09.01.08 @ 04:15:09. Archivado en Narrativa
(CUENTO)
MANUEL CADENAS MUJICA
Tú la veías y caías en la cuenta de que nada en su vida era cierto. Te lo digo en serio. No; no es una fijación haber notado desde el primer día que esa sorpresa suprema frente a la supuesta extraordinaria nueva copa llegada al club, oh, maravilla no la tengo en mi colección, era más falsa que el home teather que sus amigos, todos bien colocados en altísimos cargos de importantes empresas transnacionales (el énfasis es suyo), le obsequiaron por la sola buena ventura de contarse entre su selecta compañía finisemanal. Yo no exagero, te lo pueden confesar ahora, con más libertad, todos los que trabajaban con ella. Y es que Betty, hay que decirlo, tenía la más inquietante vida nocturna, los viernes y sábados, que cualquiera pueda imaginar o preparar, aunque también es necesario aclarar, como ella insistía en hacerlo, que todo muy bien siempre y cuando se desenvuelva dentro de los cánones de la decencia y las buenas costumbres, porque estaban ante una verdadera se-ño-ri-ta, escúchenlo bien, se-ño-ri-ta.
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