Pura Letra

Noble Katerba ha muerto, ¡viva NK!

10.07.08 | 01:25. Archivado en Ensayos

La agrupación poética peruana más importante de los años 90 dejó de existir. Quedan en su lugar la amistad, los recuerdos de un sueño magnífico, la memoria de una propuesta trunca y el ánimo de algunos por perpetuar el nombre y seguir adelante en una segunda etapa.

Escribe Manuel Cadenas Mujica

Estrictamente hablando, la vida no tiene marcha atrás, aunque sí vaivenes y sinuosidades que nos hacen creer, a veces, en vanos espejismos. La nostalgia que nos gana la partida, que abusa de nuestra confianza desconfiada, desoidores consuetudinarios de las permanentes llamadas de alerta de eso que llaman realidad, así, con todas sus letras.
Hace un año apenas aparecía bajo el título Noble Katerba, persistencia vital, una antología postergada durante casi quince años, y se nos dio entonces la alucinada ventolera de hablar en presente acerca de un tiempo que se nos había ido entre las manos a raudales. Yo mismo consideré pertinente en aquellos días desasnar a algunos atrevidos que, con la falta de rigor habitual, insistían en considerar a Noble Katerba un apéndice de Hora Zero, cuando de una lectura medianamente cuidadosa de los textos y la trayectoria de NK salta a la vista sin ambages la distancia con tan respetable movimiento poético de los años setenta, sin ser con esto, tampoco, parricidas en ningún sentido.
Así había sido en los últimos años. Incluso, el año 2005, creí que hacía falta iluminar con algunos testimonios –seguramente muy personales y subjetivos– una época tan oscura como la segunda mitad de los años ochenta en lo que titulé “Antes que la noble katerba se juntase: Una prehistoria de los 90”, que bien hubiera podido consultar Carlos García antes de publicar un reciente artículo en su blog del diario El País (http://lacomunidad.elpais.com/benke/2008/6/11/neon-y-noble-katerba-dos-grupos-poeticos-peruanos-del-noventa), que adolece de algunas imprecisiones que entre varios NK y ex NK nos encargamos de señalar.
Sin embargo, no hay plazo que no se cumpla y el de Noble Katerba andaba con las horas contadas desde hacía década y media. Si en alguna cosa había que darle la razón a Carlos García era en aceptar que la agrupación poética peruana más importante de los años 90 “dejó de ser aquel grupo inicial hacia 1994, más o menos”. Y el sábado 30 de junio del 2008 fue esa, precisamente, la discusión central de una reunión que se había hecho esperar casi tres lustros. Noble Katerba, o lo que precariamente quedaba de él, debía saber qué había sido, finalmente, y si podía seguir siendo o no.
Los detalles queden para los fueros internos, con el mismo respeto fanático que nos tuvimos y tenemos desde los días en que empezamos aquella aventura literaria en la universidad Villarreal, de Lima, Perú. Estuvimos Johnny Barbieri, Iván Segura –aprovechando su visita, porque radica en Francia–, Gonzalo Málaga, Leoncio Luque, Pedro Perales y quien escribe. Faltaban, desde luego, Roxana Crisólogo, que no pudo llegar, aunque ella ha manifestado siempre haber permanecido en NK sólo hasta 1993; Alan Morales, de viaje en Ecuador; Teddy Panitz, radicado en Ica; Milagros Lazo; y otros que viven en el extranjero: Rodrigo Manrique (Argentina), Armando Agüero y Raquel Álvarez (España).
Mi punto de vista personal –que compartimos con Iván Segura y Gonzalo Málaga– fue muy claro sobre el devenir de Noble Katerba. Aquello que se inició en el año 1990 como un “frente” poético en que fusionaban entusiasmos tres grupos: Neo Babel (Barbieri, Luque, de Educación), Mural (Crisólogo, Panitz, Málaga, Álvarez, Agüero, Lazo, de Derecho) y Estigma (Morales, Manrique, Cadenas, también de Educación), y del solitario Pedro Perales (ex VoeMía), había perdido vigor hacia mediados de esa década, y al 2008, ha perdido total vigencia y razón de ser.
