Cíclicamente, y aprovechando cualquier coyuntura, la que sea, que se presente surgen voces que, con gran solemnidad y empaque, piden que se abarate el despido, o que éste sea totalmente libre, alegando que con ello se fomentaría la creación de empleo. Ante esa propuesta cabe recordar que estamos en crisis y que el sistema español tampoco ofrece garantías a los ciudadanos.
La crisis, todos, o casi todos, los analistas coinciden en ello es de confianza. Para que las cosas volvieran a funcionar sería menester que la gente creyese en el sistema, o sea, en sus clases dirigentes, principalmente las políticas. No hace falta explicar que, en esa cuestión, no vamos por buen camino. Las clases dirigentes españolas no se esfuerzan en conseguir la confianza de las gentes.
Por otro lado, cabe reconocer que el último responsable de la crisis ha sido el egoísmo, que ha llevado a vivir irresponsablemente y a querer exprimir la situación hasta la última gota sin tener en cuenta las consecuencias. Todos somos culpables de ella, pero unos más que otros. No puede tener la misma culpa el trabajador que, dejándose contagiar por ambiente, ha estirado el brazo más que la manga que las clases dirigentes, empresariales y políticas, cuyas posibilidades para imponer la cordura han sido mayores.
Abaratar el despido sería lo mismo que echarles la culpa a los trabajadores y además serviría para fomentar la desconfianza y el miedo. Los empresarios desaprensivos, que los hay, aprovecharían ese temor para explotar más a sus empleados.
Por otra parte, las garantías jurídicas de los ciudadanos españoles no pasan de ser teóricas, por cuanto la división de poderes también lo es. De hecho, el poder no lo tienen los ciudadanos sino los partidos. En España el poder judicial, el legislativo, el ejecutivo, e incluso el llamado cuarto poder, está mediatizado por ellos. Tampoco los sindicatos españoles ofrecen suficientes garantías a los trabajadores.
En estas circunstancias, proponer el abaratamiento del despido es una irresponsabilidad que sólo serviría para generar mucha más desconfianza y, en definitiva, empeorar la crisis. Más acertado sería aprovechar la ocasión para regenerar el sistema.
'Detrás de una gran mujer siempre hay otra que le pisa los talones'
'Un lugar llamado Oreja de Perro'
'Contra muerte y amor'
'Palabras de amor'
'El detective en el supermercado'
'Rincones de historia española'
'Fe de errores'
'Rita Barberá'
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on Vicente, por si eramos pocos parió la burra. Solo falta abaratar el despido.
Sr. Oleza:
Si el empleado es malo ¿porqué ha de mantenerlo pasado el periodo de prueba?
Sr. Navarro:
Cómo se nota que Vd. no es empresario.
El problema de una producción, sea la que sea, es el operario. Si éste es un holgazán, su trabajo no compensa a la empresa por poco que se le pague. Al contrario, si el trabajador es eficiente y presenta un rendimiento acorde con lo que cobra (incluida la SS) el empresario ya se preocupará de tenerlo contento y de darle incentivos para que permanezca en su empresa. Resumiendo. El trabajador que cumple es necesario y por tanto mimado en una empresa y el sinvergüenza que no trabaja y escurre el bulto, ese no merece ocupar el puesto de un operario honrado, porque contagia de su vagancia a los demás que ven que cobra lo mismo que ellos con la mitad de rendimiento. Revienta tener que pagar el despido a un mal empleado que ha protagonizado trabajos mal ejecutados o con tardanza.
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel