Palomas en la Basílica
27.07.07 @ 21:48:15. Archivado en Poemas
Las palomas vuelan y ríen,
suben y bajan,
arrullan y aman;
nunca olvidan la Basílica,
en la vidrieras cantan maitines.
No hilan, ni siembran, ni recolectan.
Siempre su mesa está bien puesta
del maná de las bodas
y de las manitas infantiles.
Siempre su vestido, planchado y limpio,
Siempre el aire, sin atascos, provisto,
Siempre tienen su nido,
sus hijos en casa
y su cornisa llana.
Rezan a solas en su intimidad.
No saben de patrias,
de lenguas ni naciones,
su frontera es la brisa
y la amistad.
No indagan amores interpuestos.
No se cansan de sus hijos
ni los enseñan a comer,
simplemente picotean con habilidad.
No ponen un pico a este
y otro a aquel.
No discuten por molestias del vecino.
No hablan del frío ni del calor.
No llaman por teléfono.
No tienen deneí, ni seguridad social.
No les duele la cabeza
ni van a la tienda.
Se contentan con su trabajo y su sol.
Les basta su amanecer y su anochecer.
Viven alegres su rama verde
y toman su agua sin más sabor
que la pureza natural.
Son amigas, se visitan, se cantan,
se hablan y se arrullan;
y saludan al viento y a la lluvia
y aplauden el alba y el crepúsculo.
Si enferman se callan
y olvidan el entierro.
Dejan que los tenues dedos de las nubes
escriban su epitafio
y abran su tumba.
Camilo Valverde Mudarra
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El odio y la envidia le hacen tildar de baldíos los profundos y correctos artículos de ese hombre al que critica.
No ofende el que quiere, sino el que puede.
Ya te conocemos D. Piíto.
Son tres cabrones, hijos de prostíbulo de padre satánico. Tienen la cabeza infesta de basura maloliente de la cloaca, de la que proceden.
Seguro que son seminaristas expulsados, infestados del virus del resentimiento, que los mandaron al infierno cuando descubrieron su lengua de serpiente y sus formas diabólicas; tres pobres cabritos con el cerebro vacío y bien lavado por las lecciones comunistas.
Inútiles envidiosos, cobardes, maricas menguados que esconden su veneno en las faldas anónimas de su p. madre. Y analfabetos que ni saben escribir ni expresar nada.
Hijos del infierno, id con los de tal calaña. Aquí nadie los llama.
Y, en su inculta osadía, nombran a D. Camilo, sin saber quién es. Hasta nunca.
Eladio López
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