El Adviento de José
23.12.07 @ 15:48:47. Archivado en Predicación
A lo largo de estas cuatro semanas de Adviento, la Iglesia ha proyectado ante nuestra mirada las principales figuras que ejemplifican la espera del Señor. Ante todo, Isaías y los profetas, portavoces del pueblo de Israel y, de algún modo, de toda la humanidad, expectante ante el deseo de la salvación. También Juan el Bautista, el Precursor, aquel que llama a preparar el camino al Señor y a enderezar los senderos. Y, de un modo excelso, María, la Virgen, que esperó el nacimiento de su Hijo con inefable amor de Madre.
En el Adviento hay otro protagonista, discreto y casi en segundo plano. Es san José, el Esposo de María. Ante lo que estaba aconteciendo con su mujer, José reacciona con admiración y perplejidad. Decide repudiar a María en secreto, sin denunciarla. Quizá no pensaba mal de ella, pues María era infinitamente digna de confianza, pero posiblemente barruntaba que en esa historia divina, que afectaba a su Esposa y a Dios mismo, él estaba de más. Mejor sería retirarse; retroceder ante la santidad de Dios y ante lo inefable de sus designios.
José no entiende el misterio que encierra la acción de Dios - ¿quién podría entenderlo? - , pero el ángel, el mensajero divino, le hace ver en sueños, le confirma, que la maternidad de María es obra de Dios. La Encarnación del Hijo de Dios es obra del Espíritu Santo. Dios, en esta revelación a José, descorre el velo de su misterio. Sigue siendo misterio, porque es cosa de Dios, pero este misterio se hace próximo a José, para que pueda aceptarlo en la fe, en la entrega confiada.
Además, José recibe una misión, una encomienda divina: será el padre legal del Niño que nacerá de María, su Esposa. E incluso le pondrá el nombre – una función específica del padre - : Se llamará Jesús; es decir, “Dios salva”.
En la Encarnación se cumple la señal dada por Dios a Acaz: Jesús es el Emmanuel, Dios con nosotros, el Salvador. San José asume su misión con responsabilidad y se incorpora, voluntariamente, al plan salvador de Dios con plena disponibilidad.
José es modelo de fe. La fe es entrar en contacto con el misterio; oscuro y luminoso, tremendo y fascinante. Dios irrumpe en la historia como el Dios Altísimo y, a la vez, paradójicamente cercano.
Qué, como José, confiemos plenamente en la palabra de Dios y nos abramos al misterio de la Encarnación, que celebramos en esta ya inminente Navidad.
Guillermo Juan Morado.
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