DESTRUCCIÓN EN LAS TIERRAS DEL PISCO II - Ochenta por ciento de bodegas y viñas afectadas
18.08.07 @ 00:56:10. Archivado en Pisco
Lo que se temía, ocurrió: la tragedia en el departamento de Ica, tras el terremoto
que el pasado jueves asoló la costa central del Perú, alcanzó también a la floreciente industria del pisco, que tal como anuncié ayer ha sufrido una destrucción que según los cálculos del presidente del Consejo Regulador del Pisco puede estimarse en un ochenta por ciento.
Escribe Manuel Cadenas Mujica
Fotos de Eric Dañino
"Es una tragedia, no se puede creer. Hemos conversado con varios productores y hay muchas, muchas bodegas que han sido severamente dañadas, que han perdido su producción, que se han caído. Yo diría que un ochenta por ciento de las bodegas han sido seriamente afectadas", la voz de Carlos Arturo Mejía, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Pisco, trasunta el dolor de quien ha llegado a la tierra que lo vio nacer y encuentra desolación y espanto.
Como registra la televisión, las calles de Ica, como las de Pisco, Chincha y --ya en Lima-- Cañete, son a la vez precaria morada a la intemperie, velatorio, centro cívico para recibir la todavía insuficiente ayuda social, hospital, sala de operaciones y cementerio, pues todavía se encuentran sepultadas, bajo los escombros, un número de víctimas imposible de precisar.
La industria vitivinícola de Ica y el sur de Lima no es ajena a este drama. Todo lo contrario, la mayor parte de sus productores ubican sus bodegas al lado de sus casas en los poblados más populares. Forman parte del todo urbano-rural que caracteriza al sur chico peruano. Como cualquier viandante, han sufrido poderosamente los estragos del sismo de 7,9 grados en la escala de Ritcher que ya tiene en su haber al menos 600 víctimas humanas, miles de heridos y damnificados.
Matías Grados hijo, de la bodega Cholo Matías, relata que en el preciso momento en que se producía el terremoto él se encontraba en su camioneta en la calle que da a la espalda de la iglesia del Señor de Luren. Vio cómo se caía el mundo, las casas, el templo, salir a la población corriendo despavorida, personas y autos aplastados por bloques enteros de paredes derrumbadas. Dos minutos y medio que quedarán grabados para siempre. "Mi pueblo está sufriendo mucho. Nosotros tenemos agua gracias a la cisterna, aunque en cualquier momento se acaba, pero aquí la gente está sufriendo hambre. Y se va a poner peor".
Inicialmente, el Consejo Regulador del Pisco tenía previsto hacer una visita de inspección a los productores este lunes 20, pero han decidido esperar a que la situación se estabilice un poco más. "Que nuestros hermanos puedan enterrar a sus muertos, que los heridos salgan de la situación de peligro, que la gente pueda tener un lugar dónde dormir, algo que comer. Después haremos el recuento de los daños. Pero desde ya te digo que han sido cuantiosos".
Carlos Arturo Mejía sabe de lo que habla porque en su propia bodega, la centenaria La Blanco, se han roto paredes y tanques de guarda del pisco. Pero lo que más ha sufrido ha sido su propia casa, que ha quedado prácticamente en ruinas. "Ha quedado en pie apenas el diez por ciento, el resto está o rajado o caído", relata con pesar.
Aunque no se pudo certificar la información propalada, porque las comunicaciones todavía se encuentran defectuosas, se asegura que ni la gran bodega Ocucaje, una de las más grandes productoras de piscos del país, libró de las fuerzas de la naturaleza. Se habrían caído algunas paredes y perdido al menos 50 mil litros de pisco de la cosecha de este año. Y en Chincha, ochenta kilómetros al norte de Ica, la situación de los productores pisqueros no es mejor. Según pudo conocer Cecilia Gonzales, hija de Juanita Martínez del pisco iqueño Tres Generaciones, a su amigo Ernesto Grimaldi se le habría venido la bodega abajo por completo. Grimaldi es una de las más importantes bodegas pisqueras de Chincha.
Junto a John Santa Cruz, Eric Dañino y José Calderón, estamos alistando un viaje a las zonas pisqueras del país para registrar los daños que haya sufrido esta actividad agroindustrial peruana, que suma al dolor de las víctimas humanas, al hambre, la sed, la desesperación, la tragedia de haber perdido tal vez irremediablemente un trabajo de muchas generaciones por preservar lo que para iqueños, pisqueños, chinchanos y cañetanos es más que una bebida alcólohica o una actividad económica: es su cultura, su forma de vida, su existencia misma.
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Manuel Cadenas Mujica
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