San Pablo vuelve a unir
24.06.08 @ 23:58:30. Archivado en Piedras vivas, San Pablo vuelve a unir
San Pablo vuelve a unir

Como un pequeño paréntesis en la diaria mirada hacia lo que la Iglesia supone para muchos (entre los cuales están los que la atacan porque no la entienden, los que la atacan porque la entienden demasiado y los que la atacan, simplemente, por vicio adquirido al pertenecer a alguna ideología malsana) una noticia ha venido a llenar el vacío que, día a día, deja la realidad al sentir religioso.
Según cuenta las noticias referidas al tema en cuestión, “El Patriarca de Constantinopla acompañará al Papa en la apertura oficial del Año Paulino”.
El Año Paulino comenzará el próximo día 28 de junio y finalizará el 29 de junio del próximo año 2009 y tendrá como objetivo principal conmemorar los dos mil años del nacimiento del llamado Apóstol de las Gentes pues eso le fue encargado: que fuera transmisor de la Buena Noticia a los gentiles.

Tal año tendrá un sentido, sobre todo, ecuménico, pues el Apóstol de Tarso, en sus viajes, ha dicho Benedicto XVI, “se prodigó completamente por la unidad y la concordia de todos los cristianos”.
A este respecto, el Cardenal Andrea Cordero Lanza de Montezemolo (Arcipreste de la Basílica de san Pedro extramuros), en entrevista concedida a www.primeroscristianos.com concretó los objetivos principales de este especial año:
“El Papa ha señalado dos principales objetivos para este año:
1.-El primero es conocer y hacer conocer mejor, de modo más profundo, la figura de San Pablo, puesto que su itinerario y su pensamiento no son aún suficientemente conocidos.
2.-El segundo objetivo es de tipo ecuménico: la Basílica de San Pablo, a diferencia de las otras tres basílicas papales, tiene como objetivo principal trabajar, rezar y obrar por el ecumenismo, para que todos los cristianos sean una sola cosa. Así, este año será una ocasión ideal para que los cristianos católicos y no católicos puedan conocer mejor la vida y escritos del Apóstol”.
Y dentro de lo que es, propiamente, ecumenismo, el hecho mismo de la noticia a la que hemos hecho referencia arriba (que Su Beatitud Bartolomé I) tiene, digamos, antecedentes bien positivos.
Ya declaró, el 4 de diciembre de 2007 que “es nuestra obligación más que nunca reclamar las raíces cristianas de Europa y la unidad espiritual, sacramental y doctrinal que se tenía antes del cisma de las dos Iglesias”

Por eso el gesto, tan especial por su significado y tan contundente por su eficacia lo es de cara a un acercamiento mayor de las Iglesias ahora distanciadas.
Pero, ¿Qué es lo que san Pablo haría de haber llevado a cabo su labor hoy día?
El P. Fernando Pascual, en artículo publicado en www.es-catholic.net nos da respuesta a esta pregunta:
”La respuesta puede encontrarse de modo bastante sencillo: san Pablo actuaría hoy como actuó en el mundo (también pluralista) en el que le tocó anunciar el Evangelio.
En primer lugar, san Pablo viviría hoy en una profunda actitud “eclesial”, unido a san Pedro y sus sucesores (los Papas), y a los apóstoles y sus sucesores (los obispos) Su trabajo encajaría plenamente en esa unidad profunda que nace de la misma fe, de la misma esperanza, de la misma caridad, porque somos un mismo cuerpo al participa de un mismo pan: Jesucristo (cf. 1Co 10:17)
En segundo lugar, san Pablo buscaría predicar a Jesucristo a través de todos los medios que tuviera a su alcance. Antes hablaba a viva voz o escribía cartas; viajaba a pie, cabalgando o en barco. Hoy se movería en un tren o en un avión; seguiría usando la palabra oral y escrita, y la haría oír en la televisión y la radio, en internet y en la prensa diaria.
En tercer lugar, san Pablo apoyaría todo su trabajo apostólico en la oración y la renuncia de sí mismo. Estaría convencido de que debe rendir cuentas a Dios y no a los hombres (cf. 1Co 4:1-4); por lo mismo, no dejaría de aprovechar ninguna ocasión para gritar, para predicar, para anunciar que Cristo es el Salvador del mundo, el Redentor del hombre.
En cuarto lugar, mantendría vivo, en lo más profundo de su corazón, el anhelo por sus hermanos, el Pueblo elegido, el Israel de Dios. Gritaría hoy, como hace casi 2000 años, su amor hacia los judíos. “Hermanos, el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios en favor de ellos es que se salven. Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. (...) Porque el fin de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente. (...) Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rm 10,1-9)
En quinto lugar, trabajaría a fondo para proteger a tantos cristianos que viven bajo la amenaza del engaño, de la idolatría, de las ideas vanas, del paganismo. O que se fijan en la “justicia humana” y olvidan la justicia divina, o que se cierran al amor para vivir en la amargura de la inmisericordia”.
Por tanto, no rechazaría el Magisterio del Santo Padre; haría uso de los medios que hoy día existen, para predicar; renunciaría a sí mismo para darse a los demás; no olvidaría su origen ni, tampoco, al pueblo que fue elegido por Dios, el pueblo de Israel; trataría de hacer ver la luz, de Cristo, que a él le deslumbró.
Y son evidentes razones ecuménicas porque pretenden ser una forma de relación entre cristianos que obvie las diferencias que existen entre nosotros. Aquel cor unum et anima una (“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma“, dicen los Hechos de los Apóstoles en 4:32) puede volver a pronunciarse con total efectividad.
Sobre la función que, sobre todo, llevó a cabo Saulo (luego Pablo) el Cardenal Cordero, en la entrevista citada arriba, concreta la importancia que tiene san Pablo en el cristianismo y en la vida de todo cristiano:
“Cuando Saulo cayó del caballo camino de Damasco -aunque los Hechos de los Apóstoles no hacen referencia explícita a una caída del caballo propiamente, es de suponer que fue así- y quedó ciego, Dios llamó a Ananías con unas palabras que me gusta recordar a menudo: ‘Búscalo porque este es un instrumento que yo he reservado para hacer conocer mi nombre a los judíos y al mundo’. Esto es como darle a San Pablo unas credenciales, un pasaporte; y es el resumen de lo que es este apóstol. Es lo que nosotros queremos hacer, cumplir este mandato, esta misión que el Señor le otorgó en Damasco, que le hizo cambiar completamente manteniendo al mismo tiempo toda la cultura hebraica, fundamento de todo el cristianismo”
Por eso no sólo asistirá el Patriarca de Constantinopla en la jornada, digamos, de apertura, del Año Paulino, sino que, además, también asistirán representantes de otras Iglesias y comunidades cristianas, con lo cual la dimensión ecuménica ganará en riqueza y el acercamiento entre unos y otras será fructífero y, seguramente, duradero.
Será bueno, para todos los discípulos de Cristo, que muchos, hoy día, también se caigan de su particular caballo de mundo y vacío y vean, como hiciera aquel al que ahora recordamos (al menos, durante un año) y que, camino de Damasco pasó de ser perseguidor a ser perseguido.
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Eleuterio Fernández Guzmán
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