Hubo un tiempo en que Stalin tenía la culpa de todo. Los comunistas del mundo entero renegaban de él y los españoles decían que el verdadero comunismo no se había puesto en práctica y ése era el motivo por el que había fracasado. La cuestión consistía en buscar nuevas vías. Por parte del mundo occidental y tras la caída del muro de Berlín prácticamente se dio por terminado el peligro ruso. Rusia era una nación con la economía totalmente deteriorada, un elevado índice de corrupción y una población muy poco acostumbrada a la democracia.
La clase política que nos ha tocado padecer en los tiempos actuales sólo piensa en sus propios intereses para los tiempos inmediatos. Rusia ha tenido diversos presidentes, que no inspiraron ningún temor, hasta que llegó Putin. Éste siempre fue mirado con recelo, pero ya era tarde. Rusia, aún con una economía tan maltrecha y con una población tan desconcertada y desanimada, no deja de ser un gran país, por tamaño y por población. Goza de todos los adelantos tecnológicos y de potentes cerebros. Algunos de ellos, como Putin, tienen toda la traza de ser perfectos psicópatas. Todas estas personas que se han formado en el antiguo régimen soviético conocen todos los resortes del poder. Saben cuáles son sus puntos fuertes y cuáles han de abandonar, porque no ofrecen ninguna posibilidad.
Putin, desde su conquista del poder ha ido estableciendo y reforzando todo aquello que podía hacer fuerte a Rusia ante el mundo occidental. Una vez establecida su posición ya no tiene empacho en regodearse e incluso chulearse, sin que nadie se atreva a ir más allá de lo que permite la mera prudencia. Ha tenido que ser China la potencia que le avise de que con ella no se juega. El mundo occidental también sabe que al presidente ruso no le tiembla la mano a la hora de matar a alguien. Es fácil deducir que no le importaría comenzar una guerra atómica, si se creyera seguro superviviente, junto con un número de seguidores a los que pudiera tener férreamente controlados.
Putin incluso se permite el lujo de alabar a Stalin y ahora veremos quienes salen en España a criticarlo. Para Putin matar a la gente, como hizo Stalin, es necesario, aunque reconoce que se le fue la mano. Acaso porque se considera mejor profesional en este aspecto.
'¿Qué diría Sócrates hoy?'
'Gitana, ¿tú me quieres?'
'Amor cruel'
'El enigma Antonio Puerta'
'Poema de Mío Cid'
'El alcalde de Zalamea'
'La elegancia del erizo'
'Platón. Protágoras, Gorgias, Menón'
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Don Vicente, recuerdo ahora lo escrito en "Mitos de la Burguesia" por don Fernando Valera, ex-presidente del Gobierno de la República en el exilio."(...)los comunistas abandonaban sus puestos de combate, para
marcharse a la retaguardia (...)".
Supongo que para usted Rusia debería dejar que mataran a todos los osetios. Aquí el único psicópata es el sanguinario presidente de Georgia, Saakashvili. ¿no le extraña a usted que EEUU apyara la independencia de Kosovo y ahora se rasgue las vestiduras por la de Osetia?
Ahí está el problema, en la gran cantidad de estalinistas que han cambiado de chaqueta pero no de intenciones. Putin no es más que un continuador de El'cin y de Zirinovski.
Don Vicente, creo que en estos momentos el resto del mundo se despreocupa de las intenciones que pueda anidar la potente Rusia. Con la reciente incursión militar, se ha demostrado que las naciones que integraban le ex Unión Soviética, de una manera u otra, se someterán a los dictados de Putin. La expansión rusa de momento no hay quien la pare. -America se encuentra adormecida en politica exterior, como consecuencia de la elección del nuevo presidente, y los politicastros de la Unión Europea, se encuentran ocupados con sus negocios de Bruselas. Peligro a la vista.
Viernes, 1 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena