SEDUCIDAS POR LOS GASTROSEXUALES
21.06.09 @ 08:21:37. Archivado en Vinos
Un sabroso estudio realizado en Londres confirma la existencia de una nueva tribu urbana compuesta por refinados hombres que saben conquistar por el estómago.
ESCRIBE MANUEL CADENAS MUJICA
Los metrosexuales, esa estirpe de varones enamorados de sí mismos y de su imagen, van cediendo terreno hoy ante una nueva generación de hombres cuyos atractivos no se concentran necesariamente en lo acicalado de la manicura ni en los afeites del rostro ni en lo prolijo del fashionismo, sino más bien en la poderosa e imantada fascinación de sus dotes culinarias y en la sapiencia y buen gusto para los deleites de la mesa. La novedosa fauna ha dado en llamarse los gastrosexuales.
Así lo consigna el diario español El Mundo, haciendo eco de un voluminoso estudio elaborado en Londres por Future Foundation, según el encargo de la empresa Pur Asia en vísperas del lanzamiento de un nuevo producto de comida asiática dirigido a “cocineros seguros de sí mismos”. El estudio buscaba identificar tendencias sobre hombres, comida y cocina.
Ya con las manos en la obra, la investigación rebasó los límites propuestos y se convirtió en un documento que, en treinta concentradas páginas, describen la irrupción de esta “tribu urbana” que se puede identificar bajo los siguientes patrones: hombres jóvenes de entre 25 y 44 años, profesionales liberales, estatus social elevado –porque la parafernalia del gusto gourmet demanda una inversión considerable en menaje, utensilios e insumos–, ambiciosos, apasionados e intensamente comprometidos en el arte de impresionar al prójimo.
¿Se sintió alguien tocado en el hombro con esta descripción? No hay que apresurarse, porque el estudio ahonda todavía más en este estilo varonil al que se le ha asociado la palabreja “sexual” debido a que, por un lado, suele ser un importante elemento de marketing incluirla, y a que –por otra parte– encuentra en verdad una asociación natural entre cocina y masculinidad que deriva en una forma de atracción hacia el género opuesto.
“Seductores con mandil”, titula El Mundo. “Son varones que dan rienda suelta a su creatividad entre pucheros y que emplean sus recetas como un arma más de seducción”, y mencionan el testimonio de cuatro gastrosexuales “confesos” que “detallan sin rubor cómo y por qué se identifican con esta nueva tribu urbana que enamora por el estómago”, explica la autora del reportaje, María Corisco.
Parece ella misma seducida por la idea. “No falta un ingrediente, ni en la mesa ni en el ambiente. La iluminación, la música, la vajilla minimalista… Todos los detalles están cuidados para servir de marco a un menú sofisticado, posiblemente trufado de guiños a otras cocinas, tal vez francesa, tal vez oriental. Cada vino, cada plato da pie a que el anfitrión se explaye, como quien no quiere la cosa, en un discurso acerca del origen de tal o cual ingrediente, o de la dificultad de encontrar el punto idóneo a la tempura, o del secreto para que la mousse alcance el grado óptimo de esponjosidad”.
Y prosigue, embelesada, demostrando que el arte de la seducción ha funcionado, ha entrado por el estómago. “Armado con una copa de champán e irresistiblemente tentador con su delantal de diseño ceñido al cuerpo, el cocinero ha desplegado sus dotes de seducción y se dispone a envolver con ellas a unos invitados que, impresionados por el despliegue, tal vez aún no sepan que han caído en las redes de un gastrosexual”.
Liberación masculina
La nueva etiqueta deriva, además, de un vínculo común: la mayoría son hombres solteros, separados y divorciados. Se podría creer, entonces, que la cocina les ha llegado como una imposición de las circunstancias, un ejercicio del noble oficio de la supervivencia. Pero no: los gastrosexuales superan esa hipótesis porque dan rienda suelta a su creatividad y convierten el fragor de ollas y sartenes en una estrategia de seducción.
Tales sofisticados caballeros, según el estudio, se preparan diariamente alguna de sus comidas, dedicando un promedio de 27 minutos a este menester, a diferencia de lo que ocurría en los últimos cincuenta años, en que los hombres apenas entraban al fogón unos cinco minutos. Recuérdese que antaño se bromeaba sobre aquellos machazos que no sabían hervir agua porque se les quemaba, o los que pensaban que los huevos fritos venían en sobrecitos listos para calentar.
