Punto de encuentro

Interrumpir el aborto

11.08.18 | 11:19. Archivado en Acerca del autor

Las consecuencias que se derivan de la interrupción voluntaria del embarazo siempre son duras. El sufrimiento va inseparablemente unido al grave problema que surge cuando alguien se cuestiona o decide abortar. No captar esta realidad es desconocer la hondura del drama que subyace bajo esta decisión, independientemente de las razones esgrimidas para dar este paso; no es una decisión más, como reconocen las mujeres que han pasado por este duro trance.

Lo cierto es que aumenta el número de embarazos no deseados y de abortos, sin que exista una línea divisoria clara como antaño entre las personas de derechas, de centro y de izquierda, ricas y pobres, agnósticas e incluso creyentes, a favor y en contra del aborto. Estamos ante un dilema sobre todo ético, además de ideológico, educativo y sociopolítico. Y si no es lo mismo matar en defensa propia que asesinar, con diferentes grados de responsabilidad penal entre medio, tampoco creo posible la rigidez con la que algunos moralistas tratan este tema, ante la casuística tan compleja que puede tener cada caso.

¿Cómo posicionarnos ante esta realidad? Poca discrepancia hay sobre lo maravilloso que supone el nacimiento de una nueva criatura; pero también hay mucho desvío de la responsabilidad y demasiada insolidaridad hipócrita con quienes abortan, lo que agrava “el grave riesgo psicológico de la madre” poniendo en cuestión el derecho a decidir de las mujeres por encima del derecho a nacer que tiene el nasciturus.

No conocemos los motivos últimos que están detrás de cada decisión, ni la situación que rodea a la embarazada, muchas veces llena de sentimientos contradictorios que desembocan en un aborto consentido. Antes de sentenciar o defender, hay que preguntarse qué empuja a una mujer a cercenar la vida dentro de su propio ser. Sobran las culpas y faltan varias cosas, además de educación sexual para evitar el embarazo no querido: faltan creencias éticas para asumir todo el valor de una vida; sobras algunas condenas frías y alejadas de cada situación concreta, y echo en falta el ofrecimiento de más apoyo y cariño eclesial a las embarazadas necesitadas de ayuda para no consumar este desgarro de difícil cicatrización, que siempre contarán con una legión de parejas deseosas de acoger un hijo de otras entrañas para cuidarlo y quererlo como propio.

No es un asunto que puede solventarse con una ampliación legal del aborto ante el deseo de la madre es contrario al del padre (o viceversa), o cuando nacen discrepancias en torno a las convicciones éticas y morales en la pareja.

Junto a todo esto, surge la pregunta: ¿Dónde están los confines del ser humano? Tal vez la ciencia tenga la respuesta sobre el minuto exacto en el que nos convertimos en persona, pero ésta puede no ser la cuestión esencial si la englobamos, a su vez, en otra esfera más amplia: la del valor en sí mismo que la vida tiene. Vale la pena reflexionar sobre el valor absoluto de la vida humana, que no proviene de satisfacer necesidades o deseos sino que reside en el ser humano por serlo. Esta categoría de “ser en sí mismo valioso” nos confiere el derecho a ser respetados y la obligación de respetarnos. Desde este enfoque, un anciano no es menos persona ni menos digna que un deportista de élite: “su valor no consiste en ser valioso para, sino en ser en sí valioso; absolutamente valioso; no relativamente valioso”, como dice la catedrática de Ética, Adela Cortina, que choca con tratar a las personas según el interés o los problemas que acarrean.

Por tanto, restemos valor al instante en que comienza la vida en una persona para seguir la recomendación de Carlo Mª Martini de no valorar tanto un genérico derecho a la vida, impersonal y frío, como experimentar una condición personal de alguien concreto llamado y amado. “El dónde empieza la vida debe quedar subordinado al qué es la vida”. Desde aquí es desde donde se puede descubrir una dimensión mayor de la existencia, incluso ante al abismo de eliminar un feto ¡La ley no lo resuelve todo! Antes de dar rienda suelta al suprimir, existe la libertad de mantener la vida humana, que es lo más grande que existe.

Por último me gustaría recordar que mientras se recrudece la batalla sobre la legalidad del aborto, millones de niñitos de días o semanas se mueren de hambre y sed en muchas partes del mundo, y nadie se manifiesta con ardor para defender su derecho a la vida cercenado por injusticias estructurales terriblemente injustas y letales.


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Comentarios
  • Comentario por AntonioBF 17.08.18 | 08:50

    Sobre el último párrafo de su texto, no le negaré que tiene parte de razón. Pero es que es tan horrible que una madre mate a su propio hijo, que es normal que mucha gente nos sublevemos. No se indigna uno igual si el feto muere por un aborto involuntario. Es la misma muerte, pero no la provoca voluntariamente su madre.

    Por lo menos los millones de niños que mueren de hambre no son asesinados voluntariamente por sus madres. Si fuera así, me imagino que habría una ola de indignación y escándalo mucho mayor.

  • Comentario por luis alberto 11.08.18 | 20:35

    Mi experiencia como matrimonio de 35 años, es que Dios nos concedió la gracia de poder adoptar un niño que fue “abandonado” en el hospital. Hoy nuestro hijo tiene 24 años y está a punto de terminar su carrera de psicología. Tengo más de 40 años en una de las comunidades Neocatecumenales en Lima-Perú, y soy testigo de que muchos matrimonios han adoptado a muchos niños y niñas, que hoy ya son mayores de edad. Y adoptaron aun teniendo hijos biológicos.
    Los millones de niños que mueren cada día en el mundo son precisamente porque el mundo gasta por segundo BILLONES de dólares en armas.
    ¿Quién para este super derroche de dinero?
    Saludos

  • Comentario por luis alberto 11.08.18 | 20:33

    El bien más precioso que tiene el ser humano, es la vida. Y sólo Dios es propietario de nuestra vida (Ex 19,5). Es impresionante, cómo Dios perdona a Caín después de haber asesinado a su hermano (Gen 4,10). Y como si fuera poco, amenaza Dios hasta a las mismas fieras que atenten contra la vida humana (Gen 9,5).
    Dice el Génesis: “le pesó a Yahvé de haber hecho al hombre” (Gen 6,6). Por supuesto que este “pesar” es una forma de interpretar el corazón de Dios humanamente. Sin embargo, más adelante se lee: “las trazas del corazón humano son malas desde su niñez” (Gen 8, 21).
    Si este corazón que se menciona desde el PRINCIPIO, no busca a Dios, no le escucha, no le sirve, no le alaba, y no le ama. ¿Qué podemos esperar de aquellas personas que se sienten amenazadas por abortar?
    En otras palabras, si una persona no se siente amada por Dios EN Jesucristo, todo lo demás fluye. Considero que UNICA OPCION para no matar a un inocente, es la ADOPCION.

  • Comentario por Alfonso 11.08.18 | 19:38

    Muchas de sus consideraciones, las puede encontrar en las hemerotecas de los medios de comunicación de hace 35 años, antes o después de su legalización en España. Entonces se decían barbaridades, como que los abortos de españolas (clandestinos y hechos en el extranjero) superaban los 300.000 al año, cifra falsa que ni siquiera con su legalización, se ha llegado a alcanzar posteriormente.
    Hay que ayudar a las mujeres que se les presenta este dilema, pero no conduciéndolas al aborto, sino ayudándoles a evitar o reducir las causas que las inducen a su realización, entre cuyas acciones estaría la formación ética que valorice la vida humana, y también la sexual donde el verdadero afecto pase a formar parte principal de las relaciones entre las personas, y no sólo el simple deseo
    El problema actual y alarmante, es que se desea convertir al aborto en un nuevo derecho femenino, y sus defensores lo justifican con argumentos que muchos políticos e intelectuales ya lo han hecho suy...

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