SUPERLATIVO SALENTEIN
18.06.09 @ 01:25:48. Archivado en Vinos
En marzo pasado estuve en el valle de Uco, en el fabuloso conjunto arquitectónico de bodegas, galerías de arte, cavas, posada y otros edificios diseñados no sólo para producir vinos de gran calidad enológica sino también para que la experiencia enoturística y cultural sea francamente inolvidable.
ESCRIBE MANUEL CADENAS MUJICA
¿Cuántas bodegas argentinas llegan todos los meses al mercado de los vinos peruanos? Tómese en cuenta que sólo en Mendoza, la oferta pasa las novecientas bodegas. De aquellas, muchas son apenas una marca. Otro tanto, pequeños “emprendimientos”, como le llaman, bodegas boutique de producción modesta pero en su mayor parte de calidad sobresaliente. Un gran grupo son también las bodegas tradicionales, medianas y grandes, dedicadas mayormente a la producción de vinos masivos, a los grandes volúmenes. También se tiene el importante segmento de las bodegas impulsadas por capitales extranjeros, joyas de la vitivinicultura (y también de la arquitectura), enfocadas principalmente –como las boutique– a la exportación, equilibrio de calidad y grandes volúmenes. Y, por último, están las bodegas de poderosas personalidades del mundo del vino como Paul Hobbs, Michel Rolland, Susana Balbo o Carlos Pulenta.
¿Y dónde se ubica Salentein, en ese concierto y en el nuestro?
Difícil ubicarla en alguno de esos segmentos, porque participa de todos y más. Está concentrada en los vinos de calidad, como si fuese una bodega boutique, aunque no es ajena a los grandes volúmenes, como las tradicionales. El capital que la ha hecho posible ha venido de Holanda y también se enfoca a la exportación. Es una joya de la vitivinicultura desarrollando importantes viñedos en Valle de Uco (Mendoza) y en San Juan, y una maravilla de la arquitectura. Y detrás de las barricas se ubican también grandes personalidades del vino, incluido el propio Paul Hobbs y el italiano Alberto Antonini, por ejemplo (alguna vez estuvo también el mismo Carlos Pulenta), quienes han aportado el estilo inconfundible de su enorme oferta premium. Por todas esas razones, no se trata de “una bodega más” que entra al mercado peruano de los vinos.
Perú es una vitrina
Pero hablar de Salentein rebasa los límites de lo que usualmente entendemos como bodega. Todo allí es superlativo, empezando del nombre: Salentein Family of Wines. La Familia de Vinos Salentein. Lo que nos da una idea del enorme conglomerado que constituye este proyecto. Andrés Abait, gerente de Exportaciones para América Latina, y Patricio Vásquez, gerente de Ventas, estuvieron en Lima para consumar un acuerdo con Química Suiza que permitiese tener los vinos de toda esa familia entre nosotros.
“Ellos serán los responsables de comercializar todos nuestros productos, de Bodega Salentein, Finca El Portillo y Bodegas Callia. Perú es un mercado estratégico para Argentina. Luego de Brasil y México, es el tercer país destino de las exportaciones argentinas en Latinoamérica. Lo consideramos fundamental para desplegar nuestra estrategia de cobertura en la región, para instalar nuestras marcas y para que nuestros productos sean conocidos por el consumidor latinoamericano, y en particular por el consumidor peruano, que actualmente está muy volcado hacia la cultura del vino”, explica Andrés.

Patricio añade: “A Perú se exportan ya casi siete millones de dólares en vinos de Argentina, un monto no menor, con una tasa de crecimiento muy alta, y además sabemos que Argentina está tomando mucha relevancia. Pero más allá del aspecto cuantitativo, en el cualitativo Perú tiene una importancia relacionada a la cultura gastronómica, no sólo a nivel local sino también internacional. Quien hoy visita a Perú se ve atraído por la gastronomía, por eso es una excelente vidriera para nuestros productos. El maridaje ideal de cualquier tipo de comida es el vino. En todos los lugares del mundo desarrollado se repite esa tendencia, por eso más allá de la cuestión cuantitativa, que no es poca, nos interesa por una cuestión cualitativa: en un país que le da mucha relevancia a la gastronomía, el vino es su natural acompañante”.
Lo que ha diferenciado a Salentein de otras bodegas argentinas es la apuesta que ha hecho por terruños que, en su momento, no significaban lo que hoy para la vitivinicultura argentina. Uno de ellos es el Valle de Uco. Salentein fue de los primeros que se instalaron allí y aún en la actualidad es un paisaje todavía no cubierto de viñedos como Luján de Cuyo o Vistalba, por ejemplo. Ocurrió lo propio con San Juan, ciudad al norte de Mendoza. Hoy ha adquirido una gran relevancia especialmente por la insistencia en la Syrah como su uva emblemática –mientras Malbec lo es de Mendoza–, pero cuando instalaron Bodegas Callia, aquello no estaba todavía en boga.
Pero además, Salentein tiene una apuesta por un estilo de vinos muy distintivo, estructurados, poderosos. “Nuestros diferenciales a la hora de competir son muy fuertes. Nos damos el lujo de ofrecer vinos de una calidad y personalidad muy distintiva respecto de otros productos argentinos. Todos nuestros procesos de elaboración son sumamente cuidados y estudiados, con el objetivo de ofrecer productos únicos y que no se encuentren en el mercado. Cada bodega tiene su equipo enológico (el enólogo de Bodega Salentein es Laureano Gómez) que trabaja en forma independiente, tratando de hacer los mejores vinos posibles en cada una de las bodegas. Pero también tenemos un asesoramiento externo, no para hacer los vinos, sino para perfeccionarlos y cada año mejorar la producción. Trabajamos con Alberto Antonini y Paul Hobbs. No es que elaboren nuestros vinos, sino que aportan toda su experiencia y conocimiento para los gustos, tendencias y nuevas técnicas que se aplican a la producción de vinos, para que nuestros enólogos puedan elaborar los mejores”.
Dionisos en Salentein
Pero antes de hablar sobre los vinos propiamente dichos, los representantes de Salentein se explayaron en uno de los proyectos más exitosos de la bodega, el llamado Killka, Espacio Salentein, una decidida apuesta por el enoturismo.
“El fanático del vino tiene la posibilidad de visitarnos, instalarse en el mundo Salentein, conociendo la bodega, degustando los productos, visitando un museo de arte en el Valle de Uco que se llama Killka, donde hay obras de artistas latinoamericanos, europeos, de distintas épocas, y pasar un momento muy agradable vinculado al vino, conociendo mucho más de la cultura del vino, pero también de la cultura en general.

En el Espacio Salentein hay un wine bar para degustar los productos, un restaurante con gastronomía muy autóctona donde se puede experimentar los maridajes típicos que sugiere nuestra cocina. Y completando se encuentra la posada Salentein, donde quienes desean pueden quedarse a dormir, realizar paseos por los viñedos, hacer cabalgatas hacia las fincas más cercanas a la cordillera, como la finca San Pablo, a mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar. Quien visita Salentein puede vivir una experiencia inolvidable y quedar marcado a fuego en el conocimiento y la cabeza de quien la construyó”, dibuja con palabras Andrés Abait.
Claro que sí, una cosa es escucharlo, otra vivirlo. Nosotros quisimos experimentar el Espacio Salentein y partimos rumbo a Mendoza, al Valle de Uco, para conocer lo que significa ese espacio. Se ubica a poco más de una hora de la ciudad, hacia el sur, sobre la ruta 89, cerca del Manzano Histórico, en el sector de Tununyán denominado Los Árboles porque, precisamente, uno es recibido por un espectáculo arbolado que cubre el camino con bucólicas reminiscencias. Sin embargo, al llegar a los predios de Salentein, se vivía una jornada típica en los días de la vendimia mendocina: el rally de las bodegas. Ninguna más espaciosa y propicia para albergar las decenas de flamantes autos de colección que recalaron en el Valle de Uco, como todos los años. El Espacio Salentein era una fiesta aquel día de marzo.
Lo que deja sin aliento es, sin duda, las dimensiones del lugar. El Espacio Salentein propiamente dicho, con su galería de arte, su sala de exhibiciones, su restaurante, todo dispuesto para una experiencia con la cultura con el fondo de la cordillera de los Andes. A la izquierda, un par de kilómetros más allá, se puede divisar la enormidad también de Wines By Bodega Salentein. Y atrás del Killka, Espacio Salentein, mimetizado con el entorno también –como todo el conjunto– según los celebrados conceptos de los arquitectos Eliana Bórmida y Mario Yanzón, se ubica la Bodega Salentein propiamente dicha, construida en forma de cruz para acortar el recorrido de uvas y vinos durante los procesos. Rodeada de 47 hectáreas de desierto autóctono, como un canto a la preservación de los espacios naturales, la Bodega Salentein posee varios niveles que convergen al centro en una suerte de anfiteatro griego de cualidades acústicas impresionantes.

