LO QUE EL DEBATE MUNICIPAL DESNUDÓ SOBRE LA POLÍTICA PERUANA
18.09.10 @ 00:13:38. Archivado en Opinión
Escribe Manuel Cadenas Mujica
Si tuvo una virtud la exposición municipal de anoche (hablar de “polémica” o “debate” sería un hipérbaton) fue desnudar la triste realidad de la política peruana, de cara a las presidenciales del 2011. No solamente por la ausencia de ideas y la carencia de propuestas para los grandes temas de la metrópoli limeña, sino sobre todo por la falta de consistencia de los candidatos. Hasta los más trajinados en las lides políticas aparecieron descoloridos, sin calibre para un encargo que, después de la presidencia de la república, es sin duda el más alto en la escena pública nacional.
Nadie espera a estas alturas del siglo 21 oradores de prosa rotunda, prestidigitadores verbales al estilo del Haya de los años 30, el Belaúnde de los 60 o el García de los 80 (no éste que suena a falsete de tenor desgastado). La sustancia, el volumen de un aspirante a gobernar a diez millones de seres humanos, a decidir su destino mediato e inmediato, no se mide por la retórica del discurso, la capacidad de prometer quimeras más o menos creíbles, o menos aún por lo hábiles que quieran parecer al momento de sortear o enfrentar los ataques rivales. Algo que revela con gran nitidez la consistencia de un político es todo lo que comunica, de manera verbal y no verbal.
Se quiera o no, elegimos candidatos, no programas. Elegimos personas, no partidos. Votamos por un nombre y un hombre (o mujer). Aspiramos, por tanto, escoger a lo mejor entre lo mejor, lo más graneado. ¿Qué vimos anoche, en esta jornada convocada por Transparencia? Con toda seguridad, algunos destacarán medianamente en sus profesiones u ocupaciones, tendrán algún liderazgo en instituciones y organizaciones, poseerán títulos o credenciales diversos, pero su performance señala que no dan la talla para el sillón municipal de Lima.
No hay candidato para gobernar la capital. ¿Se podrá creer media palabra a quien solicitó –el destinatario fue, por supuesto, nosotros– meterse al poto el cargo edil y aparece después con la cara lavada, sonrisita irónica e impostación de firmeza y seguridad frente a las cámaras? ¿Se podrá confiar la ciudad acaso a quien se rodea de extremistas y se cuida finamente de no deslindar con ellos, a quien alardea de su caviarismo, pero asegura a las tribunas que “personalmente” dirigirá todas las políticas del municipio metropolitano, incluyendo la educación? El mensaje de las dos candidatas más fuertes a las municipales por Lima cae de maduro: el elector limeño es un pobre ingenuo capaz de tragarse todos los sapos.
Entre los inefables helicópteros de juguete, los sermones pastorales proponiendo como solución a los problemas de seguridad “el afecto” (¿se lanzarán ejércitos de salvación que den abracitos a la delincuencia organizada?) y los matrimonios de 50 años, las rondas urbanas al estilo de las rondas campesinas como si los ciudadanos no pagáramos impuestos para que nos protejan y otras propuestas igualmente peregrinas, traslució un déficit de verdadero liderazgo político, una anemia perniciosa de dimensión, un enanismo de horizontes, una trágica cortedad de vista que anuncia peligrosamente lo que podemos esperar para las presidenciales del próximo año.
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