LIDIA MARTÍN
Cuando nos detenemos, aunque sólo sea unos minutos, a considerar la actualidad de nuestras calles, de nuestra gente, ya sea ante el televisor en un momento de descanso o ante las páginas de un periódico cualquiera, uno queda consternado por los niveles de sufrimiento a los que tantas personas están sometidas. En algunas ocasiones, como es el caso más reciente de Haití o Chile, debido a catástrofes naturales; otras, por accidentes, pero con mucha más frecuencia, como consecuencia de la acción de la mano del hombre.
Ante esas situaciones, a menudo surge en las personas un instinto solidario que nos mueve, aunque sea por un momento, a plantearnos una acción real que favorezca a quien sufre en alguna manera. En ocasiones ese instinto se materializa en intervenciones como las del tristemente conocido profesor Neira, actuando de forma efectiva y comprometida ante la sospecha de que una mujer pudiera estar siendo agredida. Pero este caso, como otros, reconozcámoslo, es noticia justamente por ser la excepción que confirma la regla. La mayor parte de nosotros hubiéramos tenido miedo de intervenir en una situación así y no sin razones, a la vista de las repercusiones que tuvo sobre él y su familia.
Puede leer aquí el artículo completo de esta psicóloga, docente y escritora, de fe evangélica, titulado Mirar hacia otro lado
Viernes, 17 de febrero
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