Conozcamos al Doctor Pisco
17.07.06 @ 21:15:28. Archivado en Angulo Agudo, Pisco
Conozcamos al DOCTOR PISCO
César Ángeles Caballero, la eminencia académica que dedicó gran parte de su trabajo intelectual a investigar, demostrar y defender la peruanidad de la palabra ‘pisco’
Escribe Manuel Cadenas Mujica
Fotos de Eric Dañino
Nunca se discutió la peruanidad del pisco. Siempre se dio por sentada. La discusión, engorrosa, mayormente árida y de propósito no muy bien definido, sobre si el pisco es peruano o no, es más bien reciente. Los chilenos aseguran que si ellos no hubieran industrializado y exportado su aguardiente en las proporciones en que lo hacen –y no hay modo de negarlo– es posible que nunca hubiésemos tenido la menor preocupación por ese género. Es posible.
Uno de los primeros –si no el primero– en poner sobre el tapete la polémica fue el doctor César Ángeles Caballero. En 1972 publicó un libro auroral sobre la materia: “Peruanidad del pisco”. Sin embargo, las batallas por la denominación de origen que ha sobrevenido entre ambos países luego de esta publicación no se han desarrollado en los territorios que planteó su autor, y hoy mismo, 34 años después, se desconocen sus tesis originales.
DNI del pisco
Ya está retirado de la docencia universitaria don César Ángeles, pero no del estudio y la investigación, su pasión de toda la vida. A tenor del título de este artículo, podría cualquiera esperar tener al frente de un enólogo o un eximio pisquero. Ha de encontrarse, sin embargo, a un académico refugiado más bien en mares de saberes que de aguardientes, de libros que de destilados. Su ubicación es una biblioteca pródiga, no un alambique.
Sin embargo, es el indiscutible “Doctor Pisco”, pues su erudición ha brindado los mejores argumentos para sentirnos más orgullosos que nunca de nuestro elíxir de plata. Doctor en Literatura y Periodismo, ex decano y ex rector fundador de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica, de la que es rector emérito hoy, tampoco es iqueño, como se podría esperar, sino ancashino. “De Caraz, dulzura; tal vez por eso soy diabético”, ríe con risa menuda, como quien ríe para adentro.
¿Cuál ha sido el aporte del Doctor Pisco a la cultura nacional? Todo empezó en 1969, ocho años después de llegar a Ica por primera vez, como decano de la facultad de Educación. Se había propuesto investigar todo lo que había representativo de Ica y empezó por la literatura. “Estoy escribiendo desde esos años la literatura peruana por departamentos”, explica. En búsqueda de bibliografía, se topó con la revista chilena Hechos Mundiales y vio en una falsa carátula una botella del aguardiente chileno que decía “Valle pisquero de Elqui”. Se indignó y se propuso investigar sobre la peruanidad del Pisco.
Pero su propuesta no iba por los caminos que se han tomado en la defensa peruana ante los organismos internacionales. “¿Y cómo debo hacer? Me pregunté. Muy simple: demostrando que la palabra ‘pisco’ es peruana”.
Hasta entonces no se había planteado ninguna polémica al respecto. Profesor del curso de Metodología de Investigación (es autor de un manual usado en todas las universidades desde hace mucho, sin reparar seguro en quién es el autor), hubo de plantearse la hipótesis del caso. “Así como el DNI a usted lo describe y le da identidad, el DNI del aguardiente peruano es la palabra pisco. Somos tontos los peruanos en querer pelearnos con Chile. Lo único que había que hacer era demostrar que la palabra pisco es peruana”.
Un tema lingüístico
No le interesó a César Ángeles indagar cuánto aguardiente peruano se producía en los días de la colonia o si en la ciudad de Pisco se produjo alguna vez pisco, ni si la zona de denominación de origen es demasiado extensa. Tampoco entró a majadería de comparar un aguardiente con otro buscando establecer calidades, siempre subjetivas. Redujo toda la discusión a un asunto netamente lingüístico. Y ciertamente en ese ámbito no había ni hay posibilidad de enmendarle la plana.
“Es un tema netamente lingüístico, lexicográfico (no enológico, nota del autor). La palabra quechua (o paracas) ‘pisco’ significa ‘avecita’. En la actual Pisco había muchas avecitas y los antiguos peruanos, como muchos pueblos, llamaban al lugar por su característica topográficas o geográficas, así como Lima viene de ‘rímac’ = río que habla. A los habitantes de esas zonas, que eran alfareros, se les llamó también ‘piscos’. En la colonia, a las botijas se les llamó ‘piscos’ y como en ellas se envasaba el aguardiente, también a éste se le llamó ‘pisco’. La palabra, además, es también un apellido: hay Piscoya, Pisconte. Es una palabra eminentemente peruana”, ha sintetizado su tesis al máximo.
