Fue Carmen Sánchez Carazo quien creó la primera asociación española contra el acoso moral en el trabajo. Luego, publicó un artículo titulado Llorar de impotencia, en el diario El País, que fue ampliamente fotocopiado y difundido. Marina Parés creó una web en la que informa ampliamente sobre el acoso moral. No se ha detenido ahí, sino que ha promovido otras asociaciones, con este mismo fin de luchar contra esta lacra social, a las que se puede acceder a través de su citada web. Han nacido otras webs y otras asociaciones, porque el asunto es grave y merece atención, y también se han escrito muchos artículos, todo ello con la finalidad de ayudar a las víctimas. El último de los artículos publicados creo que corresponde a Javier Castañeda que, con el titulado Mobbing, ha rayado a un gran nivel.
Pero, ¿cómo son los acosadores? Fundamentalmente, gentes sin personalidad y sin ningún interés por averiguar si están haciendo bien o mal. Quienes participan en el acoso, de forma activa o pasiva, son inconscientes a los que les no les preocupan en absoluto las consecuencias que puedan tener sus actos. Cuando le tocó el turno a Esther, no les frenó ni su embarazo. Se horrorizan cuando oyen hablar de los nazis, sin comprender que ellos son psicológicamente similares a los kapos. Son incapaces de explicar públicamente sus actos y puestos ante un juez negarían cobardemente su actitud. Sólo se sienten fuertes en el medio en que se saben muchos contra uno. Quienes ordenan o consienten el acoso moral puede que tengan títulos rimbombantes, o que se codeen con las autoridades civiles o eclesiásticas, o que ellos mismos sean autoridades civiles o eclesiásticas, pero ello no hace más que añadir brillo a su historial como torturadores psicológicos. Entre esos tipos y yo hay algo personal.
¡Vaya que sí! En mi caso, y en el de otro compañero, estábamos en la empresa para servir de desahogo de las frustraciones personales y laborales de mi jefe y algunos compañeros con poder. Mi colega de trabajo acabo muy mal y yo casi, pero al final decidí que lo mejor era enfrentarse a las cosas, así que le dije a mi jefe uno por uno todos sus ataques y permisividades , y lo que pensaba de él. Estuvo tres días sin atreverse a mirarme a la cara. Pero para entonces otros compañeros, como dije, ya estaban muy mal, mientras otros estaban muy bien, por supuesto. Ahora lo cuento en mi blog.
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Domingo, 7 de septiembre
Emilio Castellote Madrid.
Vicente Torres
Carlos Salvador Armendáriz
Silvia Carreño
Jesús Montesinos
Francisco Rubiales
Manuel Molares do Val
Marcos Pita Varela
Juan M. Delafuente
Antonio Javier Vicente Gil