La liberación femenina tuvo, entonces, su correlato en la otra orilla. Así como las mujeres se introdujeron en oficinas e industrias, en aquellos escenarios que antes fueron privativos del club de Tobi, también los hombres empuñaron el delantal y efectuaron la liberación masculina de la dictadura matriarcal. La diferencia estriba en que lo hicieron con un sentido mucho más lúdico, sensual y creativo, de manera tal que muchos se encumbraron en la cresta de la ola gastronómica mundial, en una gran revolución de los sentidos.
Sin embargo, este fenómeno tiene precedentes. Recuérdese que en los días de la Grecia alejandrina, la experimentación del paladar estuvo a cargo de varones adjuntos a la corte del gran conquistador, sibarita incorregible y hasta las últimas consecuencia, al extremo de –según consigna Guillermo Thorndike en Dionisos Nº 45– sucumbir a la existencia merced a una brutal indigestión tras jornadas pantagruélicas de varias semanas de duración, donde era posible regurgitar para seguir con la danza del vientre. También conviene recordar que gran parte de la tradición gastronómica europea fue conservada gracias a las órdenes monacales, monjes que custodiaron igual la fe que los placeres de la mesa. De ahí que se diga que alguien comió como obispo. ¿Y quiénes sino cocineros varones poblaron las cortes francesas y alemanas?
Pero este nuevo fenómeno ha rebasado los límites de la especialidad y se ha instalado en la vida cotidiana de toda una generación de varones. En el diario El Mundo opina Catalina García-Germán, profesora y coordinadora de la Escuela de Cocina Telva, en España, quien corrobora que cada vez más hombres acuden a recibir clases. “Si dejamos aparte a los que vienen en pareja, nos encontramos con dos tipos de hombres: los que se van a independizar y necesitan unas cuantas lecciones, y los que ya saben cocinar y buscan algo más elaborado. Estos últimos son verdaderos apasionados, los mejores alumnos”.
La pasión es el signo de estos hombres, dice García-Germán, en mucha mayor medida que en las féminas: “Ellos se interesan mucho más: practican en casa, ven los programas de cocina, recortan los coleccionables de los periódicos, se compran el último libro… Son muy aplicados y están mucho más abiertos. En cambio, la mujer pone menos interés. Son mucho más modernos que nosotras. Les da pereza lo de la vajilla inglesa y les importan menos los formalismos del bajoplato o el pañito de hilo para el platito del pan. Van al plato grande cuadrado y les encanta elegir para cada receta la presentación perfecta: su tacita, su jarrita… Les apasiona lo de presentar una crema en una copa de Martini, por ejemplo”.
Y este mismo deslumbramiento ante el menaje, dice el diario español, se produce con las recetas: “Si en un curso enseñas a hacer lentejas, la mujer se queda con la versión tradicional de las verduritas; si das la opción de hacerlas con un poco de foie a la plancha, el hombre se entusiasma. Ahí es donde le atrapas: en la pijería, en lo sofisticado, en lo sibarita”.
El perfil del gastrosexual
¿Ya están los gastrosexuales en el Perú? Baste echar un ojo al alumnado de los institutos que prepararan a los profesionales de la gastronomía y las bebidas, a la conformación de los staff de los restaurantes, a la asistencia a los eventos de maridajes y catas, y sobre todo a lo que están sucediendo en las casas peruanas, para entender que, definitivamente, están instalados no desde hoy, sino desde hace mucho tiempo, sólo que con el boom de la gastronomía recién han podido salir del closet culinario.
Para comprobarlo, hágase o haga el siguiente test a su entorno, pensando en algún candidato a insertarse en la categoría de gastrosexual:
1- ¿Le gusta impresionar, pide o espera ser reconocido por un plato bien hecho?
2. ¿Cocina para su círculo de amistades al menos una vez al mes?
3. ¿Coopera en casa, pero con estilo, aportando el toque de sabor?
4. ¿Con sus platos y presentaciones parece gritar al mundo lo moderno que es?
5. ¿Cocinar para él es una parte importante de su identidad y de su vida social?
6. ¿No le importa gastar lo que sea con tal de tener ese plato, esa copa, ese ingrediente que llega desde algún exclusivo lugar del Perú o del planeta?
7. ¿Se desvive por invitarlo a comer, a probar esa nueva preparación o ese nuevo cóctel?
8. ¿Aprecia los sabores como quien escucha música clásica y pone cara de Gastón Acurio cuando prueba una cucharada?
Si responde afirmativamente al menos a cuatro de estas preguntas, tenga por seguro que está usted ante un gastrosexual. Si lo ha hecho frente al espejo, siéntase orgulloso. Abraham García, uno de los más respetados chefs españoles, le ofrece además algunos consejos para redondear la faena de la seducción gastronómica. “Cocine platos sencillos que domine a la perfección y utilice siempre productos frescos y cotidianos que suelan gustar a la mayoría. Que la tamizada luz no perturbe la fragilidad del champán rosado. Súbanla un poquito, cuando llegue el chocolate. Y para terminar, no hay mejor música que una buena conversación. Déjenlas hablar”.
Y ellas hablan. Caterina Capurro, directora del Instituto del Vino y del Pisco de la Universidad de San Martín de Porras (Idvip), está convencida de que los hombres que saben cocinar y no dependen de una mujer resultan más interesantes, porque pueden consentir a sus parejas. “Es importante que sepan cocinar y no sean ‘desvalidos gastronómicos’. La cocina es inclusiva y también representa una forma de independencia”.
Andrea Bruno, sumiller argentina afincada en nuestro país, no se sorprende de este descubrimiento porque en su país también es frecuente que los hombres apliquen a la cocina. “Cuando comienzas la universidad, te sueles mudar de la casa de tus padres a muchos kilómetros de distancia y sin personal de servicio. Ahí tanto hombres como mujeres tuvimos que arreglárnoslas para cocinar, sin distinción de género. Pero en la generación de mis padres sí llamaba más la atención que los hombres cocinen, ya que las mujeres salieron a trabajar y conquistaron espacios tradicionalmente reservados a los hombres, pero no alcanzaron a compartir las obligaciones del hogar con sus parejas. En cambio, en las nuevas generaciones es natural compartir estas tareas”.
La seducción que ejercen los gastrosexuales es para ella inevitable. “Que cocinen especialmente para una es un mimo, y a todas nos seducen los engreimientos. Es un ritual que funciona. Definitivamente son situaciones que pueden formar parte de una conquista, y nos dan resultado tanto a mujeres como a hombres.
Hasta en las filas de Dionisos hay mujeres que sucumbieron ante las artes gastronómicas de sus pretendientes. Consuelo Fernández, diseñadora de la revista, confiesa ser una de ellas. “Entre otras cosas, Guido –ahora su esposo– me conquistó por su comida. Nadie cocina las pastas como él, no ha dejado de mimarme todos los días con sus platos. Se luce con su lasagna, porque lo hace todo: desde la pasta hasta las salsas, todo. Creo que ahora es un requisito indispensable para elegir a un hombre”.
Finalmente, la anécdota de Diana Matute, reconocida chef nacional radicada en Cusco. “La cocina es apasionante y toda persona que le gusta cocinar lo sabe, entras en un nivel de concentración tal (y sobre todo en los hombres) que es súper sexy. Debe ser porque te ignoran un poco, ¿no? Una vez estaba en la casa de mi novio en una reunión y como a las dos de la mañana me moría de hambre y no había ni un delivery a esa hora, así que a mi adorado amorcito se le ocurrió cocinar. El cocina muy bien, pero como te imaginarás a esa hora y con unos traguitos de más se le ocurrió hacer ¡lomo saltado! Picó cebollas, ají, ajos, etcétera, sacó pisco para flambear el lomo... Ufff, olía buenazo… aunque su paladar estaba un poco distorsionado por el trago y le echó más pisco de lo debido... El lomo saltado (lomito al jugo de pisco) emborrachaba más que los cócteles... Al final, cuando todos se fueron, obviamente la situación se puso romántica, pero no nos acordábamos que habíamos picado ají y la situación pasó a ponerse ¡verdaderamente picante!”.
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Manuel Cadenas Mujica
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