CARLOS MNEZ. GARCÍA
En la comunidad de fe su testimonio es vital, vivificante. Siempre son necesarios los referentes palpables que, pese a la misma fragilidad humana que comparten con nosotros, trascienden y nos dejan ejemplos de inspiración en la tarea de proseguir al blanco, es decir, en seguir las pisadas de quien “se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos” (Filipenses 2:7, NVI).
El libro de los Proverbios tiene entre los temas que lo recorren de principio a fin el de la sabiduría y las características de los seres humanos que describe como justos. Éstos últimos son caracterizados como quienes tienen un conocimiento, racional y espiritual, de quién es Dios, su actuar en la historia general y personal, así como su carácter moral que debe reflejarse en aquellos que dicen conocerle. Los Proverbios claman por la integridad de los que están en posiciones de liderazgo social, y también dentro de los pequeños espacios de las relaciones humanas que tienen lugar en la familia y el trabajo. De ahí que en el capítulo 11 versículo 3 leamos: “A los justos los guía su integridad; a los falsos los destruye su hipocresía”. Recordemos que hipocresía es, como la describe el diccionario de la Real Academia Española, el “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”.
Puede leer aquí el artículo completo de este periodista y sociólogo mexicano de fe protestante titulado La memoria de los justos
Martes, 14 de febrero
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Pedro Tarquis
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