JOSÉ DE SEGOVIA
Ha muerto el misterioso escritor J. D. Salinger. Su libro El guardián entre el centeno (1951) es una obra de iniciación para muchos lectores, que en su adolescencia se identifican con el inconformista Holden Caufield, vagando por la ciudad de Nueva York, al ser expulsado del colegio, poco antes de las vacaciones de Navidad. Como el paranoico asesino de Lennon, yo también he recorrido a finales de este verano los lugares de la novela de Salinger, yendo y viniendo de mi habitación al lado de Central Park, junto a la puerta del edificio Dakota. No me he preguntado, como Holden, dónde estarán los patos, cuando el lago se hiela, pero sí que me he sentido tan perplejo como él, al intentar descubrir el rumbo de mi vida…
Como en la canción de Paul Simon, “un día de invierno / en un profundo y oscuro diciembre”, uno podría decir con Holden: “Estoy solo / mirando desde la ventana / las calles abajo / sobre un manto silencioso de nieve recién caída”. Uno ha “construido muros / una fortaleza profunda y poderosa / que nadie puede penetrar”, por la que se siente “una isla” (I Am A Rock, 1965).
El protagonista de la novela de Salinger, no se ha cerrado sin embargo, por estar herido de amor, sino hambriento de una intimidad que todavía no ha conocido. En su aparente cinismo, desprecia el mundo y evita tener amigos, porque sabe por la muerte de su hermano, que el amor produce dolor...
Puede leer aquí el artículo completo de este periodista, teólogo y pastor en Madrid de fe protestante titulado La reclusión de Salinger
Sábado, 18 de febrero
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