Ha dicho Manuel Portaceli, uno de los dos arquitectos que hicieron la restauración, que acatará la sentencia que obliga a revertir el Teatro Romano de Sagunto, si no hay más remedio. O sea, como si un reo, tras la sentencia condenatoria, le dijera al juez: si no hay más remedio, iré a la cárcel. Probablemente, el Señor Portaceli es un gran arquitecto, que en eso no voy a entrar. Pero como arquitecto debía saber que las obras que estaba haciendo en el Teatro eran ilegales.
Arquitectónica, cultural o funcionalmente, la intervención de Grassi y Portaceli en el Teatro Romano de Sagunto puede considerarse correcta, o como mínimo defendible. Desde el punto de vista legal la cuestión no admite dudas. Y aquí entramos en el campo que interesa. Si un ciudadano normal quebranta la ley y lo pillan, tiene que pechar con las consecuencias, a veces muy duras. Sin embargo, los políticos no se creen con la obligación de cumplir las leyes que ellos mismos ponen. Hablo en general porque en la cuestión del Teatro Romano han participado todos, por acción o por omisión.
El riu rau es una construcción destinada a resguardar de las inclemencias del tiempo a la uva durante el proceso de secado, para convertirla en pasa. Consta de una sola pieza, rectangular, en el que se mantiene el desnivel del firme, y cuya cara que da al este dispone de amplias arcadas, que permiten el rápido almacenamiento en caso de que el tiempo empeore rápidamente.
Sábado, 21 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vilagarcía na Rede
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
JUAN JULIO ALFAYA