La Constitución española, ese prodigio que ha llevado a que los episodios de corrupción se sucedan, a que los políticos gasten el dinero como se les antoja, lo que también cabría calificar como corrupción, a que los ciudadanos sean tratados como forofos, a la compraventa de apoyos parlamentarios, etc., establece que las penas de cárcel han de estar orientadas a la reinserción y no a la venganza.
Los “padres de la patria” no sólo eran irresponsables, sino que además se creían unos santos. He aquí que ellos no quieren venganza. Pero la misión de ellos, y de quienes mandaban de ellos, era la de procurar el mejor sistema posible para la sociedad por la que trabajaban y también la de proporcionarle los mejores mecanismos de defensa. Querer la reinserción de los delincuentes es muy bonito. Es cierto que la vida no ofrece las mismas oportunidades a todos y que muchos delincuentes son, con toda probabilidad, mejores personas que otras que han logrado encumbrarse en la sociedad. Pero no se puede generalizar. Hay otros que han cruzado el umbral y, por tanto, es prácticamente imposible que logren reinsertarse. Están condenados a ser unos canallas durante el resto de sus vidas.
En lo que respecta a los menores, el sistema penal español tampoco da una respuesta correcta. La presunta asesina de Seseña pudo haber planificado y ejecutado el crimen fríamente. No sabemos lo que hubiera hecho si el Código Penal le hubiera inspirado algún temor. No sé si habría que endurecer las penas a menores o perfeccionar la ley, de modo que ciertos crímenes fueran tratados adecuadamente.
Los legisladores pueden suponen que todo el mundo es bueno, pero la experiencia demuestra que el único freno para algunos es la ley. Y si creen que van a quedar impunes, ni la ley les sirve de freno. Y saben bordearla o sobrepasarla “sólo un poquito”.
'España sin democracia'
'Dublinesca'
'Ciencia al cubo'
'Agua de limonero'
'Correspondencia 1933-1973. Leo Strauss y Gershom Scholem'
'España, aparta de mí esos premios'
'La previa muerte del lugarteniente Aloof'
'El Lazarillo contado a los niños'
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Don Vicente, leído su comentario quiero recordar que un barbado ministro que mucho se prodiga por la TV, para continuamente recordarnos nuestras obligaciones, y que parece ufanarse de las señales de tráfico y que las carreteras son un paradigma de perfección y por lo tanto sus subordinados por todas esas circunstancias pueden "jartarse" en aplicar multas. Lo primero que hay que hacer es que la juventud recobre la práctica de la elementalísima Urbanidad y que se recuperen los Valores Morales y después de unos cuantos años es cuando posiblemente tengamos mejores conductores. Sobre el crimen de la niña de Seseña, ese mismo jerarca dice,-“Que no se puede legislar en caliente”. Latiguillos y retórica barata no le faltan al susodicho. Pero le recuerdo, que son tan seguidos los asesinatos que no da tiempo a que se enfríe tanto cadáver de niño.
Viernes, 1 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena