LOS JACOBOS Y EL HERMANO DE JESÚS
21.08.07 @ 02:18:30. Archivado en Teología
El Nuevo Testamento registra el nombre de al menos tres personajes que reciben el nombre de Jacobo y que tienen alguna relación con Jesús, los apóstoles o la iglesia: Jacobo el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de Juan; Jacobo el Menor, hijo de María y Alfeo y hermano de Judas; y Jacobo el hermano de Jesús, hermano a su vez de Judas, autor de la epístola que lleva su nombre.
HIJO DEL TRUENO
El primero de ellos es, sin duda, el más fácilmente reconocible de los tres. Pescador galileo, junto a Juan fue apodado -o apellidado- por Jesús «Boanerges», esto es, «hijos del trueno», en alusión a su carácter explosivo (es memorable su pedido de hacer descender fuego del cielo contra una aldea samaritana que se había rehusado a recibir a Jesús). Fue asimismo uno de los primeros convocados al círculo de los doce discípulos.
Junto con Pedro y su hermano Juan, se convirtió en parte del grupo más íntimo de Jesucristo, aquel que participó de los momentos trascendentales: la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración y la última noche de oración del Maestro, cuando bebió la amarga copa.
Pero, según la profecía de Jesús en Mateo 10:39, él también tendría que beberla algún día. Y ese día llegó en el año 44 d.C., cuando fue mandado a matar a espada por Herodes Agripa, asesinato registrado en Hechos 12:2.
JACOBO EL MENOR
Al segundo, tal vez cueste más seguirle el rastro. Se le conoce habitualmente como Jacobo el Menor en probable alusión a su baja estatura (el término griego traduido como menor es mikros, que quiere decir «pequeño, de baja estatura») o a su juventud.
La tradición afirma que después de la dispersión de Jerusalén y de predicar en Palestina, Jacobo el menor llegó hasta Egipto, donDe fue crucificado.
Pero el que nos interesa en esta oportunidad sobremanera es Jacobo el tercero, quien hace su aparición en el libro de los Hechos y que es el motivo de este artículo.
EL HERMANO DEL SEÑOR
Uno de los momentos más sorprendentes en la vida de Jesús es aquel cuando su madre y sus hermanos deciden ir a hacerle una visita. No cabe duda que los oyentes del Maestro deben haber quedado pasmados por la respuesta que éste envía a sus familiares: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». No es que Jesús hubiera perdido la memoria: aprovechó la circunstancia para enseñar acerca del precio del discipulado.
Pero además de ello, Jesucristo conocía las intenciones con las que venían. Sabía perfectamente de su incredulidad: ellos, al igual que sus vecinos, se escandalizaban de él, estaban avergonzados de que anduviese por toda Galilea y Judea pretendiendo ser el Mesías.
A la luz de esta incredulidad cabe una posible interpretación de las palabras de María, su madre, a los servidores en las bodas de Caná: «Haced todo lo que él os dijere» podría ser en realidad «Por favor, no lo contradigan, síganle la corriente». Reforzaría este argumento el pasaje de Marcos 3:21, donde si «los suyos» son sus familiares, como parece, entonces sabemos que a Jesús sus familiares lo tenían por loco y temían que en cualquier momento pudiera sucederle algo.
Entre estos «suyos», se encontraba Jacobo, uno de los cuatro medio hermanos del Señor: Jacobo, José, Simón y Judas (Mateo 13:55). A él, como a sus hermanos y hermanas (cuyos nombres no se mencionan), se les hacía sumamente difícil aceptar la situación. Seguramente serían objeto del escarnio público. Esa actitud de fastidio frente a la «extraña» misión de su medio hermano se ve reflejada en Juan 7:5.
En adelante, no se mencionará más a la parentela del Señor (salvo la madre) sino hasta después de la resurrección. En Hechos 1:14 vemos que María y los hermanos de Jesús se unieron al grupo de los doce que esperaron la promesa del Espíritu Santo orando en el aposento alto. El pasaje de 1 Corintios 15:7 sugiere que fue ganado a la fe por la aparición de Jesucristo después de la resurrección.
En Hechos 12:17 encontramos una primera mención de su nombre como parte de los discípulos. Y tres capítulos después lo encontramos liderando la iglesia de Jerusalén en aquel memorable concilio que definió la situación de los creyentes de origen gentil frente a las pretensiones judaizantes. Una última mención suya ocurre también en Jerusalén cuando Pablo sube a la ciudad para estar presente en la fiesta de Pentecostés. Es él quien le sugiere que pague los votos de dos hermanos y quien subraya el cumplimiento de la ley por parte de los hermanos de origen judío. Según sugiere Pablo, Jacobo se encontraba casado con una hermana cristiana en aquel entonces (1 Corintios 9:5).
Hay que reconocer que los eruditos no se han puesto de acuerdo en identificar a este Jacobo con el hermano del Señor, pero la referencia que hace Pablo de él en Gálatas 1:19, señalándolo como apóstol, sumada a la autoría expresa de la epístolas de Santiago (Jacobo) y de Judas, su hermano, le dan peso al argumento. Además, algunos eruditos piensan que la epístola de Santiago (el griego Iakobos tomó la forma Iago en castellano antiguo, y al anteponérsele el título de santo, resultó Santiago) es el escrito más temprano del Nuevo Testamento y lo fechan en el 45 d.C. en función a que se menciona la sinagoga como lugar de reunión (2:2, en la Versión Moderna) y que parece escrita cuando la iglesia se movía todavía en el circuito del judaísmo. En todo caso, su sabor judío es innegable. Se trataría, pues, de una interpretación de la Ley del Antiguo Testamento y del Sermón del Monte: como Jesús, Jacobo utilizaba personajes del Antiguo Testamento y motivos de la naturaleza para ilustrar sus enseñanzas:
PERSONAJES DEL A. T. NATURALEZA
Abraham, 2:21 Sembras y cosechar, 3:8
Isaac, 2:21 Lluvias, 5:7
Rahab, 2: 25 Sequía, 5:17
Job, 5:11 Viento, 1:6
Elías, 5:17 Hierba y flor, 1:10-11
Fuego, 7:5
Fuente de agua, 3:11
Higos y aceitunas, 3:12
La evidencia externa también ha puesto su cuota para apoyar esta identificación. Eusebio (HE 7.19) afirma que el propio Señor lo nombró obispo de Jerusalén. Josefo aporta información sobre su martirio (Ant. 20.9), ocurrido después de la muerte de Festo (61 d.C.): en vista de las multitudinarias conversiones judías al cristianismo, y aprovechando el interregno político, el sumo sacerdote Anás lo apresó y trató de obligar a renunciar a Cristo como Mesías de Israel; como se negó, lo arrojó del pináculo del Templo y una vez caído, mandó apedrearlo hasta morir.
Hegesipo, cuya tradición es considerada legendaria, y Eusebio (HE 2.23) afirman que Jacobo era conocido entre sus compatriotas como «El Justo», a tenor de su piedad de corte judío; señalan incluso que tenía las rodillas callosas como las de un camello a causa de su vida de oración. Más tarde Jerónimo registra un fragmento del «Evangelio según los hebreos», apócrifo desaparecido del que también da cuenta Eusebio, que contiene una historia breve y seguramente no histórica sobre la aparición de Jesús resucitado a Jacobo, haciéndose eco de 1 Corintios 15:19.
Es interesante anotar, regresando a la evidencia interna y para concluir, que ni él ni su hermano Judas sacan a relucir jamás su parentesco con el Señor, sino que con rotunda humildad se declaran ambos siervos de Jesucristo.
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Manuel Cadenas Mujica
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