Leopoldo Eijo Garay, un vigués Obispo de Madrid
20.10.07 @ 23:53:49. Archivado en Fe y sociedad
A raíz de alguna informaciones inexactas publicadas en un periódico de Vigo sobre el Obispo Eijo Garay, he podido entrevistar a Santiago Mata, historiador y periodista, que ha estudiado a fondo la figura de Leopoldo Eijo Garay. Cuelgo aquí la entrevista que me ha publicado Vigometropolitano.com.
Santiago Mata, historiador y periodista
"El Obispo Leopoldo Eijo no marchó a Vigo por iniciativa propia al comienzo de la guerra civil"
Mata hizo su tesis doctoral en historia sobre el vigués Leopoldo Eijo Garay (1878-1963), obispo de Madrid
20 de octubre POR Guillermo Juan Morado
Vallisoletano de 42 años, Santiago Mata hizo su tesis doctoral en historia sobre el vigués Leopoldo Eijo Garay (1878-1963) y es periodista en La Gaceta de los Negocios (Madrid). A raíz de un comentario recientemente aparecido en la prensa viguesa, le hemos hecho, para Vigometropolitano.com, algunas preguntas sobre el comportamiento del entonces obispo de Madrid al comienzo de la guerra civil.
P. ¿Por qué se ha interesado por la figura de Eijo Garay?
R. Mi tesis doctoral, que terminé en 1995, formaba parte de un conjunto de estudios sobre la España de Franco. Mi director de tesis suponía que, dado que Franco y Eijo eran buenos amigos, encontraría documentación interesante sobre qué asuntos trataban entre sí. Lo cierto es que encontré poco de interés político, ya que precisamente por ser buenos amigos, cuando Franco y Eijo necesitaban realmente hablar, lo hacían de viva voz. Me parece que los gallegos entenderán esto. Así que mi director de tesis llegó a proponerme cambiar de tema. Pero para entonces la personalidad de Eijo, al margen de la documentación de interés político que pudiera o no encontrar, me había interesado tanto que decidí seguir adelante.
P. Se ha dicho que el Obispo Eijo huyó de la persecución religiosa. ¿Podría precisar este aspecto? ¿Cuándo y por qué sale de Madrid con dirección a Vigo?
R. Eijo no estaba al tanto de la conspiración contra la República, pero el 18 de julio, de parte del general Villegas le comunicaron que su vida corría peligro si no salía de Madrid antes de las 6 de la tarde. Eijo no quería abandonar su diócesis y por otra parte se había comprometido a ordenar a un sacerdote el día 19, así que "para no estorbar a unos y a otros", según el mismo dijo, marchó a las 6,30 - a esa hora ya ardía al menos una iglesia en la capital - a Torrelodones y en la madrugada ordenó al sacerdote. Él imaginaba que podría tratarse de un golpe militar cuya suerte se decidiera en cuestión de horas, y manifestó su deseo de regresar a Madrid. El alcalde, el juez y el párroco de Torrelodones le conminaban a irse a Vigo pero él no quería sufrir una suerte distinta de la de sus sacerdotes - en Madrid fueron asesinados 435 durante la guerra civil, aparte de 439 religiosos y 62 religiosas - y además unos jóvenes avisaron de que ya había un control de milicianos en Villalba, o sea entre Torrelodones y Vigo. Así que Eijo se fue a rezar y, aunque no contó esto más que a pocas personas que yo sepa, dijo que vio la carretera de Vigo iluminada por lucecitas y lo interpretó como una invitación a irse. Pero no huyó - y eso que en peligro de muerte es lícito para un obispo irse de su diócesis, como para cualquier persona tratar de salvarse -, prueba de ello es que no se quedó en Salamanca, donde un guardia civil se les cuadró y les dio nuevas del triunfo de la sublevación allí: él no buscaba salvarse, sino ir a Vigo. En el puerto de La Canda los detuvieron y él se identificó como obispo de Madrid (como tal iba vestido). No se arredró y ante un miliciano que criticó a quienes "no trabajan" le habló de lo que su madre tuvo que trabajar para que pudiera estudiar... Así pasó varios controles y no le detuvieron hasta llegar a Vigo.
P. ¿Cuándo él llega a Vigo, la ciudad estaba ya sometida por los sublevados?
R. Al contrario, había controles de milicianos. Eijo llegó en la tarde del 19 de julio y fue detenido en un control, pero la gente en la calle lo reconoció y obligó a los milicianos a que lo dejaran pasar.
P. ¿Es cierto que algún “comité popular” respetó la vida de Eijo?
R. Su prestigio en la ciudad era tal que, el día 20, estando el chófer en el taller lavando el coche, llegó un grupo de milicianos que requisaba los vehículos, y al preguntar de quién era aquel coche, y responder que del obispo de Madrid, uno de ellos dijo: "Ese, ni se toca". Ese mismo día se produjo la sublevación militar en Vigo.
P. ¿Era Eijo Garay enemigo de la República?
Eijo nunca dio la menor muestra de deslealtad y, en 1931, predicó que era preciso acatar el régimen no sólo exteriormente sino colaborando en conciencia. No obstante, después de la quema de iglesias tolerada y hasta incitada desde el gobierno en mayo de 1931, para Eijo la República perdió buena parte de su legitimidad y él se quedó más atrás que la CEDA: opinaba que "cooperar lealmente no es adherirse". La República ya no contó con su adhesión, pero eso no es deslealtad. Personalmente fue siempre monárquico: incluso durante el franquismo en su misa privada rezaba "por nuestro rey Juan", y por Franco como jefe ("dux" en latín), para él, por así decirlo, lugarteniente del rey, aunque ya se sabe que Franco y don Juan no podían ni verse.
P. Durante la Guerra Civil y después de la misma, ¿intercedió Eijo por la vida de algún republicano?
R. Según los testigos a los que entrevisté, en los primeros días de la sublevación, Eijo salvó la vida de mucha gente. Algunos acudían a él para que salvara a terceros, y así se salvó el médico José Ramón Castro. Hubo personas a las que Eijo trató de salvar, pero llegó tarde: es el caso de Álvarez Gándara, a quien mataron en Tui.

En cuanto pudo predicar, habló de perdón y, terminada la guerra, de que esperaba que la sangre de los mártires sirviera para "la conversión de tantos descarriados, a quienes también amo con entrañas paternales". Hizo su propia investigación con motivo de una misión general que organizó en Madrid en 1940 y se quedó horrorizado por el odio que permanecía en los corazones, particularmente en los de los vencidos. Siendo él de origen humilde, no podía comprender que para "dos días que vamos a vivir" (él cumplió los 60 años durante la guerra, pero aún vivió 25 más) los españoles nos odiáramos en lugar de ayudarnos como hermanos.
P. ¿Hasta qué punto se comprometió con el régimen de Franco?
R. Como católico, pensaba que hay que colaborar con cualquier régimen político que no sea radicalmente ilegítimo. La República, para Eijo, había dejado simplemente de existir: la guerra sólo podía terminar por la victoria de los sublevados. Conocía a Franco desde antes de la guerra y, una vez que el general fue elegido al frente de la sublevación, Eijo manifestó en privado que "siempre creí que él sería el salvador de España". Su sintonía con el régimen fue total hasta 1954 cuando, desengañado porque los falangistas no hubieran sabido solucionar los problemas sociales (particularmente el de la vivienda), se manifestó a favor de una apertura del régimen hacia un modelo capitalista que pudiera dar más garantías de estabilidad social. Según afirmó el capellán de Franco, Eijo era quien organizaba cada año - y muchas veces predicaba - los ejercicios espirituales al jefe del Estado.
P. ¿Cuál sería el balance histórico que usted podría hacer sobre la figura de Eijo Garay?
Eijo tenía una auténtica pasión por la unidad: un deseo de llevar al hombre todo - mente, voluntad, corazón - hacia Dios. Con el tiempo, fue tomando conciencia de la importancia de algunas facetas de esa pasión: desde su adolescencia, le apasionaba la unidad con el Papa y la importancia del sacerdocio; desde 1922, las misiones en tierras "de infieles"; desde 1931, al llegar la República, comprendió la importancia de la cuestión social, de la dedicación que debe la Iglesia a los más desheredados, esos mismos que entonces la atacaban. La cuestión social se manifiesta unas veces especialmente urgente en el suburbio, y más tarde en la vivienda o en la emigración. Desde el punto de vista eclesial, él mismo manifestó poco antes de morir que las atenciones que prodigó al Opus Dei "serán mis credenciales para presentarme ante el Juicio de Dios". Como él era el obispo de Madrid en 1928, le tocó examinar y aprobar a esta institución, y supo comprender que era algo querido por Dios. Su apoyo al Opus Dei le provocó incomprensiones que, a última hora, le impidieron entre otras cosas ser arzobispo de Toledo (ser "primado de España" en 1940 no era poca cosa: Madrid era un obispado dependiente de Toledo). Éste no fue el único motivo para que no fuera elegido, ya que por entonces era preciso "extender un manto moral y halagar" a la Falange: en cualquier caso, violentar la propia conciencia. Y cuando a Eijo le dijeron que defendiendo al Opus Dei se jugaba la mitra de Toledo, respondió: "me juego el alma".
P. ¿Cree que es suficientemente conocido este personaje?
R.En España desde luego que no. Pero cada país tiene sus virtudes y defectos y la gratitud no es moneda frecuente aquí. Nadie es profeta en su propia tierra.
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Puestos a sacar fachas del armario, ¿por qué no nos cuelguas algún panegírico del cristanísimo caudillo salvador de España?
Porque ya se ve adonde se llega en este teatrillo de la confusión. ¡Manda ovarios!
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Guillermo Juan Morado
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