El amor humano
02.09.07 @ 14:40:56. Archivado en Mditación
El cántico del amor de Dios al hombre contempla también el amor humano en sus múltiples expresiones naturales y religiosas. El amor natural evidentemente está inserto en Dios y en su Palabra; este amor es vivido en su esfera natural de la familia, de la amistad, la entrega y la solidaridad. El amor humano se presenta como un bien inconmensurable, la fuente de la vida y de la felicidad, porque es una chispa que salta del corazón de la Santísima Trinidad y conforma con su calor todo el desarrollo de la vida humana.
Pero no to¬das las manifestaciones concretas del amor humano implican gozo y felicidad, no siempre se trata de la actitud nobilísima de la apertura y del don de sí a otra perso¬na; algunas veces los términos exa-minados indican placer, erotismo, pasión carnal, y, por tanto, egoísmo, el amor al mundo y a sus concupiscencias. Qohélet estig¬matiza: el que ama esas rea¬lidades, nunca se ve pagado (Qo 5,9). El sabio anónimo del libro de los Proverbios sentencia: "Estará en la miseria el que ama el placer, el que ama el vino y los perfumes no se enriquecerá" (Prov 21,17). Por su par¬te, el Sirácida declara que el amor al oro es fuente de injusticia, y, por tan¬to, de perdición (Si 31,5).
Esa búsque¬da ávida de las realidades mundanas, para fomentar el egoísmo, impide la adhesión al Dios del amor: "No améis al mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, las pasiones carnales, el ansia de las cosas y la arrogancia, no provienen del Padre, sino del mundo. El mundo pasa y, con él, su concupiscencia, pero el que hace la voluntad del Padre, que está en los cielos, permanece eternamente" (1 Jn 2,15-17).
La literatura sapiencial
La literatura sapiencial presenta el amor como fuente de alegría y de felicidad. La si¬guiente sentencia es muy significativa a este propósito: "Más vale una ración de verduras con amor que buey cebado con odio" (Prov 15,17).
El secreto de la felicidad hu¬mana radica en el amor, y no en la abundancia de bienes, en la riqueza o en el poder; por esta razón se decla¬ra bienaventurados a aquellos que mueren en el amor (Si 48,11).
Camilo Valverde
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