300. Libertad o sumisión
16.04.07 @ 23:30:04. Archivado en Sociedad
Pese a la LOGSE, existen en la Historia -con mayúsculas- de la Humanidad momentos decisivos; momentos donde los acontecimientos deciden inexorablemente una dirección o su contraria. Momentos donde el destino de los pueblos y por tanto el de cada uno de sus miembros, toman una dirección. Y desde todas las batallas de la Antigüedad, el binomio ha sido siempre el mismo: libertad o sumisión. El camino de la Humanidad para depurar los valores superiores de organización social ha sido irregular, pero desde la Polis griega, la elección fue la libertad frente los vecinos, por encima de cualquier otra consideración. No todos los pueblos de la Antigüedad supieron poner este sublime valor en la cúspide de sus decisiones políticas, y pese a las ganancias a corto plazo que pudo reportarles negociar con vecinos poderosos y amenazantes una especie de protectorado para obtener seguridad y confort económico, a cambio de dejar de decidir sobre sus asuntos, a la larga tal actitud se reveló como un lento suicidio, y terminaron por perecer como pueblos.
La lista de pueblos es larga. No hay más que consultar cualquier libro de Historia. Pero el mundo griego, nuestros abuelos en el pensamiento político y cultural, dió con la piedra filosofal de la inmortalidad como pueblo: no hay nada que merezca conservarse si es al precio de perder la libertad. No hay nada que realmente reporte mayor beneficio, que defenderla a toda costa. Al precio que sea. Aunque se pierdan batallas. A la larga es el mejor seguro de supervivencia. Salgo, como habrán comprendido ustedes, de ver la película «300». ¿Chiflado Leónidas, que pensó que con 300 hombres podría hacer frente a los miles y miles de persas que amenazaban su reino? ¿no le hubiera sido más rentable negociar con el poderoso Jerjes una rendición pactada, para poder seguir con sus asuntos, eso sí, bajo la supervisión del nuevo amo? y en ese caso, ¿hasta cuando, y con qué límites? Tarde o temprano habría comprobado que su rendición y pleitesía sólo habían retrasado un poco su aniquilación. No tenía elección, aunque él tuviera que perecer, pero la libertad que defendía para su pueblo, sería una fuerza imparable,que finalmente derrotaría al tirano. El diálogo entre Jerjes y Leónidas es toda una lección de lo que supone ser un hombre libre. Y a nuestro Occidente decadente y acomodaticio no le va a gustar oirlo. Pero la lección de las Termópilas es clara: luchar por la libertad, a la larga, no es más que cuestión de supervivencia. Es de inteligentes comprenderlo. Aunque no nos guste admitirlo.
Por Victoria Llopis Carrasco. PROFESIONALES POR LA ÉTICA, CASTILLA-LA MANCHA
Comentarios:
Cuando mueres por luchar por la libertad tuya y de los tuyos, y todos caen por ese motivo, no es de inteligentes, sino de necios, por no haber medido bien las consecuencias.
La libertad del "héroe" no es la misma que la del ciudadano de a pie. Hermosa la leyenda, hermosos los párrafos en negrilla, pero resultados deprimentes.
A veces, sobrevivir parte de la adaptación a condiciones infrahumanas, seguido de la superación diaria. Abrazos.
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