tiempo de seminario refuerza el tradicionalismo que ya viene de las familias y parroquias y opera una homogenización al nivel de clases sociales. Hijos de campesinos o pequeños asalariados son promovidos en la escala social desde los primeros años de seminario. Siete u ocho años son suficientes para inyectar un modelo difícil de cambiar o poner a prueba durante el contacto pastoral o en los estudios de especialización en Roma en donde algunas facultades estimulan una orientación diversa a la del Papa. Así las cosas, para Francisco será muy duro llevar a cabo una reforma, es como si en tiempos de la guerra fría los oficiales de la CIA hubiesen querido reformar su agencia contratando agentes en operación de la KGB.

Los sacerdotes están destinados a reproducir el modelo que los ha producido en la familia y en los seminarios. Cada “agrupación social católica” produce los sacerdotes en función de su trayectoria y sus características. Es decir, que el sacerdote viene siendo como un producto ajustado a la demanda o tipología de los laicos. Aquel tiempo nombrado como la primavera eclesial produjo laicos y clérigos promotores de una gran reforma que se cristalizó en el Vaticano II, en otras palabras, las personas y las prácticas produjeron un paradigma renovador que ha terminado ahogándose gracias a la producción y reproducción de personas y prácticas deudoras del paradigma restaurador. Estas producciones no proceden de directivas administrativas o planificaciones racionales sino del reconocimiento de prácticas ya existentes y de “las divisiones reales del cuerpo y de la competencia de los conflictos que ella determina”. Hasta hoy tenemos un Papa reformador sin un campo y agentes que lo sostengan, o bien, algunos agentes que lo sostienen están fuera de su campo religioso.

A su vez, está la relación frecuente de la mayor parte de los sacerdotes con grupos católicos conservadores, con quienes han tenido contacto en su ministerio pastoral o en cuyo seno nació el llamado. "El cuerpo sacerdotal es un cuerpo dominado entre los dominantes, su dependencia de los laicos para validar su poder hace que el orden simbólico que sustenta, y a la vez lo sustenta, se subordine a las posibilidades que le deja la estructura del campo general del poder”. Finalmente, este cuerpo es hijo de la desregulación de la autoridad que viven todas las instituciones y que se amplifica en las redes gracias a la intervención de curas convertidos en youtubers, predicadores, opinadores y curadores online.

Una tarea para la reforma no sólo es la variación de las relaciones, las expresiones y el método, sino un cambio de estructuras y del campo del poder que sólo es posible en los tiempos de crisis, es decir, una intervención en la ordenación del cielo y la tierra construida por los grupos dominantes, una desacralización del orden social existente que se reproduce y perpetúa en las prácticas eclesiales. Así, el papa no sólo será querido para la foto y renegado en cuestiones eclesiales, sino requerido para la renovación que encarna.

Nota: Hice una breve encuesta con 40 sacerdotes colombianos que estudian en Roma. Sólo 9 inscribieron sus cédulas para votar en las últimas elecciones presidenciales. Todos, eso sí, opinaban de sus candidatos. Probablemente, ya en tierra colombiana dirán desde el púlpito a sus parroquianos que hay que ir a votar en las futuras elecciones.


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