En el primer nivel está la sala Primus con cubas de fermentación de roble francés bellamente dispuestas en añeja usanza, y los tanques de fermentación de acero inoxidable; en la segunda, ocho metros bajo tierra, construida con piedras de la zona y a temperatura de doce grados permanente, la sala de barricas con una capacidad de 5 mil. Todo funciona por gravedad, como antiguo. Al mismo nivel de las cavas se ubican las salas de degustación, una principal con una enorme mesa de travertino de San Juan construida con un bloque de dos toneladas. Los vinos los probamos en la sala contigua, más personal.
Completan el conjunto la Posada Salentein, ubicada en la Finca Las Pampas, un par de kilómetros al norte de la bodega Salentein, adonde también se acude a través de un camino arbolado y se disfruta de una atención esmerada; y la recuperada Capilla, frente al espacio Salentein, remodelación de una antigua estructura de adobe de reminiscencias andinas a la que se le ha dado un volumen arquitectónico en clave moderna, con gruesos muros que convocan la inercia térmica y que sirve tanto de centro religioso para la bodega como para la comunidad. Falta espacio para hablar de la opulenta Casa Salentein, ubicada en la propia ciudad de Mendoza. Ya habrá ocasión.
Los vinos hablan
Todo eso hay que verlo, hay que experimentarlo, como los vinos. Patricio Vásquez tiene en la punta de la lengua cada una de las líneas de vinos que estarán en el Perú. “Dentro de Salentein hay dos bodegas: Salentein propiamente dicha y Bodegas Callia, en San Juan. En Bodega Salentein tenemos una línea premium, ícono de la bodega: Salentein Primus, tres tintos y un blanco: Malbec, Merlot y Pinot Noir, y un Chardonnay. Estos vinos se hacen sólo cuando hay una cosecha excepcional. Si el enólogo no encuentra una partida extraordinaria, no avala la producción”.
¿Y eso ha ocurrido alguna vez?, la pregunta surge siempre, pero esta vez fue respondida rotundamente. “Sí, claro, el 2003 no se hizo Pinot Noir. Ha tenido alternancias, eso va sucediendo. Ese vino tiene un cuerpo muy fuerte, dieciséis a dieciocho meses en barricas de roble de segundo uso y un tiempo similar en botella. Tiene un potencial de diez a quince años de guarda en los que el vino va a estar bien, sin ningún problema”.

A la línea Primus sigue la línea Numina. “Es el primer blend de la bodega, corte de setenta por ciento Malbec y treinta por ciento Merlot. Ahí juega el enólogo para combinar las cualidades de estos dos tipos de uva y hacer un vino bien balanceado, con un potencial de guarda de diez años. Lleva catorce meses en barrica y un tiempo de guarda en botella antes de salir embarcado”. Los varietales vienen en la línea Salentein Reserve. “Ahí tienes Malbec, Cabernet, Merlot, Pinot Noir, Chardonnay, una línea fuertemente enfocada para maridar con buenos platos de comida. Tiene casi un año en barrica de roble, un tiempo en botella y un potencial de guarda de cinco a ocho años”.
Frente a Bodegas Salentein, dijimos, se ubica Wines By Bodega Salentein, una bodega que produce vinos más jóvenes, frutados, que reflejan directamente la uva. “Tenemos la línea Finca el Portillo, vinos para todos los días, sin madera, frutados, jóvenes. La idea es esa: demostrar y mostrar al consumidor todo el potencial de la uva, todo lo que representa la uva y el terroir de nuestras fincas”. Pero también están los vinos de ese cálido terroir que es San Juan. “Por el lado de Bodegas Callia, la línea ícono es Gran Callia, donde el varietal predominante es el Syrah pero es un cuatrivarietal: cuarenta por ciento Syrah y después, en partes iguales, Malbec, Merlot y Tannat. El Gran Callia se guarda más de un año en barrica de roble, se le da un tiempo importante en botella y tiene un potencial de guarda de alrededor de quince años. Es uno de los que más me gusta. Le sigue en prioridad el Callia Magna, una línea de vinos varietales. Uno es un corte de Malbec con Merlot, pero hay también Syrah, Tannat y Vognier, vinos poco más estructurados, que pasan de seis a ocho meses en barrica”,
Esa línea le ha dado varias satisfacciones. “El Callia Magna Syrah ganó dos veces consecutivas en Francia, ubicándose entre los diez mejores Syrah del Mundo el 2006 y 2007. El 2006 quedó cuarto, después de dos franceses. A esa línea le sigue Callia Alta, que también sigue la idea de la bodega de tener al Syrah como principal uva. Tenemos un Syrah varietal y después dos cortes con Cabernet y con Malbec, Tannat y Bonarda, además de un Chardonnay fresco, frutado, que en Argentina es líder en su categoría. Es un vino con un pequeño paso por barrica sólo para darle algo de estructura. La idea es que sea para los que empiezan a incorporarse al mundo del vino, vino de todos los días”.

Obviamente esperan que todos esos vinos se complementen bien con nuestra culinaria. “Queremos hacer un maridaje, estamos ansiosos, pero en esta primera etapa estamos enfocados en las tareas previas, preparándonos para un buen lanzamiento de nuestros vinos vinculados a la gastronomía peruana”. Esperaremos, entonces.
PUBLICADO ORIGINALMENTE EN DIONISOS Nº 73, JUNIO 2009
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Manuel Cadenas Mujica
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