Dijo Alfonso Guerra en su día que él cocinaba los platos y Felipe González los servía. De nuevo se ha metido en la cocina, a explicar las bondades de la Constitución de 1978, a la que tanto contribuyó él. Lo ha hecho en un artículo titulado ‘Es el momento’, publicado en la revista Tiempo. Olvida decir el presunto estadista, porque probablemente no se ha dado cuenta, que lo mejor de la Constitución fue el espíritu de consenso que le imbuyó Adolfo Suárez, el tahúr del Mississippi, según él.
Un columnista valenciano, que falleció hace algún tiempo, escribió que “to be or not to be” debía traducirse por “estar o no estar”. Él era Doctor en Filosofía y había sido profesor de una universidad de Estados Unidos, por lo que no puede entenderse que hablara a la ligera. Acaso esta afirmación suya, más que para otra cosa, sirviera para definirlo a él. Cabe pensar que lo que le interesaba era estar. Su inmenso caudal de conocimientos bien pudo obedecer a ese fin. Ser una enciclopedia andante es un modo de estar. Tras su muerte, Rafa Marí, que lo había tratado mucho, escribió que le gustaba enormemente debatir y vencer y ver como se marcaba en la derrota en el gesto de su oponente. Vencer, apabullar al rival dialéctico, es otro modo de estar.
Artículo 47
Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.
Los intentos para abaratar la vivienda y ponerla al alcance de todos los bolsillos, vienen fracasando. No hace más que subir y el único modo en que muchos pueden acceder a ella consiste en alargar exageradamente el plazo para pagarla y destinar gran parte de los ingresos familiares a este menester. Se han estudiado ampliamente los motivos por los que el precio de la vivienda ha subido tan desmesuradamente.
No pude seguir el debate, como hubiera sido mi gusto. Después de comer, además, tuve que salir a la calle para resolver algunas cuestiones. A media tarde, entré en un bar para tomar café. Si ya hubiera estado en vigor la ley de prevención de tabaquismo, hubiera elegido un bar para fumadores, aunque hace tiempo que no soy fumador. En el bar me encuentro con Juan de la Oliva, que devoraba un bocadillo de bacalao, con pimiento morrón y aceitunas sin hueso.
Una de las cuestiones que surgen cíclicamente es el de la reforma constitucional. Y no faltan motivos para ello puesto que nuestra Constitución, como todo, es perfectible y no sólo éso, sino que la experiencia debería servirnos para pulir algunos detalles, que en su momento no se pudieron calibrar debidamente.
Miércoles, 25 de noviembre
Jorge Moragas
Juan Fernandez Krohn
Rufino Soriano Tena
Angel Escuredo
Vilagarcía na Rede
Francisco Rubiales
JUAN JULIO ALFAYA
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val