LA SANTIFICACIÓN DEL MRTA
25.04.08 @ 16:58:00. Archivado en Angulo Agudo
Los peruanos queremos declarar al ETA un movimiento beligerante, no terrorista. ¿Qué tal les caerá la noticia a nuestros amigos españoles? ¿Qué sentimientos producirá esta determinación en los deudos de las víctimas del 11-M? Si lo que nace es una masa incandescente de indignación, impotencia, rabia, desconcierto, desazón, no ha de sentirse solo el pueblo peninsular, porque sus pares peruanos, congéneres humanos con la misma constitución moral y emocional, con los mismos derechos y aspiraciones a una vida digna, a la paz, a la vida, comparten en estos momentos igual frustración mayúscula frente a la decisión del Parlamento Europeo de no incluir en su lista de movimientos terroristas al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, MRTA.
Sin embargo, nuestros hermanos españoles pueden respirar tranquilos porque aquella aceptación en sociedad del ETA no ha ocurrido ni ocurrirá, es apenas un ejercicio de homologación con ánimos pedagógicos. En cambio, no tenemos la misma suerte y consuelo en el Perú quienes sobrevivimos las dos décadas bajo el fuego del terror y nos levantamos por sobre los escombros de un país hundido en la desesperanza, pues nos toca revivir el dolor de los 25 mil muertos, los incontables desaparecidos, los millones de desplazados, huérfanos, mutilados, así como la destrucción de la infraestructura nacional, el agro y la industria y otros traumas sociales y económicos que dejó esa jornada siniestra a la que nos llevó el Partido Comunista Sendero Luminoso y su nefasta competencia, el MRTA.
La decisión del Parlamento Europeo demanda algunas reflexiones urgentes. La primera, que ni en el primer ni en el tercer mundo se consigue aprender las lecciones de la historia. No fue sino hasta el 11 de setiembre del 2001 que el gobierno de los Estados Unidos comprendió en carne propia las dimensiones del terror. Antes de ello, jamás se pronunció de manera rotunda en su contra, ni siquiera cuando veía desangrarse a un país tan vulnerable como el Perú bajo el fuego artero de la subversión armada. Recién entonces entendió que la defensa de las libertades ciudadanas no puede ser jamás coartada para dar cobijo y alimento al odio y la violencia, como ocurrió durante los años 80 y 90, cuando el sistema norteamericano permitía colectas y manifestaciones públicas a favor de las supuestas “guerrillas” peruanas.
La segunda, más bien de orden interior, una mirada al espejo nacional, porque si aquella decisión ha sido posible es porque una agrupación peruana llamada Aprodeh, autodenominada defensora de los derechos humanos (ya sabemos de cuáles y de quiénes) y liderada por un donnadie llamado Francisco Soberón, se tomó la libertad de recomendarla. De esta manera queda confirmada una sospecha a viva voz: la conciencia culposa de cierta izquierda socialista reciclada que no habiendo sido consecuente con sus presupuestos ideológicos al desistir de la lucha armada y tomar el cauce democrático, canalizó su angustia existencial trabando primero (congresos de la década de los ochentas) cualquier posibilidad de enfrentamiento del Estado contra el terror del SL o el MRTA y persiguiendo luego (década de los noventas hasta hoy) a los autores de la lucha antisubversiva, considerados todos, indistintamente “violadores de los derechos humanos” (reitero, ya sabemos de cuáles y de quiénes).
La expresión máxima de esta conciencia culposa fue, sin duda, el trabajo y el informe de la denominada “Comisión de la Verdad y de la Reconciliación Nacional”, integrada en su mayoría por esta izquierda socialista reciclada. Aunque haya cuidado minuciosamente las formas para no parecer condescendiente con el terror, la proyección real de dicho informe demanda al Estado peruano y a sus fuerzas armadas y policiales actos de contrición y penitencia como si haber defendido a la sociedad peruana de la subversión hubiese sido, per se, un acto vergonzoso. En otras palabras, la tinta se carga del lado del Estado y su aparato castrense y de seguridad. El resultado han sido las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que, influida por este tipo de organizaciones, ha fallado reiteradamente contra el Perú, demandándole incluso indemnizar a los terroristas y rendirles homenajes.
Tanto despropósito no puede ser gratuito. Se trata, en realidad, de un complot de estas izquierdas socialistas recicladas para calmar su conciencia culposa, de grupos que como Aprodeh necesitan, además, justificar las millonarias subvenciones que reciben por parte de gobiernos y fundaciones europeos. Y tan burda es la manipulación que pretenden ejercer sobre la opinión pública mientras se dedican a la vida cómoda que han sido bautizados por la prensa como la “izquierda caviar”, en alusión a su estilo de vida tan lejano de la idílica actividad que le suponen en Europa como adalides de la defensa de los derechos humanos (última reiteración, ya sabemos de cuáles y de quiénes).
Pero la mirada mundial no puede sustraerse de esta confabulación orquestada por quienes no se representan sino a sí mismos, porque ante sus ojos, a finales de 1997, los terroristas peruanos que ahora ya no son terroristas por obra y gracia del Parlamento Europeo exhibieron su desprecio por la vida humana, su mezquindad, su fanatismo cuando ingresaron a la casa del embajador japonés y tomaron en rehenes a casi un centenar de civiles, a quienes mantuvieron cautivos durante cuatro meses. ¿Luchaban contra alguna injusticia, demandaban la solución de alguna condición onerosa para los más pobres del Perú? No; únicamente exigían la liberación de sus militantes presos, autores de secuestros y asesinatos, y una serie de prebendas. Es decir, querían inmunidad e impunidad para seguir destruyendo un país que jamás se identificó con su alzamiento. Igual que Aprodeh, no representaban a nadie.
A esos terroristas se les barniza hoy de un manto de heroicidad, mientras que a los autores de la más impecable operación de rescate que se haya conocido en la historia, la Operación Chavín de Huántar, a los valerosos comandos que liberaron rehenes y derrotaron subversivos, se les persigue judicialmente, se les acosa en la prensa caviar, se les da un trato humillante sin acordarse de sus muertos y su sacrificio. La decisión del Parlamento Europeo no hace sino ahondar ese dolor, esa masa incandescente de indignación, impotencia, rabia, desconcierto, desazón que, estamos seguros, sentirían nuestros hermanos españoles si a alguien se le ocurriera el despropósito de declarar al ETA un movimiento beligerante, no terrorista.
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cuando hubo la protesta en lima contra las farc que hizo aprodeh...nada.
aprodeh recibe dinero del extranjero entonces estamos a merced de cualquier apoyo incondicional a quien ellos les interese.
en el perú ,la gente que no es terrorista, no tiene quien defienda ahora sus derechos humanos.
cuando hubo la protesta en lima contra las farc que hizo aprodeh...nada.
aprodeh recibe dinero del extranjero entonces estamos a merced de cualquier apoyo incondicional a quien ellos les interese.
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Manuel Cadenas Mujica
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