En la situación actual, quien quiera bien a Francisco Camps sólo puede desearle dos cosas. La primera es que tenga suficiente fortaleza de ánimo para dimitir. Y la segunda es que resulte absuelto de todos los cargos. De cumplirse estos dos deseos, habría salido con mucha dignidad del embrollo en el que está metido el actual presidente de la Generalidad.
Soy de los que piensan que Francisco Camps es total y absolutamente honrado, y que se ha pagado sus trajes. Pero dado que no lo puede demostrar haría mal en aferrarse al cargo como si fuera un Chávez cualquiera. Cuando alguien ve que con su actitud perjudica a alguien innecesariamente, debe cambiar de actitud. Camps está perjudicando no al Partido Popular, al que se ve sin posibilidades de defenderse en este y otros casos, sino a los militantes y a los votantes de ese partido.
A la política se llega, al menos teóricamente, para servir a los ciudadanos. Bajo esta premisa, cuando alguien se convierte en un problema, justa o injustamente, debería dejarla y volver a sus ocupaciones habituales. En este sentido, Francisco Camps se ha convertido en más que un problema, dado que en cuanto salió su nombre a relucir por primera vez tocó a rebato y obligó a todos los componentes de su gobierno a fotografiarse con él. Esta demostración de orgullo herido no tuvo el acompañamiento de la dignidad, que hubiera consistido en enfrentar la situación en solitario.
Cuando tuvo que acudir a prestar declaración también se hizo acompañar, como si no supiera el camino. Y cuando finalmente ha sido imputado, también ha necesitado de las adhesiones inquebrantables. ¿Para qué mezclar a otros representantes políticos en un problema suyo, por más injusto que le parezca? Lo correcto es desear que resulte absuelto. Pero su dimisión sería un alivio para muchos. No debería creerse insustituible.
'El reloj de Mr. Darwin'
'Postpoesía'
'Los desastres de Asier Cabezón'
'El hombre que cambió su casa por un tulipán'
'Los católicos en la opinión pública'
'De Aznar a ZP'
'Poderosa mente'
'Una herencia peligrosa'
Ungancho, dar la culpa a Ferraz és quererse engañar. La cueva de ladrones la tienen en casa:
http://www.vilaweb.cat/www/noticia?p_idcmp=3606427
No puedo añadir ni una sóla coma a este magnífico post. Es el momento de dimitir, con dignidad, sin dar la sensación de que uno se aferra al cargo a toda costa. Comparto tanto la idea de la honradez de Camps como la de la existencia de una campaña dirigida y alentada desde la calle Ferraz de Madrid. Pero ahora eso no importa. No ha habido respuestas claras, valientes y contundentes. Es la hora de irse.
Lo de los trajes es la punta del iceberg; nadie puede creer que de la corrupción masiva que ha asolado la Comunidad Valenciana - con decenas de miles de viviendas ilegales - sólo se descubra, como pago a los servicios prestados, el regalo de unas vestimentas. También a Al Capone lo pillaron por un pequeño delito fiscal y no por la multitud de crímenes y estafas a sus espaldas
Discrepo. No creo que Camps deba dimitir. Sería tanto como ceder al acoso mediático. Esto es una campaña organizada por intereses muy concretos, que tratan de ganar por otros medios lo que los valencianos no les concedemos en las urnas. Creo que Camps debe aguantar el tirón; una vez que se resuelva el procedimiento y sea ABSUELTO, o definitivamente archivadas las actuaciones, como sin duda sucederá, entonces Camps debería iniciar querellas por injurias y calumnias.
Don Vicente, bien que me agradaría poder compartir su opinión con respecto a la honradez y moralidad del presidente de la Generalidad Valenciana. Pero como bien sabe, desde hace algún tiempo desconfío de todo aquel que pulula a la vera de la política española. En el caso de Francisco Camps, tengo que reconocer que gozó de muy alta consideración y aprecio mientras que vivió en el popular barrio de Marchalenes.
Miércoles, 10 de febrero
JUAN JULIO ALFAYA
Rufino Soriano Tena
Julio César Izquierdo
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Jorge Moragas
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Angel Escuredo
Jesús Montesinos
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Fernandez Krohn