“Si la Cancillería o el Gobierno peruano no se lo han planteado así es por ignorantes, porque no investigan. Si lo hubiesen planteado desde ese punto de vista, hubiéramos ganado la batalla hace tiempo. Si eso se hubiera hecho, internacionalmente nadie podía llamar ‘pisco’ a nada más. Comprobada la peruanidad de la palabra ‘pisco’, consecuentemente se hubiera aplicado al aguardiente de uva peruano, y no al revés. El argumento lingüístico es central, no accesorio. Soy un solitario defensor de este argumento”.
“Préstamos” intelectuales“Peruanidad del Pisco” apareció con esos argumentos muy bien planteados y documentados en 1972, bajo el sello editorial Nueva Educación. Se agotó de inmediato y se sucedieron ediciones cada dos años, al menos, hasta hoy, que ha editado bajo Editorial San Marcos una edición triple de sus obras “La Vendimia”, “Diccionario del Pisco” y el clásico “Peruanidad del Pisco”.
Pero el “solitario defensor de este argumento” ha sido no solo muy bien leído por la mayoría de autores que posteriormente han dado a luz obras acerca del aguardiente nacional, sino además –lo señala con justificable sinsabor– plagiado. Hablamos de plagio intelectual y literario cuando otros escritores desarrollan a pie juntillas las mismas ideas, cambiando apenas uno que otro vocablo, incluso remitiéndose a las mismas referencias de fuentes primarias, pero sin tener la delicadeza de mencionar de dónde las obtuvieron ni dando el crédito respectivo al investigador y/o autor, en este caso el “Doctor Pisco”, César Ángeles Caballero.
“Cuando hay citas no hay problema. Pero que sean escritos por historiadores que conocen la tecnología y la técnica de escribir un libro y ni siquiera tengan bibliografía, es el colmo. Todos los que me plagian esconden mi libro, ni siquiera me citan”. Da varios ejemplos, de los más conocidos y reputados autores, pero el lector sabrá comprender de quiénes se trata, no vale la pena mencionarlos.
Origen del pisco sour
Además de su tesis sobre la peruanidad del pisco, Ángeles Caballero ha recogido al menos cinco teorías acerca del pisco sour, todas en base a documentación, no a tradiciones. Quizás más verosímil sea aquella que coloca su origen en Pasco, no en Lima.
¿Qué hacía por allá el mágico cóctel, en tales alturas increíbles? Cuando investigaba para realizar su libro sobre la literatura de esa zona descubrió que a principios del siglo pasado existió allá un bar Morris, del norteamericano William Morris, quien preparó el primer pisco sour para satisfacer la demanda del whisky sour de sus paisanos trabajadores de la mina de Cerro de Pasco.
El “Doctor Pisco” señala que recién cuando Morris cierra ese bar en Pasco y lo reabre en la calle Boza, en el centro de Lima, con el mismo nombre, se instala el pisco sour en la capital. Pero bifurcado ingreso, puesto que sus barman en la sierra también “bajaron” y se instalaron nada menos que en el hotel Maury. Este dato se encuentra refrendado, señala, en la Literatura Peruana de Luis Alberto Sánchez, donde por primer vez se da partida de nacimiento al pisco sour en Pasco.
Con la misma técnica eminentemente lexicográfica, Ángeles Caballero ha emprendido la demostración de la peruanidad de la lúcuma y la chirimoya. A sus setenta y cinco años mantiene vivo el ánimo investigador y la perseverancia académica para continuar, además, su proyecto de cubrir la producción literaria de todos los departamentos del Perú. La obra completa de este autor llega ya a los 90 libros, de Literatura, Educación, Periodismo, y Folclor. “Lo único que me falta es que me hagan miembro de la Academia, pero no lo harán nunca por que hay mucha argolla”. Lo olvidábamos: el Doctor Pisco también mantiene intacto el ímpetu rebelde de su juventud.
((RECUADRO))
Dos anécdotas
del Doctor Pisco
“Le voy a contar dos anécdotas: me invitaron a una comida, yo ya era rector, y a la entrada me dijeron ‘este es el legítimo pisco’ y me dieron un vaso lleno. ‘Y usted delante de nosotros lo tiene que tomar’. Nunca había tomado pisco, así que me dije: ‘Bueno, que el Señor de Luren me ayudé’. Tomé y sentí algo, pero con una ensalada de pallares pasó el efecto. Pasó el tiempo y supe que en Ica hay una institución a la que llaman el FBI. ‘¿Conoce usted?’ me dijeron. ‘Claro’, respondí, ‘es el Federal Bureau of Investigation’. ‘Noooooooooo’, me corrigieron, ‘¡es la Federación de Borrachos Iqueños!, y queremos hacerlo socio’, porque soy Hijo Predilecto de Ica a pesar de ser ancashino. Me explicaron que iba a haber una ceremonia solemne, tipo masón, y tenía que tomar un vaso así de grande. Ah, no, les dije, prefiero no ser miembro. Tengo que trabajar, dar el ejemplo, soy rector de una universidad. Y me negué. Todos eran productores iqueños, de la sociedad alta iqueña de entonces”.
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