Javier es el niño que nació para salvar a su hermano Andrés. De modo que puede decirse que sin Andrés, Javier no hubiera nacido. Y sin Javier, Andrés no hubiera podido vivir. Ambos dos se deben la vida uno al otro y tienen motivos para conocer desde la más tierna infancia lo importante que es la colaboración entre los seres humanos y también que para que esta exista en necesario el amor.
Igualmente, resulta muy imaginar la felicidad de los padres, que se sentirán plenamente satisfechos de la decisión que adoptaron. Su vida cobra una nueva dimensión y ya pueden mirar ilusionados el futuro de sus dos hijos.
Resulta difícil explicar la actitud, sobre este asunto, de Rouco, Cañizares, Amigo, García-Gasco, etc., que en su día se afanaron en buscar argumentos para oponerse a las pretensiones de los padres de los niños. El ser humano es un fin en sí mismo y no un medio. Premisa que se cumple tanto en Andrés como en Javier. No hay ningún motivo que permita pensar que los padres van a querer a un niño más que al otro.
Por otro lado es cierto que hay un exceso de banalidad en el mundo. Baste como ejemplo el deseo de muchos padres de elegir el color de los ojos o del cabello de sus futuros hijos. Pero también cabe catalogar como banal la suposición de que evitando la concepción de Javier se iba a poner freno a la otra práctica. Al mismo tiempo, tendrán que reconocer que ellos también contribuyen a fomentar esa banalidad. ¿Cómo interpretar sino el hecho de que todos los obispos destinados en el País Vasco se muestren condescendientes con el entorno etarra? ¿Cómo se puede catalogar el hecho de que se castigara al pueblo de Sinarcas sin misa? Otro cardenal afirmó: En estos momentos no sólo soy el cardenal valenciano con más poder, sino el de toda España. ¿Es banal el culto al poder?
Lo que no parece nada banal es la lucha por la vida. Ni tampoco se puede considerar banal el triunfo del amor.
'Brújula para navegantes emocionales'
'España y otras impertinencias'
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'Contestando a sus preguntas sobre el magnesio'
'La resaca del amor'
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Querido D. Vicente:
Pues, a sabiendas de que mi comentario será malinterpretado, en mi opinión su artículo de hoy es demagógico y confuso....porque pone en duda el que las personas de bien, incluídas las que ejercen altos cargos en la Iglesia, no se alegren de que Andrés y Javier estén vivos y felices, y porque mezcla maliciosamente el criterio de la Iglesia en este punto con otros temas como el del problema vasco...
...y me explico: la Iglesia- y cualquier conciencia bien formada- sí aceptaría, aun cuando se instrumentaliza la vida, el que Javier nazca para salvar a Andrés; lo que no aceptaría es que, en ese proceso, se sacrifiquen decenas de embriones que no cumplen los requisitos terapeúticos necesarios para salvar a su hermano. El tema, una vez más, es que, el FIN (en este caso bueno) NO JUSTIFICA LOS MEDIOS (en este caso malos, si para la selección de embriones hay que rechazar-es decir: sacrificar- al menos uno de ellos).
...y lo de la Iglesia vasca le doy la r...
Don Vicente, profundo además de interesante su comentario de hoy, y por lo cual suscribo de la A, hasta la Z.-Con repecto a la actitud de los cardenales pienso que ellos por su forma de ser,pueden hacer y pensar lo que quieran, en muchísimas y variadas cuestiones al dia de hoy, sigo sin entenderles ni comprenderles.
Viernes, 17 de febrero
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.