Se dice que firmar una hipoteca es un acto voluntario y que a nadie le obligan a que lo haga. Eludir las responsabilidades es así de fácil. Ya no interesa recordar que con la crisis encima, ya de modo palpable, los ayuntamientos, las consejerías de Urbanismo, el ministerio de la Vivienda, incitaban a comprar.
Por supuesto que también lo hacían los promotores, sobre todo los llegados a última hora al negocio de la construcción, y también lo hacían los bancos y las cajas. Han pasado a la historia aquellos folletos que se remitían masivamente a los particulares ofreciendo créditos y préstamos para todo. Lo ponían tan fácil que parecía de tontos no aceptarlos para salir de vacaciones, para comprar electrodomésticos o un automóvil o lo que fuera. Lo ponían tan fácil que picaron muchos. Las entidades financieras no tienen el porqué preocuparse por sus clientes, su cometido consiste en obtener suficientes garantías para el préstamo. Si en el momento de estudiar el préstamo se dan cuenta de que es azaroso para el cliente, eso no les preocupa.
Quienes quieren conseguir algo del público, políticos, vendedores, etc., suelen manipular el mundo emocional de sus posibles clientes. Intentan atraerles con toda clase de tentaciones difíciles de resistir, pero una vez firmado el contrato el mundo emocional queda a un lado y a partir de este momento todo se plantea ya de forma racional.
Muchos de quienes hicieron cuentas en aquellos momentos olvidaron varios factores, como que los tipos de interés podían subir mucho más de lo que ellos podían soportar, que podían perder su empleo (que en ese momento veían seguro), o que los precios de las viviendas podían bajar, entre otros. Las entidades financieras, los políticos y los constructores tampoco tuvieron en cuenta que se estaban pasando de la raya. Y eso que estos últimos disponen de asesores de todo tipo. Unos han ido a la crisis porque querían, porque el negocio les parecía muy bueno y otros fueron arrastrados, seducidos por los cantos de sirena, porque no supieron hacer bien los números, etc.
'Elemental, queridos humanos'
'Los más duros de la historia'
'Felipe V'
'Tauroética'
'Fábulas contadas a los niños'
'Espejismos'
'Hablar sin palabras'
'El Cid contado a los niños'
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Es cierto que todas las personas que acudieron "en los tiempos de esplendor" al crédito hipotecario, también debieron pensar si podrían cumlir con la obligación asumida.Pero no es menos cierto que el mayor núm.de estas personas carecían de intuición suficiente para ver la que se avecinaba y que creyeron en la generosa ayuda de Bancos y Cajas:cómo que el 100% del valor del piso,¡no hombre no, el 130%...".El Banco o Cajas sólo quería presumir de rentabilidad, y demostró que tampoco sabía mirar al futuro.Ahora en este futuro que ya hace tiempo es presente,lo que tenía que haber hecho el Parlamento es legislar,por ejemplo, la suspensión de la Ley en cuanto a la EJECUCION HIPOTECARIA y haber estudiado en FORMA DIGNA para todos,que cuando el prestatario se queda sin trabajo y sin medios,continúe en la vivienda, pagando comunidad de la misma, por lo menos 3 años y si a los 3 años no... O algo asi,... que se puede. Bastaba que el Banco o Caja,adicionase al préstamo las cuotas impagadas
Don Vicente, como casi siempre coincido plenamente en su comentario del día de hoy. Pero creo que se debería de añadir de esos avatares a esas otras muchas victimas inocentes que pasan por la angustia de un inminente desahucio por haber avalado un crédito ha alguno de sus hijos y ahora en plena vejez se ven abocados a ser desahogados de sus propias viviendas por falta de pago de aquellos tan alegres créditos que concedían los banco y cajas.
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena