Bautismo, Confirmación, Eucaristía; mejor, en este orden
03.07.07 @ 16:16:24. Archivado en Fe y teología
El orden es la colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. En la iniciación cristiana existe un orden, una disposición adecuada. Los fundamentos de la vida cristiana se ponen mediante los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. Esta sucesión no es puramente aleatoria o arbitraria, sino que responde a la verdad de cada uno de estos sacramentos y a la verdad del proceso iniciático considerado en su unidad y en su conjunto.
El “Catecismo” recuerda la analogía, la similitud, que existe entre la vida natural y la vida sobrenatural. Así como en la vida natural hay un origen, un crecimiento y un sustento, así en la vida sobrenatural se da un renacimiento por el Bautismo, un fortalecimiento por la Confirmación y un alimento mediante la Eucaristía (cf “Catecismo”, 1212).
La recepción del sacramento de la Confirmación es necesaria “para la plenitud de la gracia bautismal” (cf “Catecismo”, 1285). Lo que no ha llegado a la plenitud no ha alcanzado aún su totalidad, su integridad, su culminación. En esa situación de cierto inacabamiento se encontrarían los bautizados todavía no confirmados.
Es precisamente por esta razón, por ver en la Confirmación la plenitud del Bautismo, por lo que se había ido reservando, en Occidente, la Confirmación al Obispo. Razón históricamente comprensible, pero hoy, en la práctica, absurda, en la medida en que se pospone la recepción de un sacramento, con el pretexto de reservarlo al Obispo, cuando al final confirma cualquiera, aunque no sea Obispo. ¿Qué significatividad tienen, en el plano sacramental, cargos administrativos como los de Delegados Episcopales o de Vicarios?
Otro error consiste en malinterpretar el sentido de la Confirmación, entendido como sacramento de la “madurez cristiana”, como si la edad adulta en la fe equivaliese sin más a la edad adulta del crecimiento natural (cf “Catecismo”, 1308). No es así. La Confirmación no es la “puesta de largo” ni la “jura de bandera”, ni otro rito de entrada en la sociedad adulta. La historia de tantos niños que, en edad temprana, han confesado a Cristo con el martirio prueba que no es igualable de modo automático la madurez en la fe con la madurez en los años.
Tampoco es la Confirmación una “ratificación” de la gracia bautismal, como si la elección gratuita de la que hemos sido objeto por parte de Dios en el Bautismo quedase en suspenso y necesitase de una aprobación ulterior para hacerse efectiva.
La culminación, no sólo del Bautismo, sino de todo el proceso de la iniciación cristiana no es la Confirmación, sino la Eucaristía: “Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor” (“Catecismo”, 1322).
Escribo sobre estos temas a raíz de un “debate” mantenido en un Consejo Presbiteral, no importa de dónde. Creo que, a nivel de expertos, con excepciones – que siempre las habrá – la cuestión está clara. A nivel magisterial, parece que también lo está. Baste leer cuanto escribe el Papa en “Sacramentum caritatis”, 18. Quizá falta concretar medidas prácticas; es decir, establecer que la Confirmación – dejando a parte la cuestión de la iniciación cristiana de adultos - dejará de administrarse a los 14 años y pasará a celebrarse a los 7 u 8 años, antes de que los niños, ya bautizados, reciban por primera vez la comunión.
Guillermo Juan Morado.
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Cuando más pequeños mejor...así no piensan no sienten no deciden...y aumenta la estadistica...
Bueno, para mí fue un proceso desde la fe a la crisis, desde la crisis al reencuentro. Tal vez algún día me anime a contarlo.
Vamos que prefiero la Confirmación a una edad adulta.
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Guillermo Juan Morado
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