La Palabra del Domingo- 11 de noviembre de 2007
04.11.07 @ 18:14:12. Archivado en La Palabra del Domingo (Sobre el Evangelio), noviembre, 11, de 2007
La Palabra del Domingo
11 de noviembre de 2007
Lc 20, 27-38
27 Acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: 28 "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.
29 Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; 30 y la tomó el segundo,31 luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos.
32 Finalmente, también murió la mujer.
33 Esta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer."
34 Jesús les dijo: "Los hijos de este mundo toman mujer o marido;
35 pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, 36 ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. 37 Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor = el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. =
38 No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven."
COMENTARIO
Dios de vivos
1.-Muchas personas no estaban de acuerdo con lo que decía Jesús en muchos temas. Uno de ellos era el de la resurrección. Los saduceos no creían que eso fuera posible, y la discusión con ellos sirvió para clarificar algunos conceptos que, seguramente, no habían comprendido.
2.-El caso que le plantean a Jesús para tenderle una trampa provenía del hecho de que los saduceos aplicaban a la vida sobrenatural criterios de la vida natural, o humana. Tenían el pensamiento según el cual el más allá es igual que el vivir en la tierra.
3.-Pero Jesús, que lo tenía todo bastante claro, aprovechó tal momento para dejar claro que una vida y otra no son, precisamente, iguales y que conocer esto es fundamental para la vida de los que, en verdad, creen en Dios.
4.-Una cosa quiere dar a entender Jesús y es que no todo el mundo (¡ojo con esto!) alcanzará la resurrección de los muertos sino que hay que ser dignos para eso. Dice que “los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo…”. Por tanto, se hace necesario hacer lo que está de nuestra parte (creer, amar, corresponder, perdonar, etc) para alcanzar esa dignidad.
5.-En cuanto a lo de la resurrección, no está Jesús en disposición de admitir lo que dicen los saduceos sobre ella. Es claro que no es Él sólo el que dice eso (que ya sería suficiente) sino que el mismo Moisés (en el que tenían su apoyo los miembros del pueblo judío como era, por otra parte, de esperar) el que ya lo había dicho. Por tanto, no era ninguna novedad en cuestiones de Fe. Lo que pasaba es que unos estaban de acuerdo y otros no y Jesús quería indicarles lo que, en realidad, era importante.
6.-Lo que, en realidad, es de destacar en este texto de Lucas es que Jesús dice algo que es fundamental: “No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven”.
7.-En primer lugar, que Dios es un Dios de vivos. Con esto lo que pretendía era decirles, en primer lugar, que la Fe que los sostenía tenían que llevarla a la práctica y que no había que pensar, sólo, en la vida eterna porque hacerlo así era, seguramente, bloquear la puesta en práctica de los mandamientos que el mismo Moisés transmitió a su pueblo.
8.-Pero que Dios era un Dios de vivos también les debía querer decir algo más. El “para él todos viven” era síntoma de vida eterna. Por eso debían comprender el significado de su Ley, de sus mandamientos y, luego, de las bienaventuranzas que antes ya había pronunciado y recogido en este mismo Evangelio (Lc 6, 20-22) el médico de Pablo. Era, por tanto, reconocer eso porque, de otra forma, no se alcanzaría la resurrección de vivos que tanto ansiaban.
9.-Por eso, nosotros debemos preguntarnos qué es más importante para nosotros. En este mundo por el que pasamos, peregrinando para la vida eterna, podemos decidir entre hacer lo que nos corresponde como hijos de Dios o, al contrario, comportarnos, exclusivamente, como hijos de este mundo, mundanizando nuestro comportar.
Sin embargo, ya sabemos lo que nos espera. Jesús lo dijo con una claridad meridiana.
ORACIÓN
Padre Dios; ayúdanos a entender que la vida eterna no tiene porque seguir criterios humanos; ayúdanos a no querer llevar allí nuestros errores.
Gracias, Señor, por poder transmitir esto
El texto bíblico ha sido tomado del Servicio de Biblia de www.catholic.net
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Eleuterio Fernández Guzmán
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