En otros tiempos, cuando los tipos de interés subían, quienes tenían imposiciones a plazo fijo, cada vez que había una subida del tipo de interés, iban a sus bancos a exigir que se les repercutiese en sus ahorros. No tenían en cuenta que esas subidas que ellos reclamaban y conseguían se trasladaban también a quienes tenían créditos. Luego, comenzaron a bajar los tipos, y los impositores, como es de suponer, no iban a pedir que se los bajaran, tenían que ser los bancos quienes los convocaran. Cuando la bajada fue muy importante, estos inversores quedaron algo confusos, puesto que estaban acostumbrados a grandes rentabilidades. Fue cuando se pasaron muchos de ellos a los fondos de inversión. Entonces, iban con frecuencia a los bancos, a comprobar cuánto habían subido sus fondos y salían llenos de satisfacción. De pronto, la bolsa cayó y la gente corrió a vender los fondos, sin dar ocasión a los gestores a que recuperasen lo perdido.
Es decir, el dinero es cobarde, es egoísta y es cómodo. Quien lo posee o gestiona busca la máxima rentabilidad, en el menor plazo y del modo más seguro. Cuando no hay seguridad o rentabilidad se esconde o se escapa, caiga quien caiga. Y acaso sea eso lo que ocurre ahora. Nadie se fía de nadie, ni tampoco se preocupa por todas esas personas que están perdiendo todo y no sólo sus posesiones sino también las posibilidades de recuperarse alguna vez.
Habría que tomar algunas medidas que devolviesen la calma, en la medida de lo posible, a la gente, no sólo a los mercados. Lo que ocurre es que quienes deberían tomar esas medidas observan la situación desde un lugar tan elevado que saben que cuando comiencen a sentir la humedad en la suela de sus zapatos, la mayor parte de la humanidad se habrá ahogado ya. Es por eso que toman medidas paliativas, que no convencen a nadie. Sería necesario un gesto más contundente, como el de reducir drásticamente los gastos estatales y hacer cambios profundos en la Administración Pública. Quizá con eso la gente viera que se tomaban las cosas en serio.
'El consuelo'
'Amor cruel'
'Sola'
'Alicia en el país de las maravillas'
'Libélula'
'Anaconda y otros cuentos'
'Españoles Excesivos'
'¿Qué diría Sócrates hoy?'
Don Vicente, no teníamos los octogenarios bastante con el invento de nuestros generosos políticos en favorecernos a los mayores con la eutanasia, que ahora de sopetón se sacan de la manga todo este desmadre de las comisiones bancarias, ecetera; y yo, que por una cosa, u otra, tengo pocas luces, cuando leo, o escucho todas estas cuestiones, me entra un “canguelo”. Pero termino pensando, para que preocuparse, si solo me quedaran de vida, cuatro días mal contados.
Sábado, 22 de noviembre
David Millán
Gustavo de Arístegui
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Francisco Rubiales
Manuel Molares do Val
Carlos Corral
Doctor Shelanu
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó