A los dirigentes de ERC no les gusta que se den a conocer sus derroches de dinero público. Como el diario ABC es el que va facilitando esa información últimamente, ellos hablan de imponer un cordón sanitario. Los argumentos que usan para defenderse no son tales. Alegan que probablemente los ministros y el resto de consejeros autonómicos también derrochan. Es decir, como en todas partes cuecen habas, ellos no se quedan atrás.
Afeé a cierto elemento que se las da de santurrón, ya que, a la mínima, saca el rosario y se pone a rezar, y que pronto será padre por quinta vez, que hubiera permitido cierta villanía a un Pájaro de Cuenta (así, con mayúsculas), en un ámbito de su influencia, lo que no casa nada bien con lo que quiere hacer creer que es. El santurrón me respondió alegando que tiene la conciencia tranquila, a lo que contesté que alegar la tranquilidad de conciencia no es un argumento y que De Juana también dice lo mismo. Su pretendida santidad dio paso a la furia, porque según él yo lo había comparado con el sanguinario etarra. Este supuesto enfado ya daba idea de que él no tenía nada más. Le dije lo obvio, que no lo había comparado con nadie, sino que había demostrado la futilidad de su argumento. Y ese contrincante mío accidental respondió con maldad, convirtiendo, además, en sicario a su subordinado laboral. Si él mismo se pone en la senda del mal, poco a poco puede llegar a ser como De Juana.
Nixon solía decir que no sabía cuál de sus cien asesores estaba en lo cierto. Pero nuestro Zapatero particular no se arredra ante las dificultades y tiene nada menos que 644. Y así nos va, porque hasta que acierte con el que sabe puede cometer unos cuantos disparates bien gordos. Pero es que aparte de ese derroche en asesores, ¡en tiempos de crisis!, según informa el diario ABC, en su edición de hoy, los gastos de la Moncloa se han multiplicado en relación con los de la época de Aznar. De modo que, José María, otros vendrán que bueno te harán.
Salió a la luz pública el caso del tal Benach, al que habría que añadir el del tal Touriño. Pero no sólo Touriño. El diario Levante, en su edición de ayer, desveló que los coches oficiales de las Cortes Valencianas son todavía más caros que el de Benach. Ante este dato, cabe hacer memoria y recordar aquellas declaraciones primeras de Milagrosa Martínez, al acceder a la presidencia del citado organismo, en las que anunció que iba a recortar aquellos considerables gastos que eran propios de su antecesor.
Dice Joaquín Almunia que hay que pedir responsabilidades a los responsables de la crisis, pero el buen hombre señala en la dirección equivocada, cabe deducir que interesadamente. Dice que hay gestores que primero provocan la crisis y cobran cantidades astronómica por su gestión. Entonces, conviene explicarle al bienintencionado caballero, por si no lo sabe, que los culpables de la crisis pueden ser unos señores particulares que cobren grandes cantidades por su gestión, pero los ciudadanos tenemos representantes para que, entre otras cosas, impidan que eso pueda suceder.
Sostiene Cárpatos en un artículo titulado La leyenda falsa del largo plazo, que no es cierto que la Bolsa, a largo plazo, siempre suba. Pero ocurre que las circunstancias actuales no hacen que estos tiempos sean los mejores para hacer comparaciones con otros más pretéritos. Yo diría que es probable que la cotización actual de muchas empresas en la Bolsa sea inferior a la de su auténtica valía. Por tanto, cabría suponer que en cuanto la situación revistiera un mínimo de estabilidad, la citada comparación podría hacerse en términos más reales.
Tomé un taxi y el taxista resultó ser un joven muy correcto y agradable. Le di la dirección y como no la conocía le expliqué que estaba muy cerca del Politécnico. Entonces me dijo que conocía la zona, pero no como taxista, sino porque había estudiado allí. A partir de ahí, la conversación entre ambos surgió espontáneamente y concordamos en que cuando alguien entra en algún establecimiento hostelero y piensa que no ha sido bien atendido, ya no vuelve; en cambio, en el caso de los taxis no hay más remedio que conformarse con el que toque y si por casualidad se repite con alguno será con el que no se quiere. Cuando ya le hube pagado, me dijo que los taxistas también tenían sus preferencias, dando a entender que le gustaría volver a llevarme.
Vestía con ropas sencillas, dicen que iba siempre descalzo, fuera invierno o verano, y que cuando paseaba por el mercado, a la vista de los objetos lujosos que allí se exponían, decía: “Hay que ver las cosas que necesitan mis conciudadanos para sentirse vivos”. Claro que éste era Sócrates, todo un sabio. “La vileza es una cárcel de la que pocos de los que entran logran salir”, dicen que dijo, porque él nunca escribió nada. Sócrates fue aquel que, puesto que amaba tanto la vida, supo darse cuenta de que ésta sin dignidad no es vida, de modo que puesto ante la tesitura de elegir, no dudó. Si hubiera vivido en el momento adecuado, también hubiera sido el primero en decir aquello de “la patria es el último refugio del bribón”, o por lo menos hubiera estado absolutamente de acuerdo con Samuel Johnson, que es quien realmente la pronunció.
Está previsto que en el próximo mes de enero los autobuses de Londres lleven la siguiente leyenda en los costados: There's probably no God. Now stop worrying and enjoy your life. No es necesario pedirle a Alejandro Font de Mora que nos lo traduzca, El Periódico, que es en donde yo he leído la noticia, ya lo hace: Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida. El Periódico completa la noticia con otro dato: El impulsor de la campaña ha solicitado donativos para llevarla a cabo y ha recaudado 100 000 euros en muy pocos días, quince veces más de lo que necesita.
La vida nos obliga a estar continuamente juzgando, puesto que siempre se nos presenta más de una opción y no nos queda más remedio que averiguar cuál es la más justa, más conveniente o, en su defecto, menos mala. Pero llevar el juicio más allá de lo que estrictamente se necesita es aventurado y denota un escaso respeto por la justicia. Porque una cosa es juzgar por obligación, en algo que le atañe a uno mismo y cuyas consecuencias le van a afectar. Juzgar sin necesidad, hay que decirlo bien claro, es de bellacos.
La Fallera Mayor de este año se llama Marta Agustín Ferrando, tiene 20 años y es estudiante de Diseño Industrial. La cámara de Consuelo Chambó nos la muestra vestida de azul. En las pálidas tardes/yerran nubes tranquilas/en el azul; en las ardientes manos/se posan las cabezas pensativas./¡Ah los suspiros!/¡ah los dulces sueños!/ ¿Qué no le diría Rubén Darío a Marta de haberla conocido? Como cada año, Valencia elige a la valenciana más hermosa para que represente a la ciudad. En este cometido juega con la ventaja que supone vestir el traje regional más hermoso.
Anda Francisco Camps la mar de contento porque ha ganado por abrumadora mayoría. Sin embargo, este detalle no es positivo precisamente, más bien resulta totalmente inquietante. Todo lo que no sea tener, al menos, un treinta por ciento de votos en contra es muy mala señal. Tanta unanimidad viene a indicar que en ese partido nadie se fía de nadie; quizá haya más de un psicópata poniendo orden en el partido. Significa que la hipocresía y el disimulo han tomado el mando en la plaza.
Leemos continuamente en la prensa que la justicia española va muy lenta, que carece de medios y de personal. Y leemos también que los jueces temen que como consecuencia de la crisis aumente considerablemente su trabajo. Y hete aquí que aparece un juez que tiene tiempo y funcionarios para acometer una tarea que puede ser cualquier cosa excepto urgente o recomendable.
Las cajas valencianas, a través de su Federación, han remitido un escrito a diversas entidades, entre las que se encuentran el Banco de España y la Comisión Nacional de la Competencia, mediante el que denuncian las prácticas desleales de otras entidades bancarias, en su intento de arrebatarles clientes. Concretamente, las acusa de sembrar dudas sobre la solvencia de las cajas.
No creo que resulte muy iluso pensar -en el caso de la familia que ha tenido un niño para curar al que ya tenían- que el futuro ambos hermanos serán carne y uña, puesto que ambos se deberán la vida uno al otro. Cabe también la posibilidad de que no sea así, pero la veo bastante diluida, puesto que sus padres los van a tratar con sumo cariño a ambos. Por otro lado, lo mejor que se puede decir de un ser humano es que ha sido útil a los demás. En este caso ya lo es desde su concepción. Enseguida aprenderán ambos hermanos el valor de la solidaridad y se darán cuenta, inevitablemente, que unos nos necesitamos a otros. Al igual que ambos se han ayudado entre sí, es posible, e incluso probable que ayuden a otros. Por su parte ya están haciendo algo para que el mundo sea mejor.
Ante la llegada del barco abortista a Valencia conviene aclarar que no se trata de una cuestión ligera, sino que conlleva un trasfondo importante. Tanto que para Julián Marías su aceptación social es una de las dos grandes catástrofes del siglo XX. Si se examina la cuestión fríamente, salta inmediatamente a la vista que el ser concebido no tiene ninguna culpa. Ni ha elegido que lo conciban, ni tiene ninguna posibilidad de sobrevivir sin ayuda. Y una vez concebido, tiene unas características únicas e irrepetibles. En caso de nacer, tiene la posibilidad de intentar ser una bellísima persona, aunque también puede sucumbir y quedarse en la oprobiosa ruindad. Pero nadie lo puede intentar por él.
Éste fue uno de los peores inventos del diablo. Vino a llenar de desconfianza, temor y falsedad a las familias. El Santo Tribunal daba un plazo de gracia de treinta días para que todos aquellos que se creyeran culpables confesaran sus culpas. Además, todos tenían la obligación de denunciar a quien fuera, familiar o no, en cuanto notaran algo sospechoso. Cuando se habla de denunciar a un familiar, no se trata de uno lejano, sino que podía ser el hijo o el padre, la esposa o la madre. La denuncia debía ser secreta y estaba prohibido avisar a la persona denunciada. El quebrantamiento de este mandato tenía un castigo tan grave como la misma herejía.
Lógicamente, no podía ser otra que Elena Negueroles, que es la única que mantiene una opinión propia. Ha dimitido del Consejo Valenciano de Cultura y vistos los motivos que aduce no estaría de más suprimir de una vez y por todas el citado CVC. Este consejo no fue capaz de decir que no cuando se cometió la ilegalidad con el Teatro Romano de Sagunto. En su dictamen fueron complacientes con el gobierno valenciano de entonces. También, salvo la citada Elena Negueroles, fueron complacientes con el gobierno valenciano actual tras la sentencia de los tribunales de justicia.
Mientras el hambre mata todos los días a un gran número de personas, y en la actualidad aún más, dada la crisis en la que está sumido el mundo, los Papas dedican sus esfuerzos a canonizarse unos a otros. Se ignora qué beneficios puede tener para la humanidad este detalle. Hace poco, este mismo Papa, Benedicto XVI, alertaba sobre la pérdida de influencia del cristianismo, pero no dio en pensar, pues no lo dijo, que ello debe ser tenido como un fracaso de las jerarquías eclesiásticas. Con sus actitudes, en lugar de atraer a la gente, la espantan. Los cardenales españoles siempre se están inmiscuyendo en la política, mientras las personas desesperadas por cualquier motivo tienen más tendencia a recurrir a El Pocero que a ellos.
Entre los puntos que se debatieron en el reciente congreso del PSPV, en el que salió elegido Jorge Alarte, estuvo el de sustituir el nombre actual por el de PSCV. La propuesta no prosperó y entre los argumentos que se esgrimieron para ello estuvo el de que adoptar el nombre propuesto supondría un viraje del partido hacia el centro. Es decir, éstos son los políticos que, en nuestra generosidad, mantenemos con nuestro dinero y que, a pesar de que estamos inmersos en una crisis atroz, aún no hemos pensado en reducir.
Diríase que los componentes de este partido piensan que todo el mundo está en deuda con ellos, que se tienen por puros en un mundo de impuros. Pero basta con fijarse en alguna foto de la prensa, en la que aparezcan varios de ellos, para encontrar el denominador común. Es cuando el interesado enseguida, y con respecto a todos, recuerda aquella coplilla de Gracián:
En otros tiempos, cuando los tipos de interés subían, quienes tenían imposiciones a plazo fijo, cada vez que había una subida del tipo de interés, iban a sus bancos a exigir que se les repercutiese en sus ahorros. No tenían en cuenta que esas subidas que ellos reclamaban y conseguían se trasladaban también a quienes tenían créditos. Luego, comenzaron a bajar los tipos, y los impositores, como es de suponer, no iban a pedir que se los bajaran, tenían que ser los bancos quienes los convocaran. Cuando la bajada fue muy importante, estos inversores quedaron algo confusos, puesto que estaban acostumbrados a grandes rentabilidades. Fue cuando se pasaron muchos de ellos a los fondos de inversión. Entonces, iban con frecuencia a los bancos, a comprobar cuánto habían subido sus fondos y salían llenos de satisfacción. De pronto, la bolsa cayó y la gente corrió a vender los fondos, sin dar ocasión a los gestores a que recuperasen lo perdido.
La presidenta del Foro de la Industria Nuclear Española, María Teresa Domínguez, según una información que publica el diario Las Provincias, es partidaria de alargar la vida útil de las ocho centrales nucleares que existen en España y de instalar once más. No es la única que opina de este modo, el propio Felipe González se ha arrepentido de la decisión que tomó y ha escrito algunos artículos en El País mostrándose partidario de que se instalen nuevas centrales nucleares en España.
Tras leer el en diario El País las cosas que dice que hacía Juana Gálvez, la funcionaria que ha sido castigada, cabe preguntarse los motivos por los que no se habían detectado antes estas irregularidades. Quedan otros interrogantes en el ambiente, como el que si es ella la única funcionaria de los juzgados que actúa de este modo o no se sabe cuál es el estado de la cuestión. Porque si de lo que se trata es de buscar un chivo expiatorio, la cuestión es muy fácil. Pero junto con el castigo a Juana Gálvez debería ir la dimisión del ministro.
Supongo, porque no soy experto en leyes, que si la empresa ha despedido a una trabajadora suya que está en coma es porque la legislación lo permite. Y volvemos a lo de siempre, nuestros políticos, que son capaces de procurarse dignas jubilaciones y dignos modos de vivir, no aciertan a defender a quienes necesitan de la patria, porque si no se habla de patria en estas ocasiones, ¿cuándo se va a hacer?
Desmond Morris, en El mono desnudo, hace una serie de deducciones muy interesantes y llenas de lógica, que expone a la consideración pública. Una de esas conjeturas viene a ser la de que una persona enferma cuando necesita cariño. Es en esas ocasiones cuando a uno le llevan calditos a la cama y lo tratan con más mimos que de costumbre. Eso, al menos, es lo que me parece recordar que dice el libro. No lo he comprobado porque si no dice eso exactamente, dice algo parecido.
En la época en la que Luis María Anson dirigía el ABC se decía que tenía una lista negra, en la cual figuraban, entre otros Isabel Tocino y Fernando Vizcaíno Casas. Creo que este último se quejaba o lo hacía constar, mientras que la primera se limitaba a escribir en El País, siendo éste el motivo probable de la ojeriza de Anson. Es imposible probar que tuviera esa lista, pero lo cierto es que algunos personajes no existían para el ABC. Aunque escribieran libros muy vendidos o hicieran algo notable no eran siquiera citados.
Vivir es un acto de voluntad. Por tanto, quien vive puede. Todos los seres vivos tenemos poder, unos más y otros menos. Algunos humanos utilizan su poder en beneficio de los demás. Otros miran únicamente por sí mismos. Estos últimos son los esclavos del poder. Darían cualquier cosa por tener más y más. Y esos esclavos del poder quisieran tener a todos los demás en un puño. Quisieran tener bajo su control el pensamiento, palabra y obra de todos.
Hasta no hace mucho tanto Solbes como Zapatero negaban la crisis, a pesar de que ya muchos andaban asfixiados. Hace unos cuantos días, Solbes predijo que saldríamos de la crisis muy pronto, ya no recuerdo si lo vaticinó para el año próximo o el siguiente. Al mismo tiempo que él, Ramón Tamames decía que como muy pronto saldremos de la crisis en 2012. En la actualidad ya hay economistas que predicen una duración de diez años o más. Pero los profetas podían haber aparecido hace cinco o diez años, anunciando la crisis que padecemos ahora. Porque puesto que ya lo reconoce hasta Zapatero, es indudable que hay crisis y lo peor es que nadie sabe a ciencia cierta lo que puede ocurrir.
En el programa “La noria”, que emite Telecinco, Miguel Ángel Rodríguez le espetó a María Antonia Iglesias, “Yo no sé si te has tomado la pastilla”. Con ello demostró, en primer lugar, cuál es el nivel de su ingenio, o sea, el más bajo, inexistente. A quienes han de tomar medicación, porque sufren alguna enfermedad mental, no les tiene que hacer ninguna gracia esta broma. Claro que quienes la gastan no tienen ningún respeto por ellos. En este caso, el hecho de que se pronunciara por televisión es un agravante. Por otro lado, Miguel Ángel Rodríguez ha sido ministro de España y es íntimo amigo del ex presidente José María Aznar, al que no cabe suponer que se hubiera atrevido a decirle algo similar. Demostró también, el ex ministro, sus deseos de ofender. Muy edificante nos ha salido el caballero.
Se viene diciendo que la crisis la han originado unos pocos millonarios, con su codicia, y la hemos de pagar entre todos los demás. Esto, en principio, es una simplificación no muy exacta. Para que las cosas fueran exactamente así, todos los que están o han estado en los lugares decisivos tendrían que ser psicópatas. Y tampoco es probable que ello sea cierto, aunque un buen número de ellos ha de haber y desempeñando un papel decisivo además. Demasiado confiados hemos dado en vivir, acaso sea ésta, la de la excesiva confianza, sea una de las lacras de lo que llamamos civilización.
Sábado, 22 de noviembre
David Millán
Gustavo de Arístegui
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Francisco Rubiales
Manuel Molares do Val
Carlos Corral
Doctor Shelanu
Raúl González Zorrilla
Juan Ramón Moscad Fumadó