Hay muchas personas sumamente inteligentes que afirman que no creen en Dios y hay otras igual de inteligentes que no tienen ningún empacho en proclamar su fe.
Muchos de los que no creen en Dios, sea cual sea su inteligencia, viven, no obstante, de acuerdo con unos principios éticos o código de conducta a los que tratan de ajustarse en la medida de sus fuerzas o aún más. Esto, sin duda, sería del gusto de Dios, si realmente existiera y no parece muy descabellado pensar que quizá no le importe demasiado que no tengan fe o que los códigos por los que se rigen no sean perfectos.
Hay otros, también más o menos inteligentes, que ni creen en Dios ni tienen código de conducta. Son, sencillamente, depredadores, cuyo único freno es la ley, porque en la impunidad sí creen. Utilizan todas las armas de que disponen y tampoco tienen ningún inconveniente en vulnerar la legislación si creen que no hay ningún peligro en ello. En este caso, tampoco parece incoherente pensar que a Dios, en el caso de que exista, no le preocupe demasiado su falta de fe.
También los hay que proclamando en todo momento y lugar su fe en Dios, luego resulta que no son nada recomendables. Acuden a los actos religiosos como si echaran monedas en sus huchas, indiferentes al resto del mundo. Son incapaces de hacerle un favor a nadie, al menos gratuitamente. Piensan en salvarse ellos y los demás les importan algo menos.
Hecho este largo preámbulo, cabe aludir a un artículo de Félix de Azúa, publicado ayer en El País en el que da por descontado que nadie cree en Dios. Su frase es esta: “Posiblemente nuestros abuelos, como nosotros, ni eran religiosos ni creían en dioses”. Y si me llama la atención es porque tengo la impresión de que yo nunca he conocido a nadie que crea en Dios, aunque en otros tiempos traté con numerosos clérigos, alguno de ellos de elevado rango. Con el último que traté hace unos pocos años fue con un jesuita muy bien colocado en su orden, del que pienso que tiene la cara más dura que el hormigón armado. Si una persona tan aguda como Félix de Azúa no ha detectado en nadie la fe en Dios es porque no deben abundar quienes la tengan.
'¿Qué diría Sócrates hoy?'
'Gitana, ¿tú me quieres?'
'Amor cruel'
'El enigma Antonio Puerta'
'Poema de Mío Cid'
'El alcalde de Zalamea'
'La elegancia del erizo'
'Platón. Protágoras, Gorgias, Menón'
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Es decir la ética cristiana va de dentro a fuera. Quiere hacer personas buenas para hacer mundos buenos libremente.
La ética comunista trata de hacer una sociedad de tal manera que condicione a la gente a actuar como a ellos les parece bien. No sé si alguno se ha molestado en leer a Marx y su idea de que la felicidad es la desaparición de las classes sociales, es decir de la modificación del mundo
Desde luego espero ser mejor persona cada día, si quiere ayudarme
Y sí odio con todas sus fuerzas la mentira, la manipulación, el sectarismo, la alabanza al líder, la utilización de los débiles. Pero no sabe cuanto, por eso verá que me hierve la sangre cuando veo a los cyberpepinhos viniendo aquí a meter trolas y cargarse el debate.
Comentario por MARJALER 14.09.08 | 22:47
Lo de hacer gala me parece muy fuerte para mí. Por favor no me tomen a mí como ejemplo
Pero decir que nadie cree en Dios me parece una chufla
Comentario por Don Bernardino 15.09.08 | 00:48
Yo no tengo odio y menos irracional a lo que sea la izquierda sino más bien al contrario, la izquierda tiene odio a todo lo que no controla.
Yo no soy de izquierdas ni de derechas, soy yo. Sólo me defino como cristiano católico y pecador
¿De dónde deduzco que no dejo a nadie actuar según su conciencia?
La ética católica que es la que conozco dice que para que un acto sea malo tiene que haber advertencia y consentimientos plenos. ¿Qué significa eso? Que los católicos siempre buscamos que la gente obre según su conciencia por eso no creemos en el comunismo, por ejemplo, que quiere moldear las sociedades para moldear a la gente.
Y a ti el odio irracional te pasa con todo aquello que huela a izquierdismo, a progreso, a avances sociales, a permitir que los demás piensen y actúen en libertad, según su conciencia y moral, Juan Bravo. Si no fuera por esto, a lo mejor hasta serías buena gente.
Buen artículo, señor Torres.
Yo no creo en Dios , pero tengo unos principios éticos que no quiero que desaparezcan de mi interior,en primer lugar desde que van ampliar la " ley del aborto " se ha removido algo en mi interior que me intranquiliza muchísimo, viendo los reportajes de las clínicas abortistas y las atrocidades , te hace dudar de la existencia de Dios, El si existiese no podría permitir esas atrocidades y si las permite , pues una razón de peso para no perder el tiempo en las iglesias ,O sea, que yo creo que tienes que hacer caso a las voces internas que te definen ellas solas. el bien y el mal.
Don Vicente, su artículo es de tanta profundidad y calado, que no me atrevo opinar dado mi escasa cognición en asuntos de dogmas de fe. Aunque por mi forma de ser, puedo reconocer y reconozco que puedan existir personas de la convicción de la que hace gala, juan bravo madrid.
Decía el propio Jesucristo que si se tuviera la fe de un grano de mostaza le dirías a un montaña que se moviera y lo haría. La fe es un don sobrenatural porque el hombre solo está preparado para conocer directamente la materia. Todo el mundo tiene dudas y flaquezas como, por ejemplo, muestran las cartas de Teresa de Calcuta
Dicho eso es de poca inteligencia decir que nadie cree en Dios. Yo he conocido muchísima gente que tenía fe en Dios, yo mismo, ¿qué mala suerte han tenido ustedes cosa que no me creo?
Félix de Azúa es como esos locos que son totalmente normales menos en una materia que les puede el odio irracional, a él le pasa con la religión.
Viernes, 17 de febrero
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