El Domingo de la Palabra - 27 de mayo de 2007
21.05.07 @ 00:01:05. Archivado en La Palabra del Domingo (Sobre el Evangelio), mayo, 27,de 2007
El Domingo de la Palabra
27 de mayo 2007
Jn 14, 15-16.23b-26
15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; 16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
"Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. 25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.
COMENTARIO
Con el Espíritu
1.- Hoy es un día muy especial; hoy es Domingo de Pentecostés. Cincuenta días después de la resurrección de Cristo, llega el momento, fundamental para la historia posterior de la humanidad, en el cual serán, digamos, enviados los discípulos a transmitir el mensaje de Jesús, a hablar sobre la Palabra de Dios y a extender su Reino por el mundo conocido.
2.-Pero ahora, en este momento, cuando el Mesías se encuentra reunido, cenando, en la que sería su último ágape con ellos en cuanto mortal, les transmite, les dice, les regala, lo que será su futuro, casi inmediato. Como otras veces había dicho, vendría, a ellos, el Espíritu Santo, el Paráclito, el segundo Defensor (pues Cristo era el primero) para hacer algo por ellos, para seguir instruyéndolos en el conocimiento de la Verdad.
3.-No es, sin embargo, tan fácil como podría parecer. No se iba a obtener todo, digamos, sin ningún esfuerzo. Había, hay, que hacer algo que no era, es, algo poco importante. Sobre todo, sobre todas las acciones, había, hay, que amar.
4.-Si habláramos en un lenguaje jurídico diríamos que ese “amor” es una conditio sine qua non, o, lo que es lo mismo, algo sin lo cual no se produce una consecuencia buscada o esperada. Aquí se necesita hacer algo efectivo, algo que suponga un querer, un sentir lo que se hace; una, al fin y al cabo, manifestación de acatamiento.
5.-El amor exigido (¡sí, exigido!) por Jesucristo para poder recibir, de forma efectiva y gozosa, al Espíritu de Dios, supone dos cosas: en primer lugar, guardar los mandamientos de Dios; en segundo lugar, guardar la Palabra de Dios. Y esto, para mí, supone dos formas de llevar a cabo nuestra vida. Por un lado cumplir la verdadera Ley de Dios es requisito imprescindible si se quiere seguir una vida acorde con el Creador. Eso es lo que Jesús le pregunta al joven rico que quería seguirle, que sí había cumplido los mandamientos. Éste le contesta que sí. Pero le faltaba algo más, le faltaba cumplir del todo.
Por eso no se queda ahí Jesús, sino que, como muchas otras veces, da un paso más. El segundo requisito es guardar la Palabra de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Sobre todo, no entiendo que se refiera, sólo, a que la aprendamos, a que la aprendieran de memoria sino a otra cosa más importante: a dar cumplimiento a su contenido, es decir, a hacer lo que Dios quería que se hiciera. Por decirlo pronto, eso suponía ir un poco más allá de los mandamientos (y no quiero decir, con esto, que existiera alguna norma que fuera más importante sino que había algo que lo perfeccionaba y era lo que sigue) Ese profundizar en la Palabra de Dios, para darle verdadero cumplimiento, era el hacer caso a lo que se ha dado en llamar el Sermón de la Montaña. En aquellas bienaventuranzas, Jesús da forma a lo que ha de ser el Reino de Dios, ya, en este mundo porque del comportamiento acorde con esas, digamos, exhortaciones al amor, se derivarían grandes beneficios (leerlas debe ser suficiente como para entenderlo: Mt 5, 3- 12 y Lc 6, 20-23).
6.- Entonces, al cumplir eso que dice Jesús, ¿qué se obtiene? Por de pronto, hacer la voluntad de Dios y eso ya debería ser recompensa suficiente. Sin embargo, por si no fuera eso ya bastante, en primer lugar, acudirá a nosotros el Espíritu Santo, como ya habíamos dicho antes, que nos “lo enseñará todo” (porque Jesús no había tenido suficiente tiempo ni sus contemporáneos suficiente entendimiento) y, además, en apoyo de su enseñanza, nos “recordará todo” lo que Jesús nos había dicho. Es decir, que el Paráclito, el Defensor tenía la misión, y tiene, de ir conformando nuestro corazón y nuestro pensamiento atendiendo, en primer lugar, a lo que sabe (que es todo) y, en segundo lugar, actuando sobre nosotros para que, recordando lo hecho y dicho por el Primer Paráclito (Cristo) tuviéramos presente aquello y lo pusiéramos en práctica.
7.-Además, se quedarán, Jesús y su Padre (al ser la misma persona no es difícil de entender) en nosotros, pero sólo a cambio de que se les ame. El uso de ese condicional “si” indica que es necesario amar, que es necesario corresponder al amor con amor, que es necesario no permanecer como estatuas que tienen el corazón de piedra sino como piedras vidas que conforman la Iglesia de Cristo. Así, y sólo así, harán morada en nosotros el Padre y el Hijo y, con ellos, el Espíritu Santo.
8.-Tenemos, pues, una advertencia: es, digámoslo pronto, obligado (para un discípulo de Cristo) amar. De otra forma, no es que no le tendremos a Él ni a Dios ni al Espíritu Santo y lo habremos elegido así, voluntariamente, es que, sencillamente, no seremos, verdaderamente, seguidores, discípulos del Maestro que nació en Belén de una Virgen que, ella sí, guardó los mandamientos de Dios y la Palabra de Jesús pues eran, al fin y al cabo, la misma cosa, un origen y su confirmación.
ORACIÓN
Padre Dios; ayúdanos a guardar tus mandamientos; a hacer de ellos un escabel desde donde mirar al mundo con amor; a sentirlos cerca para sentirte a ti. Ayúdanos, Padre Dios, a no olvidar que tu Palabra es eterna y que eterna es la salvación que nos promete. Que sepamos transmitir esta realidad, aunque sea ardua la tarea y escasa la cosecha.
Gracias, Señor, por poder transmitir esto
El texto bíblico ha sido tomado del Servicio de Biblia de www.catholic.net
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Eleuterio Fernández Guzmán
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