Ahora que hablar de corrupción está a la orden del día es buena ocasión para recordar que el adoctrinamiento de los niños es una de las peores clases de corrupción, si no la peor de todas. Secuestrar el pensamiento de los niños, para que vaya únicamente en la dirección señalada es una atrocidad comparable con cualquier otra. La experiencia demuestra que pocos de esos niños cuando lleguen a la edad adulta se atreverán a salir de la cárcel mental a la que fueron conducidos.
En el día de hoy, Día mundial de los docentes, el presidente del gobierno ha publicado en El País una Carta abierta a los maestros.
Habría que comenzar diciendo que la profesión de maestro es la más difícil y al mismo tiempo más bonita de todas, y la que más responsabilidad entraña. Es decir, habida cuenta de que a todos nos interesa que los maestros desempeñen su labor en paz y armonía, por el bien de nuestros hijos del país en general, no parece que las cosas vayan por ese camino.
Es sabido que al pío presidente de los valencianos le gusta meditar bien las cosas, o sea, utilizar el cerebro. (Sería bueno que es gusto por la inteligencia le llevara a preocuparse por la gente con talento. Detectar a los superdotados en los colegios y hacerles un seguimiento para que no se malogren, sería una buena medida. No vale decir ¿no son tan listos?, pues que se arreglen. Tampoco es de esperar que se deje vencer por la envidia, puesto que, como es sabido, ese fue el motivo por el que Caín mató a Abel.)
Son muchas las personas susceptibles de ser excluidas o marginadas por múltiples motivos. Este hecho que entre los animales es inevitable, debería ser cuidadosamente evitado entre los humanos, dado que rebaja la condición humana al permitir que afloren conductas negativas. Pese a ello, entre los humanos se da mucho más que entre los animales, ya que lo que en éstos es una acción instintiva, en aquéllos surge del deseo de hacer daño. Quien ha fracasado en la vida desea vengarse y elige como objeto de su furia a los más indefensos. Conviene aclarar que fracasa quien no sabe mantener su dignidad. Fracasa ante sí mismo, obviamente, lo sabe en su fuero interno, aunque luzca sonrisa esplendorosa y aparezca ante los demás como un triunfador, por haberse encumbrado en la escala social. Es decir, todo acosador es un fracasado desde el punto de vista de la dignidad, puesto que demuestra que no tiene.
Cada idioma representa una forma distinta de ver el mundo. Deberíamos procurar salvarlos todos, y mimarlos y protegerlos para que no se desvirtúen. Desgraciadamente, en estos tiempos que corren no resulta políticamente correcto defender al castellano ni al valenciano. Cada uno de ellos sufre agresiones de distinto tipo, pero en ambos casos inaceptables. Los idiomas no hacen daño a nadie, sirven para la comunicación y, como es sabido y he dicho antes, cada uno de ellos indica un modo distinto de ver las cosas.
Hablando de la educación, Eduardo Punset ha escrito el texto que figura a continuación:
"Si lo que prevalece en la educación son los intereses del educador que pretende conseguir un ciudadano agradable y dócil, proceden las acusaciones de lavado de cerebro. Lo opuesto a educar de esa forma sería inculcar en el alumno el pensamiento crítico, ayudarlo a pensar por sí mismo e, inevitablemente, a ser un poco escéptico. Los mejores sistemas educativos, como el británico, utilizan esa fórmula. Yo la prefiero a otros modelos menos críticos."
Sábado, 21 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Vilagarcía na Rede
José Luis Palomera Ruiz
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
JUAN JULIO ALFAYA