NOA ALARCÓN
Estos últimos días me acompaña una sensación de congoja que toma la palabra en mi mente en los silencios previos a subirse al autobús o al metro, o justo antes de que el semáforo se ponga en verde para cruzar. Por un lado, he hecho mucho el vago esta última semana, y mi videoconsola es testigo de ello. Por otro lado, lo último que he leído me ha dolido un poco en mi amor propio.
Vuelvo a Henry James. Vagueando un día, remoloneando en vez de dedicarme a algo útil, entré en una librería y encontré un volumen perdido con tres obras menores del gran maestro, y me lo llevé a casa compulsivamente.
Uno de esos cuentos era La lección del maestro. Está escrito en 1888 y reeditado en 1892, y posteriormente, una y otra vez, reescrito y reeditado por ese afán compulsivo de Henry James que nunca daba una obra por terminada, ni aunque pasaran diez años. En su línea, lo que mueve la trama no son las acciones de los personajes, sino sus psicologías, en un delicado juego de ambigüedades y sutilezas.
Puede leer aquí el artículo completo de esta escritora y filóloga de fe protestante, titulado De mayor quiero ser Ana María Matute.
Viernes, 1 de junio
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal