Punto de vista

Fusilar a un condenado a muerte

19.06.10 | 16:26. Archivado en Justicia
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Sobre las cárceles, más que sobre ningún otro lugar, se puede decir aquello de que “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Las leyes son humanas y, por tanto, son imperfectas. Por las calles, y muchas veces recibiendo el tratamiento que se dispensa a quienes se les supone una rectitud moral, desfilan personajes deleznables, que han hecho de la traición y el oportunismo su modo de vida. Hay conductas que la justicia humana no puede perseguir. También los hay que han cometido delitos que sí están penados, asesinatos o robos, pero la justicia no ha conseguido descubrirlos.
En lo que respecta a las cárceles, se sabe, porque se viene demostrando continuamente, que hay presos que son totalmente inocentes. Aparte de que las leyes son imperfectas, también lo son los jueces, los policías y los abogados. En este estado de cosas establecer una pena que no tiene vuelta de hoja es una injusticia añadida. Aunque se sepa fehacientemente que el reo es culpable, y él lo reconozca, no se arrepienta e incluso se sepa que si pudiera asesinaría a más gente, matarle es una injusticia. Y lo es porque la justicia, como se ha dicho, no se puede aplicar a todos, e incluso es probable que otros tan asesinos como él queden impunes. Por otro lado, la sociedad que acepta la pena de muerte se pone a la altura de los asesinos. Mata porque puede matar.
La pena de muerte fomenta además la hipocresía. Los verdugos son anónimos. ¿Por qué no se atreven a decir su nombre si es la sociedad en la que viven la que impone la pena capital? El Estado se desentiende, al escudarse en el entramado legal; también hacen lo mismo los jueces y los jurados. Pero todos son cómplices directos, unos más que otros. El colmo de la hipocresía se da con los fusilamientos. Una de las cinco balas de los cinco tiradores es de fogueo, pero no nadie sabe cuál es, para que todos puedan pensar que era la suya y evitar con ello el sentimiento de culpa. Pero los cinco se presentaron voluntarios para matar. Y fue el Estado quien pidió los voluntarios.

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1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Marjaler 19.06.10 | 20:28

    Don Vicente, dos de las cuestiones tratadas en su comentario me resultan tremendamente difíciles de admitir; la primera.-“(…) Por las calles, y muchas veces recibiendo el tratamiento que se dispensa a quienes se les supone una rectitud moral, desfilan personajes deleznables, que han hecho de la traición y el oportunismo su modo de vida (…),” este referido, me recuerda aun abogado que me recomendaron y resulto un elemento que no tenia ni una mala palabra, ni una buena acción. El abogado de marras es el individuo quien envuelto con la vitola de la honorabilidad, van dando lanzazos en las carteras de los ingenuos clientes con el más rufián de los estilos.
    La segunda cuestión, -sobre la pena de muerte, -soy de la opinión que la pena capital, no aminora el número de los delitos de sangre y por otra parte está más que demostrado que en algunos casos la justicia se ha podido equivocar.

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