En España, dado que la atención sanitaria alcanza a todos, la actitud ante cualquier tipo de epidemia o pandemia, en ciernes o ya declarada, debería ser de relativa calma. El sistema sanitario debería ser el punto de referencia y la ciudadanía debería limitarse a seguir sus instrucciones. Este modo de ver las cosas sería lo mejor para todos, puesto que permitiría un tratamiento eficiente, con el menor coste posible en todos aspectos.
La carta destacada de hoy de El Periódico es una titulada ‘Las enfermedades invisibles y olvidadas’, en la que se refiere concretamente al síndrome de fatiga crónica, sobre la que dice que la ciencia ya ha proporcionado avances que no deberían ser olvidadas por las autoridades sanitarias. Lo cierto es que las enfermedades que afectan a poca gente no tienen más interés que el humano.
Si los seres humanos lleváramos incorporado un dispositivo mediante el cual quien incurriera en una negligencia recibiera una descarga eléctrica, ocurrirían dos cosas. La primera es que todos seríamos más tolerantes; y la segunda es que el mundo funcionaría mejor. Ahora bien, ni siquiera ese dispositivo evitaría que todos cometiéramos alguna negligencia de vez en cuando.
Según Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, ‘lo que más miedo da a los jóvenes es sentirse marginado por su grupo’, y para evitarlo muchos consumen droga. Esas son las consecuencias de invertir el orden de las cosas, cuestión a la que no es ajena la clase política, o al menos buena parte de ella.
Son muchos los socialistas que discrepan de la nueva ley de aborto que pretende imponer el gobierno, con el respaldo de algunos grupos que se prestan a ello, según una información que publica hoy el diario La Vanguardia. Es decir, una joven menor de edad, sea cual sea su grado de madurez, podrá abortar sin informar ni pedir permiso a nadie. No obstante, Zapatero sabe que incluso tratándose de una ley tan polémica como esta, ningún diputado socialista se atreverá a votar en contra.
En España se atiende a cualquiera que se presente en un centro médico de salud de titularidad pública. Hay medicamentos más que suficientes para atender todos los casos que se presenten. La red sanitaria española permite que se distribuyan rápidamente las pautas para detectar y tratar la enfermedad de inmediato. No hay motivo de alarma, pues, por ahora.
El cirujano Pedro Cavadas, que tiene previsto realizar un trasplante de cara el próximo año, ha dicho en una entrevista que publica el diario El País, que no tener cara significa no estar. Más adelante, en otra pregunta, explica que una cosa es ser y otra estar. Se evidencia, por otra parte, en la entrevista, que el trasplante facial es el que más problemas plantea, puesto que en esta época de la imagen que vivimos, es muy frecuente asociar el ser con el estar.
Una discoteca de Valencia sortea una operación quirúrgica, como quien rifa un patinete. Al parecer, la cuestión ha llegado a oídos del ministro Soria, que se dispone a tomar cartas en el asunto. Veremos en qué queda la cosa. Pero aunque la propuesta de la discoteca sea descabellada, no hay que echarle toda la culpa. Hace años, ya se dio en la prensa valenciana la noticia de que unos padres habían premiado a su hija con una operación de estas, por haber aprobado el curso.
La Consejería de Sanidad valenciana se dispone a pagar más, el próximo año, a los médicos que receten menos y receten medicamentos más baratos. Paralelamente, el cardenal de Valencia, ha publicado hoy un artículo en el que empieza tratando de justificar lo injustificable- pues las palabras tienen su propia fuerza y cuando se intenta reforzar ésta ocurre lo contrario-, para empecinarse luego en el error -lo que no da idea de humildad precisamente-, sigue luego con afirmaciones gratuitas -puesto que no las explica: lo que es bueno para la humanidad, es bueno para el hombre, cabría responderle, salvo que se trate de una manipulación-, y alude a continuación a la dignidad humana.
Tengo un amigo que consiguió salir de un paraíso comunista e instalarse en España. En el “paraíso” tenía un gran futuro como científico y mientras preparaba la fuga pensaba que su situación en España sería la misma, sólo que estaría en un país libre. Poco tardó en darse cuenta de que las cosas no iban a ser así, pero se hizo el ánimo y trató de salir adelante del modo que pudiera. Tenía fe en sus posibilidades. Supo entonces de una asociación en la que pensó que encontraría gente de sus características y se afilió, con el fin de hacer amigos.
Elvira Roda es una valenciana a la que ha sorprendido una enfermedad rara. La sanidad española no sabe tratar esa enfermedad, por lo que tuvo que desplazarse al Centro de Salud Ambiental de Dallas, de Estados Unidos, único lugar en el que se trata esa enfermedad.
La sanidad española tiene la vocación de atender a todos y por tanto debe cuidar de Elvira Roda. Sus padres y ella misma, por otra parte, han cotizado a la Seguridad Social durante mucho tiempo. Si la sanidad española no sabe tratar la enfermedad de un ciudadano, debería correr con los gastos del tratamiento en otro lugar que sí supiera, en el caso de que existiese.
Lo que espera el ciudadano que paga sus impuestos es que los políticos hagan su trabajo y que, en el caso concreto del consumo, que ciertos productos no lleguen al mercado. Por lo menos, en aquellos casos en que es posible evitarlo. No ha ocurrido así en el caso que se ha desatado últimamente con el aceite de girasol.
Domingo, 22 de noviembre
Paco Sande
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz