¿Por qué había dinero para hacer el Ágora y no para la piel de la ampliación del IVAM?, es la pregunta que plantea hoy Rafa Marí. La realidad es que quizá no hubiera ni para una cosa ni para otra. ¿Cuántas necesidades urgentes tendrá sin atender el gobierno valenciano por falta de fondos?
La pregunta de todos modos es pertinente, porque viene a poner sobre el tapete que tenemos una clase política que no se siente obligada a dar explicaciones. Puesto que tiene la mayoría, hace lo que le da la gana. Ocurrió con el Teatro Romano de Sagunto y ha ocurrido unas cuantas veces más.
Francisco Camps ve que va por delante en las encuestas y ya con eso se siente legitimado para todo. Pero hace caso omiso de aquella del CIS según la cual los ciudadanos no confían en él. La democracia española, no conquistada por el pueblo, sino pactada en su día por unos cuantos, muy cucos ellos, consiste al final en una lucha de poderes en la que el papel de los ciudadanos es de meros espectadores, para lo cual han de pagar obligatoriamente una elevada factura.
A Camps no lo tragan los ciudadanos, pero él domina férreamente el partido, de tal modo que ni siquiera Rajoy lo puede quitar. Pero a Rajoy tampoco lo puede quitar nadie. Otra cosa sería si hubiera democracia en los partidos, si las listas fueran abiertas, si las subvenciones estatales estuvieran vinculadas al número de militantes que estuvieran al corriente en el pago de las cuotas, etc. Pero en este caso, ¿dónde estarían ahora Zapatero, Urkullu y tantos otros, entre ellos Camps y Rajoy? Si los ciudadanos pudiéramos participar un poco más puede que ni siquiera hubiera llegado la crisis.
Volviendo al Ágora, y dado que su nombre remite al mundo de los antiguos griegos, se puede recordar que Sócrates jamás hizo nada que tuviera como objetivo pasar a la posteridad y, sin embargo, se le sigue recordando, tal fue su talla. Algunos de los que la tienen menor ponen su empeño, con el dinero de los demás, en hacer cosas que sirvan para que se les recuerde. ¿O es otro el motivo por el que se hace el Ágora?
'Tauroética'
'Fábulas contadas a los niños'
'Espejismos'
'Hablar sin palabras'
'Los tiburones han muerto'
'El Cid contado a los niños'
'Ninfas'
'El día del juicio'
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El mal uso que hacen los políticos de los fondos públicos es proverbial y encuentran siempre mil maneras contables de burlar luego la fiscalización de los respectivos tribunales de cuentas que, además, son partidistas.
Éste es uno de los muchos problemas de nuestra clase política, como bien explica Vicente Torres.
En cuanto al Ágora, qué decir. Erigir un fastuoso auditorio frente a otro Palacio de la Música que pasa temporadas inactivo es un derroche, una redundancia y una estupidez que pagan todos los valencianos, sean del color político que fueren.
Y es que no aprendemos.
Don Vicente: -Lo que nos toca que soportar por el despilfarro de esta clase de políticos es una autentico Vía Crucis, esto no tiene nombre. Mi consuegra desde la mitad del año pasado hasta este preciso momento no ha cobrado ni un céntimo. Dicen estos descarados que pululan por la política que no hay dinero. Estoy seguro que para las magras nominas de los politicastros no existirán retrasos. ¿Para que queremos los valencianos entre otros despilfarros Canal 9, la Academia de la Llengua, y tantos y tantos “inventos” que solo sirven para malgastar el dinero de los ciudadanos?. Por el derroche que supone cada día que funcionan todos esos pesebres. ¿Cuantas personas tienen que ir al paro diariamente para que bien vivan todos esos parásitos?
Viernes, 1 de junio
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena