Pendientes del Euribor
06.02.07 @ 22:19:10. Archivado en Fe y sociedad
Entre las necesidades fundamentales de una persona, y de una familia, está la de una vivienda digna; de un lugar adecuado donde morar. Asistimos a la paradoja de que algo tan básico resulte para muchos inaccesible. Parece que la vivienda se ha convertido más en objeto de especulación que en un bien que habría que facilitar a todos.
Salvo quienes gozan del escaso privilegio de un salario alto y de un trabajo estable, a los demás ciudadanos les toca la tarea de realizar un ímprobo esfuerzo para hacerse con un pequeño piso, que no puede ir más allá, seguramente, de dos habitaciones, si es que se quiere hacer frente a una hipoteca que durará, en la práctica, toda la vida y que, ante el menor contratiempo, convertirá en incierta y en precaria la existencia de muchas familias.
A nadie se le ocultan las consecuencias que este problema acarrea: los jóvenes, si se casan, lo hacen cuando ya han sobrepasado la treintena; los hijos, si se tienen, no pasan de uno o, ya en casos extraordinarios, de dos. Los padres, ya mayores o jubilados, se encuentran con unos “ocupas” legales que son sus propios hijos, que se resisten a irse de casa... hasta por Navidad.
La economía tiene sus propias leyes, y el mercado, y todo ese complejo mundo. Pero también es cierto que “corresponde a la autoridad pública evitar que alguien abuse de la propiedad privada en contra del bien común” (Gaudium et spes, 71). Cuando la propiedad privada – o el mercado, o la economía – olvida su carácter social, que se funda en el destino común de los bienes, surgen, normalmente, graves perturbaciones.
Dicen algunos que vivimos en un país endeudado, más pendiente de las oscilaciones del Euribor que una zona desértica del agua. Desde altas instancias se ha aconsejado prudencia a la hora de hipotecarse. Pero sólo con consejos no se avanza demasiado.
Quizá ha llegado el momento de que instituciones políticas, sociales y empresariales reflexionen sobre este asunto. Y no me parecería mal que el Gobierno dispusiese alguna medida legal que contribuyese a que el acceso a la vivienda fuese, en la práctica, un derecho que pueda ser ejercido.
Guillermo Juan Morado.
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