El Misterio de la Navidad
24.12.07 @ 17:29:52. Archivado en Predicación
“Tú has nacido para nosotros. Niño pequeño, ¡Dios eterno!”. El misterio de la Navidad tiene que ver con este “admirable intercambio”: Dios, el eterno, nace y se nos da en la figura de un Niño.
No resultaría convincente un “discurso” sobre la Navidad. Mejor es contemplar y callar y admirar. Nada hay de aparatoso en el Nacimiento de Dios. Lo que destaca es la humildad: la humildad de un establo; la humildad de una familia pobre; la humildad de unos pastores que se asombran ante la cercanía de la gloria del cielo.
En Belén nace un Niño. La gozosa noticia de la Navidad es el nacimiento de un Niño. Todo nacimiento humano es signo de la grandeza de Dios, “Amigo de la vida”. El rechazo a dar posada a María y a José para que Jesús encontrase un lugar para nacer (cf Lucas 2, 7) se repite, con excesiva frecuencia, en nuestra historia. Por el misterio de la Encarnación, “en cada niño que nace y en cada hombre que vive y que muere reconocemos la imagen de la gloria de Dios, gloria que celebramos en cada hombre, signo del Dios vivo, icono de Jesucristo” (Evangelium vitae, 84). Contradice profundamente el mensaje de la Navidad la indiferencia con la que, en nuestro país y en otras sociedades supuestamente desarrolladas, asistimos a la destrucción de tantos niños a quienes se les arrebata, injustamente, el derecho a nacer. Niños arrojados al cubo de basura; niños triturados como desperdicios; niños rechazados; niños abortados por un mundo egoísta que no quiere compadecerse de los más débiles; que no se conmueve ante la debilidad de Dios en Belén.
Jesús nace en medio de la pobreza. Desde el primer instante, derroca nuestros ídolos; nuestros falsos dioses. Pensamos, erróneamente, que todo se puede comprar, que el dinero lo puede todo. Y el que es realmente Todo se hace casi nada y no teme compartir nuestra nada para darnos parte en su Todo. En Belén encontramos un nuevo criterio, una vara de medir, un punto de referencia certero para juzgar sobre lo que nos sobra y lo que nos falta. Lo que nos hace auténticamente ricos es la pobreza de Dios; es abrirnos a su gracia; es la superación de nuestro egoísmo insolidario y devastador.
En Belén deseamos, con su gracia, hacernos pobres como los pastores; sensibles ante la irrupción de la gloria del cielo. Dios nos da esa posibilidad: la posibilidad de nacer de nuevo, de nacer de lo Alto; de ser, no sólo criaturas, sino hijos en el Hijo.
Guillermo Juan Morado.
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Jesús al hacerse hombre se rebajó a la rastrera condición de una raza llena de asesinos que al estilo de Toni Blair llegan incluso a besar la mano de su mediador en la Tierra y a rebibir sus aprobaciones.
Son los signos de los tiempos que vivimos.
El que quiera entender que entienda.
un galego a Belén foi;
mentres adoraba ó Neno
comeulle o sombreiro o boi.
¡Deixádeos, pastores,
deixádeos pasar,
que van cantar ó Rei
a Xeús no portal!
San Xosé e máis María
van camiñando a Belén,
van cantando panxoliñas.
¡Cantémosllas nós tamén!
Nunhas pallas deitadiño
e en coiriños alí está
sendo o dono deste mundo
e Señor de canto hai.
¡Qué contento vou estar
cando chegue a vel-o Neno!
Dareille o meu corazón,
o mellor de canto teño.
(vilancico de Galicia)
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