Pura Letra

EPISTOLAS KATERBIANAS

02.05.06 | 23:09. Archivado en Ensayos

EPISTOLAS KATERBIANAS
De Manuel Cadenas a Iván Segura, definiciones y afirmaciones sobre Noble Katerba y el rol del poeta.*

Manuel Cadenas es mi hermano desde hace veinte años, amigos y amantes de la buena música, en especial del rock (español o inglés); a través de él conocí, al menos yo, la cultura musical, en especial de Sui Géneresis. Manuel siempre fue hombre de compromiso definido con la poesía y la política; en esta epístola que publicamos nos da un pincelazo agudo sobre lo que significa para él el rol del poeta dentro de la sociedad a Iván Segura, otro poeta de Noble Katerba, que actualmente reside en Francia. (Leoncio Luque)

Estimado Iván:
Sé de la buena onda que hay en tu pedido para no quitarme de NK. Sin embargo, creo que esa etapa ya se terminó y aunque pueda participar en la publicación, será en adelante como algo que ya fue, que ya se cumplió en el tiempo y el espacio. Gracias de todos modos, la amistad siempre prevalecerá por encima de cualquier otra consideración. De veras agradezco tu gesto, es de una generosidad que no creo merecer.
En cuanto a lo que fue NK, creo que tus preguntas son muy pertinentes y no han sido respondidas del todo por los que estuvimos o están en la aventura.
¿Tenemos un punto en común estético? En mi caso pienso que, como en la mayoría de lo que hemos hecho, el punto o los puntos en común se dan más como negación que como afirmación. Es decir, coincidíamos en lo que no queríamos: no buscábamos ser coloquiales, no nos interesaba el asunto social en el sentido ideológico, no asumíamos la creación como un asunto de iluminación o de trabajo exclusivamente, sino como ambas cosas, no pretendíamos mesianismos poéticos, no éramos parricidas, entre otras cosas. Eso que dices de la antidefinición se perfila también por ahí.
En mi caso, la definición va por lo que yo llamo "el rol profético", del poeta. Me explico: en la antigüedad, los profetas no eran los que predecían el futuro solamente. Los profetas hebreos, principalmente, se definían como tales como "portadores del mensaje divinamente inspirado". Estos mensajes eran social, religiosa, política, existencial y estéticamente relevantes, una integridad semiótica que además era ajena al reduccionismo cultual: por eso se convirtieron en los adversarios del establishment religioso encarnado por los sacerdotes.
Esa enorme carga semiótica del mensaje profético necesitaba, por tanto, un lenguaje que pudiera ser lo suficientemente abarcador como para hacerle justicia. En su caso, el lenguaje servía al mensaje, pero no tardó mucho en hacerse uno. El profeta era, además, un marginal, un ser que por la naturaleza de su oficio no podía transigir con el status quo, sino que se convertía en un elemento contracultural. De manera que el "falso profeta" y el "verdadero profeta" se definían por su fidelidad al mensaje divinamente inspirado, precisamente por el riesgo y costo que representaba sostener esa fidelidad.
Sostengo que el poeta ha heredado esa función histórica, sino es que más bien siempre la tuvó (no olvides que los poetas hebreos fueron todos grandes poetas en el sentido literario de la palabra, en cuanto a la expresión). Los profetas tenían algo relevante que decirle a los demás precisamente porque el mensaje estaba encarnado en ellos (ahí cabe la búsqueda interior de la que hablas, a través de la exploración). Eran uno con su mensaje, con su oráculo. La poesía no es más que el oráculo secular.
Sí creo que el poeta es un iluminado, pero no en función a una elección exógena, sino debido a una suma de factores que van desde lo genético, hasta la memoria colectiva y las experiencias primarias, así como los ritos de iniciación que suponen las lecturas primeras, en las cuáles se encuentra él mismo cifrado.
Por eso lo vez como sabiduría. Claro que hay sabiduría. El oráculo es sabio porque el profeta es un crisol de los tiempos, una voz que clama en el desierto. Por eso creo que NK asumió la función profética como una negación, porque entendió que no se circunscribía al mero hecho de la publicación o la participación en el mundillo literario, en la cofradía de las letras donde las motivaciones suelen ser subalternas y enanas, sino a la asumisión de un rol fundamental en la existencia. Por eso coincido con Sábato cuando dice que un escritor no es un artífice de la palabra, sino un gran hombre que escribe, y exhorta a cierto escritor: "da tu testimonio", y punto. Habría mucho más que decir al respecto.
En cuanto a si los procesos nacionales/mundiales impactaron nuestros procesos personales en relación a la poesía coincido en que no necesariamente si entendemos a la poesía sólo como el texto. Pero si lo entendemos como el rol que se manifiesta en el texto, creo que es inevitable que aquello ocurra a pesar de cualquier resistencia. Somos hijos de nuestro tiempo/espacio siempre. Lo podemos negar, pero esa negación será, precisamente, nuestro emparentamiento. "En todo caso podría hablar por mi mismo", ídem.
Yo tengo mi percepción acerca de la separación entre el "gran publico" y la poesía última. Me parece que no se trata de un desgaste del género, como algunos suponen, en su capacidad de comunicar a las mentes modernas. Creo más bien que se trata de una perversión del rol poético que se hace tanto más evidente en sociedades consumistas. No es un problema con la poesía, sino con los poetas. Sino, ¿por qué el éxito de la canción popular con letras de intención y factura claramente poéticas? El cantautor ha asumido su función con mayor fervor y menor ensimismamiento.
La poesía última se ha convertido en reducto bien de preciosismos tan banales como las novelas de caballería que leía el Quijote, bien de escupitajos con intenciones anárquicas pero demasiada pretensión y escaso trato con la palabra, el vehículo supremo. Con esa perversión del oficio, no es extraño que haya nadie o casi nadie sea estremecido por la poesía última. Si a ello se suma el pasmo arcaico que se vive en el mundillo literario frente a las nuevas formas de comunicación y producción, tenemos un conjunto de elementos que no ayudan demasiado a acercar la poesía a los grandes públicos. A mí, particularmente, me parecieron audaces y dignos de valorar los acercamientos que tuvo la generación del cincuenta con lo mediático, lo comunicacional. Más que la del 60 ó 70, la del cincuenta con Scorza, Naranjo, Rose, se acercaron por ejemplo a la canción y a la plástica.
Mejor aún lo que hicieron Calvo y Thorndike, cuando al alimón prepararon el texto de la obra con que Perú Negro ganó el Festival de Danzas en Buenos Aires, en los primeros años de los setenta. "Y la tierra se hizo nuestra", se llama ese texto, sería interesante encontrarlo. Lo que veo ahí es ruptura del fino cristal dentro del que los poetas suelen refugiarse, cual monjes medievales. Veo ahí evangelio de la cotidianidad, inserción en el mundo, poesía práctica. No nos creemos, eso es lo que pasa. Nos conformamos con el calor de los que están en el asunto, viernes en Quilca, lectura para cuatro gatos. No estamos encarnados en nuestro espacio/tiempo, sin que eso signifique coloquialidad o compromiso ideológico necesariamente. Si la poesía no es vida, estará muerta.
Hay mucho por conversar
Un abrazo
Manuel

Hablemos sin tapujo, es parte de las correspondencias que establecimos los integrantes de Noble Katerba en el lapso de noviembre y diciembre del 2004.


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