
31.07.07 @ 17:07:51. Archivado en Mditación
Camilo VALVERDE MUDARRA
El Apocalipsis surge en la segunda mitad del siglo primero, cuando el cristianismo iba consolidándose entre dificultades; es una revelación a la Iglesia para que entienda su sentido histórico; de una historia en la que ya está presente Cristo resucitado pero en la que se han desencadenado las fuerzas del mal por medio de las potencias humanas. El Apocalipsis de Juan, en su pensamiento más fundamental, es una reinterpretación y cristianización del Apocalipsis de Daniel, especialmente en el pasaje de las cuatro Bestias. El cuarto imperio de Daniel, referido entonces a los Seléucidas y a Antíoco Epífanes, fue reinterpretado, habiendo ya perdido el poder Siria, y pasado al Imperio Romano, la nueva potencia en escena. Esta reinterpretación aparece por primera vez en la Asunción de Moisés (del 7 al 30 después de C.). El autor del Apocalipsis pretendía sostener, lo mismo que el autor del Libro de Daniel, los ánimos de los perseguidos
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29.07.07 @ 18:41:42. Archivado en Santos
El Maestro Jordán de Sajonia, primer sucesor de Santo Domingo en el Generalato de la Orden, nos transmite un retrato espiritual de Domingo, lleno de afecto y sencillez:
“Por lo demás, lo que es de mayor esplendor y magnificencia que los milagros, estaba adornado de costumbres tan limpias, dominado por tal ímpetu de fervor divino, que revelaban plenamente en él un vaso de honor y de gracia, un vaso guarnecido de toda suerte de piedras preciosas.
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29.07.07 @ 18:26:13. Archivado en Mditación
Domingo XVII T. Ordinario. Ciclo C
Gn18,20-32; Sal 137,1-3.6-8; Col 2,12-14; Lc 11,1-13
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos»
Él les dijo: «Cuando oréis decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos dejes caer en la tentación»
Y les dijo: —«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido…
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27.07.07 @ 21:48:15. Archivado en Poemas
Las palomas vuelan y ríen,
suben y bajan,
arrullan y aman;
nunca olvidan la Basílica,
en la vidrieras cantan maitines.
No hilan, ni siembran, ni recolectan.
Siempre su mesa está bien puesta
del maná de las bodas
y de las manitas infantiles.
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27.07.07 @ 21:46:51. Archivado en Educación
Camilo Valverde Mudarra
En los distintos libros inspirados, se encuentran hombres y mujeres ejemplares y nefastos, e intentar ponerlos en el fiel de la balanza con el objeto de repasar y examinar sus actos, tal vez fuera tan enfadoso y ridículo como prolijo.
En el pueblo hebreo, las mujeres recibían un trato más respetuoso y digno que en las otras civilizaciones antiguas.
No obstante, hay que señalar que el ambiente cultural, en el que gravita la Biblia, limita los valores y derechos de la mujer (Núm 5,11-28; 27,1-11; Dt 24,1; Si 42,9-14). Está sometida al padre; casada, al marido y si enviuda, depende de los hijos; no puede heredar al padre ni al marido, salvo en defecto de los hijos varones (Núm 27,1-11); ni siquiera hacer voto ni cumplirlo sin el conocimiento del esposo (Núm 30,7-16; Ex 21,7-11).
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26.07.07 @ 18:24:09. Archivado en Educación
sino que siguiendo la verdad en amor,
crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
(Efesios 4:15).
y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
(2ª Tesalonicenses 2:10).
Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;
(1ª Pedro 1:22).
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25.07.07 @ 21:39:53. Archivado en Educación
Camilo Valverde Mudarra
¿Qué significado tiene la expresión de que hay que hacerse como niños, esa idea que, en la historia de la espiritualidad, se ha llamado "la infancia espiritual"? Es posible que no haga referencia a la adquisición del estado de virtud, pues el niño no ha alcanzado tales estadios y ni siquiera es capaz aún de ponerla en práctica; es, más bien, veleidoso, inestable, inconsistente que deja llevar por el instinto; es voluble, tornadizo, gira acá y allá, va y viene al aire que sopla; es un caprichoso, lo mismo ríe que llora, obedece que desobedece, lo mismo toma pataletas que saltos de alegría. Hay que estar siempre a su lado, enseñándole y corrigiéndolo. ¿Qué santidad, por tanto, puede suponer hacerse como niño?
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25.07.07 @ 21:38:41. Archivado en Educación
Camilo Valverde Mudarra
Téngase presente que, en el pasado, los niños se contaban en el círculo de los excluidos, de los que socialmente no gozaban de consideración, estaban entre los olvidados. Por su parte, el Evangelio, situándolos entre los primeros, entre los preferidos del Señor, entre los que más cuentan, se coloca abiertamente al lado de los niños. Ciertamente, los niños representan el verdadero discípulo de Jesucristo; ellos presencializan el mensaje evangélico, son receptores del corazón de Jesús e, igual que lo hizo con los pobres, quiso también identificarse con los niños: "El que acoge a un niño, me acoge a mí" (Mt 18,15). Porque Cristo está en el que es pequeño, limpio, abierto, dispuesto; vive en el débil, en el oprimido y en el desvalido.
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23.07.07 @ 20:52:35. Archivado en Mditación
Domingo XVI T. Ordinario. Ciclo C
Gn 18,1-10; Sal 14,2-5; Col 1,24-28; Lc 10,38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano»
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán»
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21.07.07 @ 09:00:59. Archivado en Monjas Dominicas
Nuestra hermana Sor Angustias, pasó a la Casa de Nuestro Padre Dios, el día 15 de Julio a las 6, 45 de la tarde, estando todas alrededor de ella. Era las vísperas de la Virgen del Carmen, y Ella la Madre de misericordia, la cogió en sus brazos y se la llevó al cielo. Tuvo una muerte muy santa. Murió como, había vivido toda su vida. En la sencillez, en la paz y sin hacerse notar.
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17.07.07 @ 15:52:58. Archivado en Monjas Dominicas
Seguir construyendo Iglesia, desde la vocación contemplativa
Cuando se acercaba el Concilio a su término, escribió Pablo VI la Encíclica Ecclesiam Suam. Fue un documento apostólico dedicado al diá¬logo. Confesaba el Papa que se sentía alegre y confortado al observar que este diálogo era una realidad, en el interior de la Iglesia y hacia el exterior. Concluía así: «¡La Iglesia está hoy viva más que nunca! Pero, considerándolo bien, parece que todo está todavía por hacer; el trabajo comienza hoy y nunca acaba. Es ésta la ley de nuestra peregrinación sobre la tierra y en el tiempo. Es éste el deber habitual de nuestro ministerio, al que hoy todo estimula para hacerse nuevo, vigilante, intenso.» (6 de agosto de 1964, n. 110).
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16.07.07 @ 15:50:38. Archivado en Monjas Dominicas
Los conventos de hermanas se extendieron con rapidez por toda Europa. Si nos referimos a la Península ibérica (Cf. Walz, p. 665), además de los dos ya mencionados de Madrid y Santa María del Castro – San Esteban de Gormaz y Santo Domingo de Caleruega, fundan pronto en Zamora (1238), Zaragoza (1300), Santiago de Compostela (1310), Segovia (1350), Barcelona (1351), Toledo (1364), Lisboa (1391), Sevilla (1409), Valladolid (1491). A finales del siglo XVI se contaban ya 33 monasterios en España; después del siglo XVI se construyeron 50 más.
Desde España se extendieron también los monasterios por México. En el siglo XVI se mencionan ya varios en México: Puebla de los Ángeles, Oaxaca, Guadalajara, México, Morelia; en Ecuador, Perú; en los siglos siguientes, varios más en México, Colombia, Cuba, Argentina, Chile.
10.- La vida de las monjas tras la reforma protestante
Los historiadores del pensamiento en nuestra área de civilización concuerdan en señalar que, una de las características de la etapa moderna y contemporánea es precisamente la del Individualismo o Subjetivismo. Por el contrario, una de las características de los tiempos inmediatamente anteriores –los de la etapa medieval–, fue la del Corporativismo, o espíritu Comunitario, que marcó con fuerte sello a la comunidad de pueblos de Europa, denominada Cristiandad.
Los tiempos modernos, impregnados de Individualismo, contagiaron también con este polvo los pies de la Iglesia en su caminar por el espacio y el tiempo. Y afectaron, claro está, a la vida religiosa en general, y a la vida contemplativa en particular. Así, Órdenes que nacieron en tiempos de intensa valoración de lo comunitario, fueron sumergiéndose progresivamente en un aislacionismo, que afectó primero a unas comunidades con relación a otras, para incidir después en las monjas de un mismo monasterio con relación a sus hermanas que vivían bajo un techo común.
Por lo que a las dominicas se refiere podemos recordar que Santo Domingo asumió decididamente los valores comunitarios que tan profunda raigambre tenían en el siglo XIII. No quiso llamarse ni que sus hijos se llamaran «monjes», sino «frailes», sus casas no se denominaron «monasteria», sino «conventus»; sus hijas, en las primeras fuentes latinas, se denominaron preferentemente «sorores», y con menos frecuencia «moniales». Impulsó fuertemente la Intercomunicación entre sus frailes y también entre sus hermanas. Cuando el Papa le encargó la reforma de las monjas de Roma en el monasterio de San Sixto, el Santo pidió una bula para que sus frailes y monjas entraran con decisión por los caminos de la solidaridad común. Dicha bula la firmó Honorio III en Civitá Castellana el 17 de diciembre de 1219, y en ella pedía a las monjas de Prulla que estuvieran prontas para dejar su tierra natal y su monasterio de Languedoc, y se dirigieran a Roma cuando Santo Domingo llamara algunas para apoyar la nueva fundación (Cf. V. KOUDELKA, Monumenta diplomatica S. Dominici, Roma, 1966, n. 113. pp. 117-118).
En las Constituciones que dio a las monjas de San Sixto pedía que prometieran estabilidad de lugar, y que no salieran en modo alguno de la casa en que hicieron profesión, a no ser que por causa necesaria fueran trasladadas a otro convento de la misma Orden.
Este espíritu de comunión y de solidaridad se advierte en otras familias religiosas nacidas en aquel momento eclesial. Posteriormente, a finales del siglo XIV, durante todo el siglo XV y parte del XVI, las monjas que se mantuvieron en el área de las Congregaciones de observancia de las diferentes Órdenes, siguieron con esa intercomunicación y ayuda mutua.
El siglo XVI, con sus profundas convulsiones, vino a cambiar sensiblemente las cosas. Los monasterios se vieron cada vez más encerrados en sí mismos, y las monjas cada vez más islotes dentro de su misma comunidad. Y así, con el paso del tiempo se perdió en amplios sectores la práctica de la vida común dentro de los monasterios. De ello ha quedado sobrada constancia en las fuentes literarias y también en los restos monumentales. Todavía hoy se pueden contemplar monasterios que presentan en su edificación casas para las monjas dentro del recinto monástico; en estas casas había no sólo cocina y despensa propia, sino también habitaciones para la criada o criadas. A veces no existían casas propiamente tales, pero sí celdas con su cocina y, arriba o al lado, habitaciones para las criadas.
Así se vivió y se llegó en muchos de nuestros monasterios hasta bien entrado el siglo XIX. No sólo faltaba vida comunitaria entre monasterios de la misma Orden, sino que esa vida comunitaria estaba ausente del recinto propio del monasterio.
En el «Tratado brevísimo y resolutísimo de la obligación en que ponen a las religiosas de Nuestro Padre Santo Domingo el Estado y votos que profesan», editado tras la traducción de las Constituciones de las monjas, Valencia 1626, se advierte que la religiosa debe estar desasida de todo cuanto se le concede para sus necesidades, «de tal manera lo tiene, y posee, que siempre, y cuando su Prelada se lo quitare y lo aplicare a la Comunidad o a otra Religiosa, ni lo tendrá por injusticia, ni se querellará porque se le hace agravio: y mientras lo tuviere, ora sean alhajas, ora dinero, lo gaste y goce con licencia de la Prelada como cosa, cuyo dominio tiene la Comunidad, y ella sólo puede gastarlo así, porque la benignidad de la Religión se lo concede, aunque se lo hayan dado sus Padres, y deudos, y sea hacienda de su quinto Abuelo. De manera que siempre que no hubiere esta disposición de ánimo, y voluntad, dependiente en todo, y por todo de sus Prelados, que en todo lo que tiene, puedan hacer, y deshacer a su albedrío...».
Un poco más adelante se dice: «Los Monasterios tan pobres, que no acuden, a todo lo que la Religiosa con una medianía ha menester, o porque está introducido no acudir; supuesta la preparación de ánimo que se ha dicho, y el desasimiento del corazón al dominio de las cosas, que se conceden a uso, y la dependencia en orden a administrarlas sus Preladas, atento todo esto, es justa la permisión, de que tengan las Religiosas rentas particulares dejadas en sus testamentos, o por sus deudos, etc. Y el usar de ellas, con licencia de sus Prelados, y Superiores, no es contra el Voto de la Pobreza; aunque sería más perfección, que la Comunidad incorporase en sí estas rentas, y atendiese a las necesidades de las Religiosas; y con esta orden ellas vacasen más a Dios, a la Oración, al Coro, y a labrar para la Comunidad. Pero al fin, ya que no es así, despegue el corazón la perfecta Religiosa de las rentas, que goza, y coma, y vista de ellas, con licencia de la Prelada: pero haga consideración, que come de limosna, y de lo que no es suyo, sino que la Comunidad se lo da (pues en rigor de la Comunidad es) y por amor de Dios, y de la santa Pobreza (riqueza, y herencia de Nuestro Padre Santo Domingo) que no haya más amor y asimiento, a lo que se nos concede permisivamente, del que, si fuera ajeno, como en realidad lo es; que esto de llamar nuestro, y no mío, no ha de parar en sólo decirlo con la boca, y con el corazón tenerse la Religiosa por señora absoluta de lo que se le concede, y permite gozar» (pp. 237-242.)
El siglo XIX fue un tiempo de exclaustraciones, de leyes civiles que suprimieron, y fusionaron monasterios, tiempo de prohibiciones de ingresos en las comunidades de monjas –los permisos para tales ingresos tenían que llegar del ministerio de Gracia y Justicia–. Pero el siglo XIX contempló también generosos y clarividentes esfuerzos de renovación: fue época en que se impulsó fuertemente fa vida común de los monasterios. De ello se preocuparon los obispos, los religiosos exclaustrados y, claro está, las monjas.
A la hora del Concilio Vaticano I, sin embargo, quedaba todavía un largo camino por recorrer. El Cabildo metropolitano de Zaragoza, por ejemplo, escribía refiriéndose a los monasterios de clausura, que la perfección en el seguimiento del espíritu genuino de los fundadores, sólo se lograría a partir del estricto cumplimiento de las reglas de cada Orden o comunidad. Por eso veían necesario que desapareciera toda corruptela que con el tiempo se hubiera introducido. Estimaban que convenía promover sobre todo la vida común. Y decían textualmente: «[La vida común] es origen fecundo de sentimientos generosos, de hábitos de desprendimiento y mutuo auxilio, de estrechos lazos de amor y caridad, no menos que de grandes recursos da economía y tranquilizador desahogo en las casas religiosas».
Estas palabras del cabildo de Zaragoza en 1869 las subscribía el Arzobispo Cardenal García y Gil, quien, añadía que la vida común es esencial a la vida religiosa, y que a la hora de la profesión se podría exigir compromiso de cumplirla, siempre que los superiores tuvieran a bien establecerla en las casas en que no se observara.
En la fase previa a la celebración del Concilio Vaticano I los obispos españoles comprobaban que las monjas y religiosas existentes hasta entonces habían sufrido graves quebrantos, por las supresiones que les afectaron, reducción y fusión de comunidades –fusiones que se hacían, a veces, con miembros de diferentes Órdenes bajo un mismo techo–, y trabas que les ponían los Gobiernos para recibir novicias o admitir a la profesión. Refiriéndose a las monjas, casi todos los Obispos aseguraban que dejaban bastante que desear en disciplina regular. Si exceptuamos al Obispo de Vic, los demás denunciaban que, en los monasterios, no se practicaba la vida común.
Algunos señalaban, como aspectos por mejorar, la observancia de la clausura, –sabido es que las monjas se pierden por los locutorios–, apostillaba el Arzobispo de Zaragoza. Sólo el Obispo de Vic apuntaba a la formación de las monjas. En su opinión, las comunidades reducidas no ofrecían un espacio adecuado para los noviciados, en especial por la dificultad de hallar buenas maestras. Ofrecía como solución, un Noviciado común para cada provincia eclesiástica y Orden, y que las formandas salieran de allí a profesar en el monasterio de su elección. Varios Obispos eran partidarios de alargar el tiempo del Noviciado, y que las monjas hicieran la profesión solemne, en determinada edad, y después de cierto tiempo de votos simples.
10.- El movimiento orientado a la supresión de la figura de la monja autónoma en el monasterio autónomo, ha conducido lentamente a la fórmula de establecer lazos de comunión entre los monasterios autónomos. Hay que reconocer que el período de las Federaciones ha estado precedido por un tiempo de preparación, más o menos largo.
Pío XII detectó esta corriente de vida en la Iglesia y no dudó en darle cauce apropiado, convencido, sin duda, de que se iría ampliando y perfeccionando con el tiempo. Los postulados de renovación del Concilio Vaticano II, que han urgido a la vuelta constante a las fuentes de la vida cristiana y de la propia vida religiosa, han hecho descubrir con mayor claridad los lazos de la vida común, mucho más intensos y comprometedores de lo que se podía sospechar con un conocimiento deficiente de la historia.
Consideramos que las Federaciones son un movimiento en marcha perfectamente legitimado, al que hay que dejar seguir su curso y secundar también el impulso que le imprime el Espíritu, verdadera alma del Cuerpo Místico de Cristo y, por tanto, de esta parte tan importante del mismo que es la vida religiosa contemplativa.
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15.07.07 @ 15:48:04. Archivado en Monjas Dominicas
Humberto de Románs, siendo provincial de Francia, redactó en 1250 unas Constituciones para las monjas de Montargis, recibidas bajo la jurisdicción de la Orden. Siendo ya Maestro de la Orden redactó un texto en 1257, que se promulgó en el capítulo general de 1259. Tomó como base las Constituciones de los frailes. Estas Constituciones, con algunas modificaciones, permanecieron en vigor hasta 1929, es decir hasta la adaptación al Código de Derecho Canónico promulgado por Benedicto XV en 1917. (Cf. A. Duval, DHGE, T. XVIII, cols. 1410-1421).
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14.07.07 @ 15:45:28. Archivado en Monjas Dominicas
A partir de documentos fidedignos es cierto que en 1229 —ocho años después de la muerte de Santo Domingo— había un convento de dominicas —de dueñas de la Orden de Predicadores, se decía— en la importante población medieval de San Esteban de Gormaz, a orillas del río Duero, y a una docena de kilómetros de Burgo de Osma. Este monasterio se denominaba de Santa María de Castro.
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13.07.07 @ 17:08:39. Archivado en Educación
Los abuelos son refugio, abrazo y cariño; el nieto recibe la experiencia y sabiduría fundadas en la larga andadura que los años le fueron descubriendo y, sintiendo su amparo y seguridad, el niño los admira y respeta con unción. Su espíritu abierto va sabiéndose en sus propias reacciones, vástago de aquella raíz de la que él procede a través de sus padres.
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13.07.07 @ 17:07:30. Archivado en Poemas
El que hace la voluntad de mi Padre,
ese es mi hermano y mi madre (Mt 12,50).
Sus manos son pistilos color rosa.
Sus pupilas de azul agua marina.
Su mejillas de espuma y mar salina.
Su silencio es palabra misteriosa.
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Santo Domingo echó las bases de la fundación de hermanas en Madrid en su viaje a España, de finales de 1218 y comienzos de 1219.
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12.07.07 @ 15:41:26. Archivado en Monjas Dominicas
La vida en San Sixto se organiza, como se cree que había sucedido en Prulla, en Toulouse y en Madrid, a partir de la regla de San Agustín y, es muy probable, que tuvieran muy parecidas consuetudines, costumbres, o «constituciones» que aquellos conventos. Ha llegado hasta nosotros la llamada regla de San Sixto, pero no han llegado las que pudieran tener las de Francia o España. Es de suponer que santo Domingo trasladara a la regla de San Sixto una buena parte de cuanto reglamentaba la vida de sus hermanas hasta entonces, pero se mostró receptivo a otras disposiciones que procedían, por ejemplo, de la regla de San Benito o de los canónigos de Sempringham, en los que había puesto el Papa Inocencio la esperanza de que renovaran la vida religiosa femenina en San Sixto. Pero en la regla de San Sixto se proyecta con claridad la fisonomía de santo Domingo como animador de una vida religiosa renovada y abierta siempre a la renovación.
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El Papa Inocencio III había proyectado reunir en un monasterio a gran parte de las monjas de Roma. Este Papa había reconstruido la antigua basílica de San Sixto, que databa del siglo V. Alrededor de 1208, emprendió también la edificación de un monasterio al lado de la iglesia, para agrupar allí en estricta clausura a las monjas romanas. La basílica estaba confiada por el Papa a los canónigos regulares de Sempringham, fundados por San Gilberto, a quien Inocencio III canonizó en 1202. La servían por medio de un canónigo. Cuando murió este gran Papa en Perusa, el 16 de julio de 1216, las obras de la iglesia y del monasterio de San Sixto estaban muy adelantadas, pero no del todo acabadas.
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10.07.07 @ 15:35:09. Archivado en Monjas Dominicas
Domingo, muerto el Obispo Diego, recogió plenamente su herencia en cuanto a la «Santa Predicación de Jesucristo» se refiere, y también en cuanto a la institución o fundación de Prulla. Ten un cuidado muy especial de esta comunidad religiosa, en que intervino desde los primeros momentos. Una preparación llevaba a la región del Languedoc desde el reino de Castilla. Aunque no hay constancia documental bien puede afirmarse que tuvieron desde el primer momento la regla de San Agustín como base; era la que habían profesado en Osma Diego y Domingo.
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09.07.07 @ 15:31:22. Archivado en Monjas Dominicas
No cabe duda que, para descubrir los cimientos que puso Santo Domingo para la construcción de su Orden hay que fijar la atención, en primer lugar, en Prulla, en el Monasterio de Santa María de Prulla.
¡Tantas veces hemos oído ponderar, tantas veces hemos leído también acerca de la importancia que tiene Prulla para la Orden dominicana! Así se ha considerado siempre y así lo consideramos al presente. En estos mismos días se ha hecho presente en aquel lugar el Maestro de la Orden, con su consejo general, y con las diversas comisiones y consejos que tratan de impulsar parcelas importantes de la vida de la Orden; ha estado, asimismo, la comisión de monjas que entiende en temas que afectan a la vida contemplativa dominicana.
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Domingo XIV T. Ordinario. Ciclo C
Is 66,10-14c; Sal 65,1-5.16.29; Gál 6,14-18; Lc 10,1-12.17-20
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando, como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, se posará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios". Pero en el pueblo que entréis y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios".
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08.07.07 @ 12:04:02. Archivado en Eucaristía
Camilo Valverde Mudarra
Jesucristo trae el reino de los humildes, no es un reino de ricos, ni de grandes y poderosos. Es una concepción distinta. En el reino de Dios, los parámetros son muy diferentes a los concebidos en este mundo de los hombres:
"El que se haga pequeño, como un niño, es el más grande en el reino de Dios" (Mt 18, 4).
Los últimos son los primeros. Por eso Jesucristo, que es el primero, se hizo el último, se hizo la nada, un nadie (Flp 2,7), para hacer algo -para hacer mucho- al que es nadie y pequeño. Y por eso, San Pablo se llamaba a sí mismo "el menor" (elajistos), "el más insignificante" (elajistoi) (Ef 3, 8) y San Francisco de Asís, el evangelio viviente, era "el mínimo", el padre de una comunidad de mínimos, que eligió la "minoría" como signo y distintivo de los frailes menores.
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08.07.07 @ 12:02:33. Archivado en Educación
Camilo Valverde Mudarra
Un niño es una persona, un ser humano joven, que no es adulto, que no ha llegado a la pubertad. Los pequeños se van desarrollando físicamente, hasta alcanzar la madurez psíquica a lo largo de dos décadas, en que adquieren el control moral de sus actos. En el seno familiar, el término designa un hijo.
El niño es, según la legislación, una persona en condiciones especiales de desenvolvimiento, que debe ser tratada como sujeto de derechos legítimos e indivisibles y que demanda atención prioritaria por parte de la sociedad, la familia y el Estado.
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05.07.07 @ 10:59:44. Archivado en Eucaristía
Camilo Valverde Mudarra
Un niño es una persona, un ser humano joven, que no es adulto, que no ha llegado a la pubertad. Los pequeños se van desarrollando físicamente, hasta alcanzar la madurez psíquica a lo largo de dos décadas, en que adquieren el control moral de sus actos. En el seno familiar, el término designa un hijo.
El niño es, según la legislación, una persona en condiciones especiales de desenvolvimiento, que debe ser tratada como sujeto de derechos legítimos e indivisibles y que demanda atención prioritaria por parte de la sociedad, la familia y el Estado.
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03.07.07 @ 18:09:29. Archivado en Monjas Dominicas
Nuestro Monasterio de la Encarnación, en Alcalá la Real (Jaén) tiene una historia de cuatrocientos diecinueve años en esta hermosa tierra andaluza, aquí en un pequeño, pero espacioso cenobio, cinco religiosas de la Orden de predicadores seguimos dando ejemplo de constancia, servicio, amor a los demás y a la ciudad que los acoge.
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02.07.07 @ 18:08:20. Archivado en Educación
Camilo Valverde Mudarra
Desde antiguo, en diferentes culturas, era costumbre concertar el matrimonio por decisión patriarcal, anteponiendo razones sociales, políticas y económicas al aserto y al conocimiento de los jóvenes. No se les había consultado, ni se habían visto antes de la boda. Los apetitos naturales por el cauce normal del instinto lograrían, con el auxilio del tiempo, el brote del sentimiento y del afecto. Este acuerdo cobraba validez moral sólo en el momento en que los contrayentes daban su consentimiento sin coacción ni miedo alguno y se tenía la certeza de que surgiría el amor mutuo entre los esposos.
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