Las circunstancias adversas para los poetas –jóvenes por entonces– de la Villarreal (violencia, hostilidad y mediocridad cultural al interior de la universidad aprista; silencio mediático, prejuicios y exclusión en los espacios culturales, periodísticos y literarios dominados por estudiantes o egresados de universidades como la Católica o San Marcos), nos habían empujado a conformar Noble Katerba por sobre cualquier diferencia. Obsérvese bien el término: conformar, no fundar, porque la existencia de NK se hizo posible a través de un proceso, en el que primero surgieron los contactos personales y literarios, luego las conversaciones sobre la posibilidad de trabajar conjuntamente, más tarde el uso del nombre, después una serie de ocasiones (nunca perfectas ni completas) en las que participamos de recitales y eventos ya como colectivo, y finalmente el deseo de trabajar para la elaboración de una propuesta grupal.
Sin embargo, hemos creído que aquel proceso quedó trunco. Si bien por un lado se avanzó notoriamente en abrir espacios que rompieran la exclusión de los poetas de Villarreal de los circuitos literarios y culturales, no ocurrió lo propio en la elaboración de una propuesta grupal y la creación de un espacio para el diálogo poético hacia dentro y hacia afuera.
En ese aspecto, se avanzó apenas en la materia de lo que no se quería ser como grupo: ni parricidas (es decir, deseábamos una síntesis de la tradición poética peruana contemporánea, lo que nos distinguía plenamente de los grupos que nos antecedieron, incluido Hora Zero) ni escandalosos: por eso mismo se rechazó siempre la redacción de un manifiesto o cualquier documento que significase un simulacro de propuesta, no porque fuese repulsivo per se, sino porque la práctica común de los últimos veinte años había sido de continuos manifiestos insustanciales, producto de la afiebrada creación de algún iluminado del momento. Esa falta de seriedad, ese vedettismo, nos repelía.
No viene al caso saber por qué quedó trunca aquella propuesta. Lo cierto es que a mediados de la década pasada, la voluntad de generarla, de mantener abierto el diálogo hacia un nuevo norte poético, se desvaneció. Y desde entonces, lo que mantuvo en vigencia el nombre de Noble Katerba no fue precisamente una actividad como grupo en el sentido inicial, original.
Hoy, dieciocho años después de la aparición de NK, aquellas condiciones que dieron lugar a la formación de ese “frente” poético: el deseo de abrir un espacio para los poetas villarrealinos y de forjar una nueva propuesta estética en la poesía peruana con la mirada en el nuevo siglo que se avecinaba, se han extinguido. La mayoría ha seguido su propio derrotero literario y personal, en el que no cabe más la pertenencia a un colectivo de las características de lo que fue Noble Katerba a principios de los noventa. Ya no somos poetas jóvenes hace bastante tiempo, aunque la amistad perdure y se mantenga encendida a todo fuego la pasión por la poesía (aunque quede pendiente todavía una más exhaustiva indagación de lo que significó realmente NK y cuál fue verdaderamente el aporte de quienes, individual o grupalmente conformamos ese colectivo).
Por eso, varios de los presentes en aquella reunión, y de los ausentes también, hemos creído necesario dar cristiana sepultura a aquel sueño. Pasar la página, cerrar el círculo. NK ha muerto, ¡que viva NK!
Eso sí, no renegar, no abjurar de nada. Nadie nos quita lo bailado ni lo que se dejó de bailar. Tampoco el que nos haya tocado bailar, tal vez, con la hermana o con la más fea de la fiesta. Porque la amistad perdura, porque habrán reencuentros, seguramente publicaciones póstumas como aquella del 2007 (un amague al tiempo, la antología de ayer en tiempo presente, de los que fuimos, no de los que somos). Incluso, ya se ha anunciado, habrá quienes tal vez sigan llamándose NK con el consentimiento nuestro (Barbieri, Luque, Perales). Pero ya no será aquel Noble Katerba de principios de los noventa. Porque la vida no tiene marcha atrás, aunque sí vaivenes y sinuosidades que nos hacen creer, a veces, en vanos espejismos.


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