Las palabras esenciales
02.05.06 @ 22:31:35. Archivado en Opinión
El gran Sábato hablaba hace unos días de recuperar las grandes palabras, rescatarlas del manoseo feroz al que han sido sometidas. ¿Cuáles son estas voces esenciales que aguardan inquietas su redención? Las mismas de siempre, las que a lo largo de la historia de la humanidad agitaron las conciencias, movilizaron los espíritus, convocaron a la sangre y al músculo, encendieron bosques de esperanzas. Justicia, verdad, libertad, amor.
¿Por qué rescatarlas, si están allí, si aparentemente nunca se habrían ido? ¿Cuál ha sido, en todo caso, el manoseo sufrido en silencio? Si bien cada letra ha permanecido quieta en sus sílabas, la fonética de su alma ha sufrido y sufre todavía vejaciones indecibles. Grandes y hermosas, una de sus peores tragedias fue su secuestro a manos sectarias, la apropiación ilícita de quienes de buena fe o de mala espina cubrieron la propia desnudez con su resplandor. Y habría suficiente ya con este despropósito tan oportuno para sus detractores. Sin embargo, tal es el temor que despiertan a su sola mención, que les tenían preparadas aun mayores escarnios. Había que desprestigiarlas, inutilizarlas desvirtuando su naturaleza ante los ojos públicos: la justicia convertida en revancha y leguleyada; la verdad, en hueco artificio retórico; la libertad en intemperancia; el amor en hedonismo puro. Sólo faltaba el tiro de gracia, el jaque definitivo para hacer menos hombres a los hombres y condenarlos a una existencia inferior, abúlica, embotados los sentidos de comida chatarra para el cuerpo y para el espíritu, hechos unas dóciles bestias incapaces de distinguir la mano izquierda de la diestra. Esa era la consigna cuando desde su ancianidad maravillosa, su sacerdocio secular, el gran Sábato nos convoca a todos a redimirlas. ¿Seremos capaces todavía de desandar la ruta de la involución, dar brazadas hacia la orilla de la especie, presentarnos a la primera clarinada listos para la batalla, palabra sobre palabra? En esta humilde ventana se ha atendido su llamado sublime, hermano Sábato. Desde aquí rescataremos los vocablos esenciales, lo haremos con la voluntad del que graba a cincel sobre la roca. La justicia será para siempre justa, la verdad un rayo de luz inquebrantable, la libertad tan libre como las alas del viento, y el amor, el amor la pupila de un niño de pecho.
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Manuel Cadenas Mujica
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