El que sigue es uno de los comentarios que se han puesto a un artículo en el que se habla de monseñor Uriarte. Hay que recalcar lo de monseñor, puesto que significa que tiene el respaldo de la Iglesia Católica.
http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/0909090402-a-monsenor-uriarte-le-preocup
Ante la nueva encíclica del Papa ‘Caritas in veritate’ cabría decir aquello de ‘una cosa es predicar y la otra dar trigo’. En estos tiempos todo el mundo habla de la crisis, hasta el Banco de España lleva un tiempo haciendo unas inspecciones muy rigurosas y alertando sobre lo que puede pasar. Pero hubiera estado mucho mejor que estas cosas se dijeran antes de que estallara la crisis. Mucho antes.
El periódico Levante-EMV da noticia hoy de un libro de Jaume Barallat, ex sacerdote e historiador, titulado “Por qué matar a Juan Pablo I”. Según cuenta el periódico, Barallat dijo que los perdedores del Concilio Vaticano II se sentían muy inquietos ante lo que representaba el electo Papa. De sus investigaciones resulta que hubo una serie de acciones determinadas que tendían a un fin. No hay pruebas, pero a Barallat no le cabe ninguna duda de que fue un presunto asesinato. Como esto último va entrecomillado en el artículo periodístico, cabe pensar que lo dijo de este modo.
Llegó a España, sacada de contexto, la campaña atea. Por algunas ciudades circulan autobuses portando en sus flancos la leyenda “Probablemente, Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”. Aunque puede que le hayan quitado la coma. Lo del contexto no es ningún problema, puesto que en este nuestro solar se contextualiza de inmediato.
He leído muchas cosas acerca del vil asesinato de Ignacio Uría y la última de todas ha sido la homilía de monseñor Uriarte, que casualmente es la más tibia de todas, la que menos sentido tiene. La diferencia consiste en mientras los demás han dado sus propias opiniones, Uriarte ha hablado en nombre de la Iglesia.
Está previsto que en el próximo mes de enero los autobuses de Londres lleven la siguiente leyenda en los costados: There's probably no God. Now stop worrying and enjoy your life. No es necesario pedirle a Alejandro Font de Mora que nos lo traduzca, El Periódico, que es en donde yo he leído la noticia, ya lo hace: Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida. El Periódico completa la noticia con otro dato: El impulsor de la campaña ha solicitado donativos para llevarla a cabo y ha recaudado 100 000 euros en muy pocos días, quince veces más de lo que necesita.
Éste fue uno de los peores inventos del diablo. Vino a llenar de desconfianza, temor y falsedad a las familias. El Santo Tribunal daba un plazo de gracia de treinta días para que todos aquellos que se creyeran culpables confesaran sus culpas. Además, todos tenían la obligación de denunciar a quien fuera, familiar o no, en cuanto notaran algo sospechoso. Cuando se habla de denunciar a un familiar, no se trata de uno lejano, sino que podía ser el hijo o el padre, la esposa o la madre. La denuncia debía ser secreta y estaba prohibido avisar a la persona denunciada. El quebrantamiento de este mandato tenía un castigo tan grave como la misma herejía.
Mientras el hambre mata todos los días a un gran número de personas, y en la actualidad aún más, dada la crisis en la que está sumido el mundo, los Papas dedican sus esfuerzos a canonizarse unos a otros. Se ignora qué beneficios puede tener para la humanidad este detalle. Hace poco, este mismo Papa, Benedicto XVI, alertaba sobre la pérdida de influencia del cristianismo, pero no dio en pensar, pues no lo dijo, que ello debe ser tenido como un fracaso de las jerarquías eclesiásticas. Con sus actitudes, en lugar de atraer a la gente, la espantan. Los cardenales españoles siempre se están inmiscuyendo en la política, mientras las personas desesperadas por cualquier motivo tienen más tendencia a recurrir a El Pocero que a ellos.
Hay muchas personas sumamente inteligentes que afirman que no creen en Dios y hay otras igual de inteligentes que no tienen ningún empacho en proclamar su fe.
Muchos de los que no creen en Dios, sea cual sea su inteligencia, viven, no obstante, de acuerdo con unos principios éticos o código de conducta a los que tratan de ajustarse en la medida de sus fuerzas o aún más. Esto, sin duda, sería del gusto de Dios, si realmente existiera y no parece muy descabellado pensar que quizá no le importe demasiado que no tengan fe o que los códigos por los que se rigen no sean perfectos.
Viene un ser humano al mundo y mira a las estrellas y aún absorto por la inmensidad del Universo, todavía tratando de averiguar cómo puede encajar su pequeñez ante tanta grandiosidad, maravillado al descubrir tanta belleza, comienza a recibir presiones, normas, consignas, amenazas. Pronto comprueba, que si las desatiende, comienzan a cerrársele puertas, que no es probable que se vuelvan a abrir jamás. Le proscriben y le maldicen. Y se queda solo y desnudo, por defender su libertad. De modo que ya sabe que quienes le han puesto en esa situación, no le quieren. Tal vez, dé las gracias al Cielo por haberle aclarado las cosas con tanta rapidez.
1. Las violaciones bioéticas, como la anticoncepción.
2. Los experimentos moralmente dudosos, como la investigación en células madre.
3. La drogadicción.
4. Contaminar el medio ambiente.
5. Contribuir a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres.
6. La riqueza excesiva.
7. Generar pobreza.
Han salido publicados en L’Osservatore Romano los nuevos pecados sociales, que son los que anteceden. Al repasarlos se tiene la impresión de que el Vaticano se ha metido, o está a punto de meterse, en un berenjenal. Decir, por ejemplo, que contaminar el medio ambiente es pecado es abusivo. ¿Quién no contamina el medio ambiente? Hay un grado a partir del cual sí lo es, pero ese grado depende de cada persona o situación. Conviene distinguir entre cuando se hace por necesidad o cuando es fruto del egoísmo.
Benedicto XVI ha recuperado el infierno, lo que a simple vista no parece muy sano. El temor nunca conduce a nada bueno. El ser humano, a su nacimiento, tiene ante sí unos horizontes grandiosos. No se trata de hermosas palabras, sino de una constatación. En la historia hay muchos ejemplos que lo demuestran. La libertad con la que nace el ser humano, o que le ha sido conferida a su nacimiento, es imprescindible para ir en busca de esos horizontes. Es evidente que quien se lastra con ambiciones o actitudes mezquinas no puede volar muy alto. Por tanto, más que dar miedo, lo que parece conveniente es infundir valor. Por otro lado, no parece probable que Dios, en el caso de exista, sea capricho y premie a quienes le hayan hecho la pelota.
Sábado, 21 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vilagarcía na Rede
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
JUAN JULIO ALFAYA