Política y Religión no son buena mezcla
29.03.08 @ 00:46:00. Archivado en Piedras vivas, Política y Religión no son buena mezcla
Política y Religión no son buena mezcla
Muchas veces la realidad de la Iglesia se topa con situaciones que son, a fuerza de mirarlas, algo negativas para la imagen que, de aceptación del otro, ha de dar al mundo en el que vive.
No vaya a creerse que la relación entre política y religión y lo que tal cosa pueda suponer no es un tema que la doctrina de la Iglesia no haya tocado o entrado en él.
Ya desde el principio de los tiempos cristianos (incluso antes de ser denominados de tal forma los discípulos de Cristo) Jesús dijo aquello de “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21)
Porque, hay que partir de la idea de que entre el Estado y la Iglesia tienen que establecerse relaciones de las que puedan recogerse los mejores frutos aunque también tenga que existir una distancia que sea, además, reconocible.
Las tradiciones relacionadas con la práctica de la fe son resultado de la fructificación de aquella en el mundo.
Pero, por otra parte, la Iglesia, surgida dentro de la sociedad de la época, en aquel siglo, se constituyó con personas que, de diversos ámbitos sociales, formaron aquel primer grupo de discípulos. Por eso ser social es, esencialmente, una forma de manifestarse sin la cual no podría entenderse el devenir que, desde aquellos años, ha traído la palabra de Dios hasta los nuestros y las consecuencias prácticas de orden, también, civil, que se han venido produciendo.
Sin embargo, a pesar de lo que, muchas veces, pueda pensarse, a decir de don Richard John Neuhaus (Presidente del Instituto de Religión y Vida pública de Estados Unidos, y editor jefe de la revista First Things) “La Iglesia no compite –ni resulta una amenaza– con los responsables del correcto ordenamiento de lo temporal. Muy al contrario, la Iglesia ayuda y colabora con los que corren a cargo de esa responsabilidad” (En conferencia pronunciada, en el Congreso Católicos y Vida Pública organizado por la Universidad San Pablo-CEU en Madrid el 20 de noviembre de 2005)
De aquí que Benedicto XVI dijera, en una visita llevada a cabo en Verona el 19 de octubre de 2006 que la Iglesia "no es ni pretende ser" un agente político.
Por tanto, no resulta conveniente que las personas que representan a la Iglesia (sea en el nivel que sea) se alineen con determinadas posturas políticas. Esto, no obstante, no conviene confundirlo con el hecho de que determinada postura política pueda defender elementos de la doctrina de la Iglesia y pueda producirse, en tal situación, una confluencia de intereses. Pero no es lo mismo una cosa que la otra.
Pero, claro, aunque no es posible que exista una falta de contacto entre la Iglesia y la política porque es, simplemente, tal cosa, imposible, bien ha dicho don Ricardo Blázquez (en aquella fecha, 24 de enero pasado, aún Presidente de la Conferencia Episcopal Española) que "La relación entre Iglesia y política debe ser de mutua independencia" (lo dijo, esto en el Foro de Cádiz)
Por lo tanto, la actuación de uno y otro ámbito ha de tener, en general, un destino claro: el mejor desarrollo de la sociedad en la que, tanto la Iglesia como la política, se encuentran.
Y ¿Qué es lo que se ha de buscar?
Sobre todo, el trato en igualdad y en libertad. Por eso extraña que el Abad de Montserrat pueda entender que desde la COPE (que, a contrario de lo que se dice de forma torticera, no es la “emisora de los obispos”) diga lo que ha dicho como si no nos diésemos cuenta que los intereses, aquí, son más políticos que evangélicos puesto que no se ataca, desde tal emisora, a Cataluña, en general, sino a ciertas actitudes de ciertas personas de ciertos partidos políticos catalanes.
Es por eso que al no haber crítica a lo general sino a lo particular y casi sectario el creer que se actúa y habla contra lo general acaba perturbando, a la fuerza, a lo particular que se ve reforzado, en sus pretensiones, por la intervención de personas que, como el Abad de Montserrat ha equivocado, sin duda, el papel que debe ocupar en Cataluña según el cargo que desempeña.
Ya sabemos que, en algunas autonomías españolas (digamos en Vascongadas y en Cataluña) cierto sector de la Iglesia tiene tendencias, digamos, algo nacionalistas. En eso apoyan su actuación y, claro, su crítica a lo que, en general, se denomina jerarquía eclesiástica.
Por tanto, cuando alguien perteneciente a la Iglesia actúa llevado por una idea política bien puede decirse que no lo hace de acuerdo con lo que, en general, dice la doctrina de la Esposa de Cristo.
Y también sabemos que cuando se reciben críticas que, bien fundamentadas en hechos palpables y demostrables con datos y leyes (ahí está el nuevo Estatuto de Cataluña con evidentes ataques a la vida humana que deberían ser bien contemplados por los miembros de la Iglesia que, en aquellas tierras, peregrina) y se opta por querer callar al mensajero no se puede esperar nada bueno de tal intento.
Este “trabajo sucio” no le corresponde hacerlo a la Iglesia (ni en Cataluña ni en ninguna otra parte de España) porque ya hay suficientes traidores en nuestra patria que se están encargando de eso.
“Ora et labora” es una buena recomendación a seguir.
Orar ya sabemos lo que quiere decir; trabajar también. Por eso no conviene equivocar el sentido del esfuerzo y de la labor.
Es tan costosa y lleva, a veces, implícita, tanta cruz...
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Eleuterio Fernández Guzmán
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