CÉSAR VIDAL
En mis dos últimos artículos me refería al carácter de panfleto fallido y de pésima reproducción de la Historia de que adolece la película Ágora. En este último, deseo detenerme en una cuestión que Amenábar pasa por alto en su película y cuyas claves me atrevo a decir que no ignora del todo. Me estoy refiriendo a las razones del triunfo del cristianismo sobre el paganismo, precisamente cuando éste seguía siendo profesado por una parte no escasa de la población del imperio.
Como bien puede verse en los primeros minutos de Ágora, los paganos, llegado el caso, recordaban con resentimiento que los cristianos habían sido una minoría perseguida apenas unos años antes y algunos incluso habían sido testigos de los intentos de exterminio llevados a cabo por ciertos emperadores.
¿Por qué se produjo, sin embargo, el triunfo del cristianismo?
Desde luego, no por la violencia o el poder político. De ser así, habría sido el paganismo el que, en el espacio de tres siglos, habría logrado extirpar al cristianismo del mapa imperial.
Puede leer aquí el artículo completo de este escritor, historiador y teólogo de fe protestante titulado El triunfo cristiano que olvidó Abenámar
ISABEL PAVÓN
Érase una vez Margarita, una linda flor que, con el poder de sus pétalos, designaba el sí o el no quiero a quien se acercaba a consultarle. Sus respuestas eran tajantes. Entre sus respuestas no cabía un “luego veremos”, un “voy a pensarlo”, un “ya decidiré...”. No. Las respuestas de Margarita eran tan afiladas como la hoja de un cuchillo que logra cortar de un tajo aquello que se propone.
Margarita, a la vez, exigía servidumbre. Era..., cómo decirlo..., ella era como la reina de un jardín donde no debía existir la sumisión, pero existía. Si el pétalo que Margarita mostraba llevaba escrito un “sí”, cualquier cosa se llevaba a cabo. Si llevaba un “no”, ¡para qué dar más explicaciones!
Tan grande y antigua era la tradición de supremo poder que rodeaba a Margarita que, la decisión de sus pétalos, no dejaba lugar a dudas.
Margarita, eso decían, había nacido para ser mandar. Cada mañana, al abrirse de nuevo, se vestía con su propia magnanimidad y se colocaba una gran corona de honor.
Puede leer aquí el artículo completo de esta escritora y miembro de una Iglesia evangélica en Málaga de fe protestante titulado La voz cantante de Margarita
Viernes, 1 de junio
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal