EDITORIAL
Un hombre vivía como un indigente guardando en su casa lingotes de oro por 800.000 euros. Fue denunciado debido al mal olor de las basuras que acumulaba. Sus “tesoros” olían mal. No es un cuento. Es una noticia que publicamos esta semana.
No podemos dejar de hacer un símil con nuestra sociedad de la opulencia. Vivimos como si lo único que valiese de verdad fuese el tener dinero, los “rollitos sexuales” (de primavera, verano, otoño o invierno), o el tener el último alarido técnico.
Mientras hay seres humanos que son esclavos de las carencias, el mundo rico bosteza aburrido entre sus tesoros que huelen mal. El mundo rico trabaja como esclavo de multinacionales que le enseñan a consumir, igual que antes enseñaron a fumar, hasta que se evidenció que el gasto social y sanitario superaba al del negocio de ayudar a convertir la vida –y el dinero- en humo.
(Por eso las multinacionales del tabaco se dedican ahora al Tercer Mundo. Allí no hay problemas sanitarios: las personas mueren de cáncer de pulmón o de infarto sin coste alguno para el Gobierno de turno).
Pueden leer aquí completo el Editorial de Protestante Digital titulado El indigente millonario
Martes, 14 de febrero
Pedro Tarquis
Francisco Baena Calvo
José Rubio y César Luis Caro
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes